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Pregunta

¿Quiénes son los muchos que vendrán del oriente y del occidente (Mateo 8:11)?

Respuesta


Tras recorrer Galilea, enseñando y sanando a los enfermos, Jesús llegó a Capernaúm. Allí, un centurión romano le pidió ayuda para su siervo paralítico. Jesús quedó impresionado por la incomparable fe del centurión y dijo a Sus discípulos: "En verdad les digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande. Y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes" (Mateo 8:10–12).

El centurión era un gentil, lo que significa que no era judío y no procedía de la nación de Israel. Los gentiles eran cualquiera que no formara parte del pueblo del pacto de Dios. Sorprendentemente, Jesús afirma que, entre los judíos, no había encontrado a nadie con tanta fe como este soldado gentil. Jesús había visto una "gran fe" similar en la mujer sirofenicia, otra gentil, a cuya hija liberó de un demonio (Mateo 15:2–28). Pero entre Su propio pueblo, los judíos, Muchas veces Jesús "estaba asombrado de su incredulidad" (Marcos 6:6, NTV). En numerosas ocasiones, preguntó a Sus propios seguidores y a Sus compatriotas judíos por qué tenían tan poca fe (ver Mateo 6:30; 8:26; 14:31; 16:8).

Aquí, en Mateo 8, Jesús da una indicación temprana de que, en su mayor parte, el pueblo judío no creería en Él ni lo aceptaría como su Mesías tan esperado, sin embargo, los gentiles lo recibirían como Salvador. Los "muchos" son gentiles que "vendrán de todas partes del mundo—del oriente y del occidente—y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en la fiesta del reino del cielo" (Mateo 8:11, NTV). Pero los "israelitas—para quienes se preparó el reino—serán arrojados a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes" (Mateo 8:12, NTV).

En las Escrituras, "oriente y occidente" es una expresión que no se refiere simplemente a direcciones geográficas opuestas, sino que representa los confines de la tierra o todos los lugares de la tierra (ver Salmos 50:1; 103:12; 107:3; 113:3; Isaías 43:5–6; Malaquías 1:11). El banquete en el cielo simboliza el gozo pleno del reino eterno de Dios, donde todos los creyentes se sentarán a la mesa junto con los grandes patriarcas de la fe: Abraham, Isaac y Jacob.

Jesús anticipaba el día en que muchas personas de todo el mundo se convertirían en Sus seguidores. Sin embargo, estratégicamente ministró primero a los judíos (ver Romanos 1:16), ya que estos se encontraban en una posición única y estaban equipados con la Palabra de Dios para recibir y comprender a Jesús. Potencialmente, podrían haber sido el principal vehículo de Dios para compartir el mensaje de Cristo con el mundo.

Los judíos estaban familiarizados con las profecías del Antiguo Testamento acerca de una gran reunión multinacional en los últimos tiempos, en la que judíos y gentiles de todo el mundo compartirían el banquete mesiánico con Abraham, Isaac y Jacob (ver Isaías 2:1–22; 49:6; 59:19; 60:3–4; Miqueas 4:1–2; Zacarías 8:20–23; Malaquías 1:11; cf. Mateo 22:1–14). Jesús había dicho a Sus discípulos judíos: "Además, tengo otras ovejas que no están en este redil, también las debo traer. Ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor" (Juan 10:16, NTV).

La visión del Señor de "vendrán muchos del oriente y del occidente" se ve reforzada por su Gran Misión de ir y hacer discípulos de todas las naciones y de difundir Su mensaje desde Jerusalén hasta los confines de la tierra (Mateo 28:19; Hechos 1:8). El libro de Apocalipsis describe en última instancia el cumplimiento de Mateo 8:11, mostrando "una enorme multitud de todo pueblo y toda nación, tribu y lengua, que era tan numerosa que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono" adorando a Dios (Apocalipsis 7:9, NTV). En Apocalipsis 19:6–10, las multitudes de personas redimidas vienen del oriente y del occidente para participar en un suntuoso banquete llamado "las bodas del Cordero" (NTV).

El hecho de que muchos vendrán del oriente y del occidente al reino eterno de Dios resalta la naturaleza inclusiva y universal de la misión de Jesucristo. El mensaje de salvación es para todos. Todas las personas, independientemente de su origen, nacionalidad, idioma o raza, son bienvenidas a cenar en la mesa del Señor.

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