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Pregunta

¿Cómo estamos llamados a ejercer nuestra libertad en Cristo (Gálatas 5:13)?

Respuesta


En Gálatas 5:1–15, el apóstol Pablo establece la libertad del creyente en Cristo: los cristianos son justificados únicamente por la fe y liberados de las ataduras del legalismo religioso y de la carga de la culpa y la vergüenza. El objetivo de nuestra libertad no tiene nada que ver con el egoísmo: "Porque ustedes, hermanos, a libertad fueron llamados; solo que no usen la libertad como pretexto para la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros" (Gálatas 5:13).

Pablo quiere que los creyentes comprendan que la libertad en Cristo no nos da permiso para pecar ni para perseguir nuestros propios intereses. No debemos utilizar nuestra libertad cristiana como una oportunidad para la indulgencia egoísta, la autonomía personal o para satisfacer nuestros deseos carnales. En cambio, estamos llamados a ser libres con un único propósito: servir a los demás con humildad y amor.

La libertad que se encuentra en la fe es una vida guiada por el Espíritu Santo (Gálatas 5:5, 16–18, 22–26). Las leyes externas son impotentes para ayudarnos a vencer el pecado. Pero el Espíritu que mora en nosotros trae la disciplina interior de Dios, que es mucho más eficaz que la presión externa de las normas y reglamentos humanos.

Para experimentar verdaderamente la libertad en Cristo, debemos "andar en el Espíritu" (Gálatas 5:16) y ser "guiados por el Espíritu" (Gálatas 5:18). A medida que dependemos del Espíritu Santo y nos sometemos a Su guía, comenzamos a producir frutos espirituales de "amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio" en nuestras vidas (Gálatas 5:22–23, NTV). Ya no estamos "dominados por la naturaleza pecaminosa", que "lleva a la muerte", sino "controlados por el Espíritu Santo", que nos "lleva a la vida y a la paz" (Romanos 8:4–6, NTV).

Jesús da un giro radical a las ideas convencionales sobre la libertad. Invita a Sus seguidores a vivir su llamado a la libertad mediante actos de amor y servicio, tal como Él lo hizo: "Él puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos" (1 Juan 3:16; véase también Mateo 20:28; Juan 13:12–17, 34; Filipenses 2:5–8). La libertad cristiana se expresa mejor en el sacrificio, la entrega y la compasión. El amor se convierte en nuestro principio rector, sustituyendo a las normas y reglamentos, pero cumpliendo la esencia y la intención más profunda de la ley.

Pablo explica: "Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5:14; véase también Mateo 22:39–40; Santiago 2:8). En Romanos 13:8–10, Pablo expone: "No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios...El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios" (NTV).

Los cristianos están llamados a ser libres, pero esta libertad conlleva una responsabilidad. Pablo dijo a los romanos: "pero ahora quedaron libres del poder del pecado y se han hecho esclavos de Dios. Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan como resultado la vida eterna" (Romanos 6:22, NTV). Hemos sido perdonados y liberados de la condenación y el dominio del pecado. Ahora, debemos vivir "como libres, pero no [usar] la libertad como pretexto para la maldad, sino [emplearla] como siervos de Dios" (1 Pedro 2:16). Como siervos de Dios, aprovechamos cada oportunidad para edificar a los demás (Romanos 14:19; 15:2; Hebreos 10:24; Efesios 4:15–16, 29; 1 Tesalonicenses 5:11), damos generosamente (Hebreos 13:16; 1 Juan 3:17–18), servimos con humildad (Filipenses 2:3–4) y cuidamos de las personas con compasión (1 Pedro 3:8; Colosenses 3:12; Efesios 4:32). Al hacerlo, revelamos que la mayor expresión de libertad se encuentra en amar y servir a los demás.

¿Cómo estamos llamados a ser libres? Dejando que la libertad y la responsabilidad vayan de la mano. Comprendiendo que el amor es el fruto natural de nuestra libertad en Cristo. "Servirnos unos a otros con humildad en el amor" es la medida con la que demostramos esa libertad. Donde hay amor, se manifiesta la libertad en Cristo (Juan 13:35; 1 Juan 3:18). Si no amamos, no tenemos fe (véase Gálatas 5:6; 1 Juan 4:7–8, 20–21; Santiago 2:14–17).

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