Pregunta
¿Qué significa que Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros (Hebreos 13:4)?
Respuesta
Al igual que la santidad del matrimonio está en peligro en el mundo actual, también lo estaba en los tiempos del Nuevo Testamento. El autor de Hebreos afirma: "Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios" (Hebreos 13:4). En otra traducción, el versículo dice: "Honren el matrimonio, y los casados manténganse fieles el uno al otro. Con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio" (Hebreos 13:4, NTV).
Hebreos 13:4 enfatiza la importancia de honrar el matrimonio como una unión sagrada entre dos personas. El matrimonio debe ser valorado y defendido por todos. Lo ideal es que este respeto por el matrimonio como institución se extienda más allá de los casados para abarcar a toda la comunidad. El resultado es una norma social que valora y protege la integridad de las relaciones matrimoniales.
La segunda mitad del versículo afirma que Dios juzgará a "los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio", es decir, a los sexualmente impuros. A los ojos de Dios, el único marco aceptable para las relaciones sexuales es dentro de los lazos exclusivos del matrimonio. Dios espera que las parejas casadas, y especialmente las parejas cristianas, se mantengan fieles entre sí.
En Hebreos 13:4, la palabra "inmorales" (pornous en el griego original) denota a las personas sexualmente impuras o promiscuas. En las Escrituras, la fornicación se refiere generalmente a las relaciones sexuales consentidas entre personas que no están casadas entre sí. Por lo tanto, en el contexto de este pasaje, los "inmorales" son personas solteras que son sexualmente impuras. El término "adúlteros" (moichous) se refiere a aquellos que cometen adulterio o tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio. Son personas casadas que son sexualmente impuras. Las Escrituras son claras: Dios juzgará a todos los que practican un estilo de vida de inmoralidad sexual, ya sean casados o solteros.
Como creyentes, lo que hacemos con nuestros cuerpos es de gran importancia para Dios. La Biblia dice que nuestros cuerpos son el templo del Señor y que Su Espíritu mora en nosotros (ver 1 Corintios 3:16-17; 2 Corintios 6:16). El apóstol Pablo expone: "Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios" (1 Corintios 6:18-20). Cuando pecamos sexualmente, arrastramos el cuerpo del Señor al pozo negro, profanando Su santo templo.
Hebreos 13:4 concluye con una solemne advertencia: "porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios". Pablo repite la advertencia: "No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros [...] heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:9-10). Estas fuertes palabras revelan la seriedad con que Dios considera la inmoralidad sexual.
En Efesios 5:2-6, Pablo exhorta a los creyentes a ofrecer sus cuerpos a Dios como un sacrificio agradable, sin ni siquiera una pizca de impureza sexual. El pasaje concluye con otra severa advertencia: "Pueden estar seguros de que ninguna persona inmoral, impura o avara heredará el reino de Cristo y de Dios...No se dejen engañar por los que tratan de justificar esos pecados, porque el enojo de Dios caerá sobre todos los que lo desobedecen" (Efesios 5:5-6, NTV).
¿Cómo juzgará Dios a los fornicarios y adúlteros? A veces, el juicio de Dios se producirá en el propio cuerpo del pecador. Dios entrega a esa persona a la "impureza sexual" y a los "deseos vergonzosos", y ellos reciben "en sí mismos la pena que merecen por su error" (Romanos 1:24-27). Sin duda, los pecadores impenitentes no escaparán al juicio final y eterno de Dios (ver Gálatas 5:19-21; Apocalipsis 21:8; 22:15).
Los cristianos que cometen pecados sexuales pueden recibir el perdón y la purificación de Dios (1 Juan 1:9), pero pueden perder algunas de sus recompensas celestiales (ver Mateo 16:27; 25:21; 1 Corintios 3:11-15; 2 Corintios 5:10; Gálatas 6:7-9). A menudo también hay consecuencias temporales. El rey David experimentó el perdón del Señor después de cometer adulterio con Betsabé, pero no sin sufrir dolorosas consecuencias en los meses y años siguientes. "¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa?" (Proverbios 6:27).
Hebreos 13:4 exhorta a los cristianos a mantener un profundo respeto por el matrimonio y un compromiso con un estilo de vida de pureza sexual. Sabemos que Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros. Su Palabra nos advierte del peligro espiritual de tener una actitud laxa hacia el pecado sexual. El desagrado de Dios por la inmoralidad sexual debe motivarnos a vivir una vida santa, pura y fiel ante Él. En un mundo que celebra y fomenta la indulgencia sexual, que nosotros, como pueblo de Dios, defendamos la santidad del matrimonio.
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¿Qué significa que Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros (Hebreos 13:4)?
