Pregunta
¿Qué significa que debemos desear ardientemente los mejores dones (1 Corintios 12:31)?
Respuesta
Después de enseñar extensamente sobre los dones espirituales y su función en la iglesia (1 Corintios 12), el apóstol Pablo anima a los creyentes de Corinto: "Pero deseen ardientemente los mejores dones" (versículo 31). En este capítulo, Pablo enfatiza la importancia de la unidad expresada a través de la variedad y diversidad de dones espirituales en el cuerpo de Cristo. Dios obra de diferentes maneras a través de cada miembro de Su cuerpo, pero "el Espíritu es el mismo" (versículo 4), el "Señor es el mismo" (versículo 5) y el "mismo Dios" (versículo 6) quien provee los dones.
Pablo describe varios dones espirituales distribuidos por el Espíritu Santo, y destaca que estos dones: "a cada uno de nosotros se nos da un don espiritual para que nos ayudemos mutuamente" (1 Corintios 12:7, NTV) o para el bien común y el beneficio mutuo de la iglesia. Utilizando el cuerpo humano como metáfora (ver 1 Corintios 12:12-31), Pablo ilustra cómo cada creyente, con su don único, contribuye al bienestar general y al funcionamiento de la iglesia. Cada uno trabaja en conjunto como partes mutuamente interdependientes, uniéndose colectivamente para funcionar como un todo unificado e integrado.
Pablo enumera una variedad de dones espirituales (ver 1 Corintios 12:7-11), entre los que se incluyen el mensaje de sabiduría, el mensaje de conocimiento, la fe, los dones de sanidad, milagros, la profecía, discernimiento de espíritus, diversas clases de lenguas y la interpretación de lenguas. Explica que todos los dones provienen de "un mismo Espíritu" (versículo 11) y están destinados a trabajar juntos en armonía para animar y edificar el cuerpo de Cristo. Más adelante, Pablo afirma: "Que todo se haga para edificación" (1 Corintios 14:26).
Pablo vuelve a mencionar dones específicos en 1 Corintios 12:28-30, entre ellos el don de enseñar, profetizar, hacer milagros, sanar, ayudar, administrar y hablar en diferentes lenguas e interpretarlas. Si bien todos los dones son valiosos y necesarios, algunos tienen un impacto más significativo e inmediato en la edificación de todo el cuerpo de Cristo. Un ejemplo al que Pablo da prioridad es la profecía (ver 1 Corintios 14:1). Debemos desear ardientemente los dones que contribuyen directamente al crecimiento y desarrollo espiritual de toda la iglesia. Los corintios se centraban en el don de lenguas, pero sin el don de interpretación, ese don no beneficiaba a nadie (ver 1 Corintios 14:1-25).
En el idioma original, la palabra traducida como "deseen ardientemente" implica un anhelo ferviente, apasionado y sincero. Pablo enseñó a los creyentes a aspirar con fuerza a estos dones superiores, no por gloria personal o estatus espiritual, sino por el beneficio de toda la iglesia. Pablo continuó diciendo: "Y aun yo les muestro un camino más excelente" (1 Corintios 12:31). El "camino más excelente" es el camino del amor. A partir de aquí, Pablo pasa a 1 Corintios 13, su famoso "capítulo del amor". Su discurso sobre la búsqueda de los dones más grandes fue una transición al tema del don más grande, el amor. Por muy espectaculares o impresionantes que sean nuestros dones espirituales, no tienen sentido sin amor. El amor es el mayor don del Espíritu de Dios y el fundamento sobre el que deben construirse todos los demás dones. Cuando nuestros dones se ejercen con amor, se hacen con la motivación y la actitud correctas.
En 1 Corintios 13:1-3, Pablo dice que el amor es indispensable. Sin él, no tienen nada. A continuación, en 1 Corintios 13:4-8, Pablo describe la naturaleza y las características del amor: es paciente, amable, no es celoso ni jactancioso, no es orgulloso ni grosero, no busca su propio interés ni se irrita fácilmente, y no guarda rencor. El amor se regocija con la verdad y siempre protege, confía, espera y persevera. El amor dura para siempre. Al situar esta discusión inmediatamente después de su instrucción de desear ardientemente los dones mayores, Pablo deja claro que el amor debe sustentar y gobernar el uso de todos los dones espirituales.
Como hermanos y hermanas unidos en un solo cuerpo, debemos buscar apasionadamente los mejores dones con un corazón amoroso y el deseo de servir a los demás. El precepto de Pablo se alinea con la enseñanza de Cristo de que los mandamientos más importantes son amar a Dios y a nuestro prójimo (Mateo 22:37-40). Los dones espirituales no son para la autopromoción o el beneficio individual, sino para servir, edificar y construir la iglesia. Dios quiere que deseemos ardientemente los dones mayores para tener el mayor impacto posible en el crecimiento y la madurez de la iglesia. Nuestro anhelo sincero por los dones espirituales debe estar arraigado en el amor y el compromiso de servir a los demás desinteresadamente. Al hacerlo, contribuimos a la unidad y la fortaleza del cuerpo de Cristo, cumplimos el propósito que Dios nos ha dado y damos gloria y honor al Señor.
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¿Qué significa que debemos desear ardientemente los mejores dones (1 Corintios 12:31)?
