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Pregunta

¿Cómo podemos vivir en paz con todos (Hebreos 12:14)?

Respuesta


Hebreos 12 fue escrito para ayudar a los creyentes a perseverar y no desanimarse ante las pruebas dolorosas. Aprendemos que Jesús es nuestro ejemplo en estos tiempos difíciles (ver los versículos 2-3) y que Dios permite que pasen esos momentos para disciplinarnos y formarnos como hijos Suyos (versículos 5-11). Luego, en los versículos 12-17, el escritor de las Escrituras llama a los creyentes a renovar su vitalidad espiritual y su preocupación por los demás: "Por tanto, fortalezcan las manos débiles y las rodillas que flaquean, y hagan sendas derechas para sus pies...Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (versículos 12-14).

Vivir en paz con todos y ser santos son dos buenos indicadores de que estamos siguiendo las sendas derechas que Jesús nos mostró. Pero, ¿cómo vivimos en paz con todos? Debemos mirar siempre la vida de Cristo para discernir el camino. Como nuestro Sumo Sacerdote perfecto, Jesús es el Rey de la Paz y la Justicia (ver Hebreos 7:1-28). Él nos ha dado la responsabilidad de mantener la paz en nuestras relaciones con los demás.

En las primeras bienaventuranzas del famoso Sermón del Monte de Cristo, Jesús dijo: "Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9, NTV). Como hijos e hijas de Dios, estamos llamados, al igual que Jesús, a ser pacificadores: "sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia" (Santiago 3:18, NTV).

Vivir en paz con todos requiere autodisciplina. El término griego traducido como "Busquen" conlleva la idea de un esfuerzo intenso y una vigilancia constante en la búsqueda de algo. No deben dejar piedra sin remover en su búsqueda de la paz.

A veces, tendemos a centrarnos en nosotros mismos cuando Dios nos disciplina a través de una prueba dolorosa. Olvidamos considerar las necesidades y preocupaciones de los demás. Mantener la unidad y vivir en paz son lo último en lo que pensamos. Pero estos son precisamente los momentos en los que necesitamos mirar más allá de nosotros mismos y "procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua" (Romanos 14:19).

Para vivir en paz con todos, debemos depender del poder del Espíritu Santo (Gálatas 5:22; Romanos 8:6; 14:17; 15:13; Efesios 4:3). Debemos permitir que el Espíritu de Dios desarrolle en nosotros una actitud de sacrificio y humildad (Filipenses 2:3). Equipados con estas virtudes, podemos: "[Amémonos] unos a otros con un afecto genuino y [deleitémonos] al [honrarnos] mutuamente" (Romanos 12:10, NTV). Podemos dejar a un lado nuestras ambiciones egoístas y amar a los demás, incluso a nuestros enemigos, como lo hizo Cristo (ver Lucas 6:35). Podemos orar, como Pablo: "Que Dios, quien da esa paciencia y ese ánimo, los ayude a vivir en plena armonía unos con otros, como corresponde a los seguidores de Cristo Jesús" (Romanos 15:5, NTV).

Hacer todo lo posible por vivir en paz con los incrédulos requiere un amor genuino y cristiano, tal y como lo describe Pablo en Romanos 12:17-21: no devolver nunca el mal con más mal; no vengarse nunca, sino dejar la venganza en manos de Dios; tener compasión de nuestros enemigos; darles de comer cuando tengan hambre; darles de beber cuando tengan sed; perdonarlos cuando nos hieran. Por último, "no dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien" (versículo 21, NTV).

Si nos cuesta mantener la paz con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, debemos recordar que somos "miembros de un mismo cuerpo...llamados a vivir en paz" (Colosenses 3:15, NTV; ver también 1 Corintios 12:12-25). Dios ha colocado cada parte del cuerpo maravillosamente diverso de Cristo en el lugar exacto donde Él quiere, "a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros" (1 Corintios 12:25). Sabiendo que "cada miembro pertenece a todos los demás" (Romanos 12:5) y que todos somos una familia en Cristo, ¿cómo no vamos a esforzarnos por lograr la armonía, la unidad y la paz?

Hacer todo lo posible por vivir en paz con todos no siempre será fácil, pero es un imperativo bíblico que debemos obedecer para la gloria y el honor de Dios y Su iglesia. Ya sea que hayamos sido ofendidos o hayamos ofendido a otro, Jesús nos llama a dar el primer paso para restaurar la paz en nuestras relaciones (ver Mateo 5:23-24; 6:14-15; 18:15; Marcos 11:25). Dejar sin resolver un conflicto con otro creyente es un pecado que hay que confesar y resolver.

Vivir en paz con todos es un objetivo indispensable en la vida del creyente. Siempre debemos "[apartarnos] del mal y [hacer] el bien; [buscar] la paz y [esforzarnos] por mantenerla" (Salmo 34:14, NTV).

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