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Pregunta

¿Podríamos ser considerados una generación perversa, como advierte el Señor en Mateo 12:45?

Respuesta


En Mateo 12:43-45, Jesús utiliza una parábola para hablar del vacío espiritual y de las consecuencias de rechazar el mensaje de Dios: "Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus más depravados que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero. Así será también con esta generación perversa" (Mateo 12:43–45).

Jesús responde a los fariseos y a los maestros de la ley que le exigían señales, pero que seguían sin arrepentirse, sin fe y cerrados espiritualmente (ver Mateo 12:38–41; 16:4). Aplica una analogía, comparando a "esta generación perversa" con una persona que tiene un espíritu impuro. Después de que el espíritu es expulsado temporalmente y luego regresa, trae consigo otros siete espíritus aún más malignos que él mismo, lo que empeora la condición de la persona. Jesús advierte a los fariseos de que, sin una auténtica renovación espiritual, sufrirían un mayor deterioro de su estado espiritual.

La aplicación principal de "esta generación perversa" en Mateo 12:45 se refería a la generación actual de líderes de Israel en la época del ministerio terrenal de Jesús. Con su conocimiento privilegiado de las profecías del Antiguo Testamento y de las Escrituras cumplidas, deberían haber reconocido a Jesús por quien era: su Mesías y Rey. En cambio, eran una generación malvada de líderes ciegos e hipócritas. Se suponía que debían ser guardianes espirituales del pueblo de Dios, pero, a través de su propia obstinada incredulidad, se estaban abocando a una mayor destrucción espiritual al rechazar a Dios mismo.

"Esta generación perversa" también puede aplicarse de manera general a la nación de Israel en la época de Jesús, o al menos al sector rebelde representado por los fariseos, quienes rechazaron el don misericordioso de la salvación de Dios en Jesucristo. Al rechazar a su Salvador, se pusieron del lado de las fuerzas de las tinieblas y se volvieron aún más vulnerables al ataque espiritual. La inminente y grave situación de la que Jesús advirtió era una posible alusión a la caída de Jerusalén, que tuvo lugar en el año 70 d. C.

Del texto se puede extraer otra aplicación, más personal. Hoy en día, deberíamos preguntarnos: ¿somos una generación perversa? Jesús mostró que no basta con barrer la casa; debemos llenar nuestro hogar espiritual con la persona adecuada: Cristo mismo. Jesús está a la puerta de nuestro corazón, llamando, y debemos dejarle entrar (ver Apocalipsis 3:20). Él es el único que puede traer restauración y transformación total. Solo Él puede salvarnos.

Las casas de los fariseos parecían limpias y "por fuera lucen [hermosas]". Sin embargo, por dentro estaban "[llenas] de huesos de muertos y de toda inmundicia" (Mateo 23:27). Podemos intentar limpiar nuestras vidas superficialmente mediante la justicia propia y la actividad religiosa. Pero sin una sumisión genuina al Señor, solo invitamos a una mayor vulnerabilidad espiritual.

Mateo 12:45 advierte contra la complacencia espiritual y los peligros de rechazar o ignorar la verdad del evangelio. En cada época desde la caída de la humanidad, una parte de la sociedad se ha entregado a la maldad y al pecado. Sin embargo, siempre ha habido al menos un remanente de personas con corazones compasivos, justos y misericordiosos, que desean servir y glorificar a Dios.

El mensaje central de Mateo 12:45 anima al autoexamen más que a la condena de los demás. Es una invitación a buscar una auténtica renovación espiritual al examinar nuestros propios corazones y acciones para saber si seguimos receptivos a la guía de Dios o si nos estamos alejando de ella.

Que seamos una "generación perversa" depende de nuestra respuesta a la verdad espiritual que se nos presenta. La Biblia nos llama a escuchar la voz de Dios (Juan 8:47; 10:27–28; Hebreos 3:7–8), apartarnos de la maldad (Hechos 3:19) y aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador (Romanos 10:9–10). En lugar de permanecer vacíos, buscamos diariamente al Espíritu Santo para que llene nuestras casas espirituales de fe, amor, gozo, paz y otros frutos de justicia (ver Filipenses 1:11; Gálatas 5:22–23).

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