Pregunta
¿Cómo podemos revestirnos de humildad, tal como nos exhorta Colosenses 3:12?
Respuesta
En Colosenses 3:12, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes a "revestirse de humildad" como parte de una transformación más amplia, en la que los cristianos abrazan su nueva identidad en Jesús al adoptar virtudes semejantes a las de Cristo. Pablo recurre a la metáfora de ponerse ropa nueva para describir el cambio que se produce cuando uno se convierte en seguidor de Cristo. Como cristianos, desechemos nuestra "vieja naturaleza pecaminosa" y nuestra "antigua manera de vivir, que está corrompida" por el pecado, y revistámonos de nuestra "nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo" (Efesios 4:22–24, NTV; véase también Romanos 13:12–14; Colosenses 3:5–10; 2 Corintios 5:17).
Revestirse de humildad implica cultivar una actitud interior de mansedumbre y humildad. Pablo utilizó el sustantivo griego tapeinophrosynēn, traducido como "humildad". Literalmente, sugiere "humildad de espíritu" y requiere algo más que una muestra externa de humildad. Lo que se necesita es una disposición interior genuina que reconozca la propia bancarrota espiritual y la completa dependencia de la gracia de Dios. Pablo utilizó la palabra nuevamente en otra epístola: "No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás" (Filipenses 2:3–4).
El apóstol Pedro dio instrucciones similares: "revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes" (1 Pedro 5:5). Revestirnos de humildad demuestra nuestra disposición a anteponer las necesidades de nuestros hermanos y hermanas en Cristo a las nuestras.
La verdadera humildad cristiana tiene su raíz en el ejemplo de Jesucristo. En sumisión obediente a Su Padre, Jesús se humilló a sí mismo por el bien de la humanidad: "Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano...y murió en una cruz como morían los criminales" (Filipenses 2:6–8, NTV). Jesús renunció a todo interés propio para servir a los demás.
Para revestirnos de humildad, debemos imitar el modelo que Cristo estableció:
Obediencia
Nos revestimos de humildad a través de la obediencia. Jesús fue obediente a Sus padres terrenales (Lucas 2:51) y a Su Padre celestial en todo (Juan 5:30; Filipenses 2:8). Se sometió a Dios, incluso cuando le dolía y le costaba todo (Mateo 26:39; 1 Pedro 2:23). Nuestro Salvador nos llama a hacer lo mismo (Mateo 19:17; Juan 15:10; 1 Juan 2:5; Efesios 6:6).
Dependencia de Dios
Nos revestimos de humildad cuando reconocemos nuestra impotencia humana, tanto física como espiritual, y dependemos totalmente de Dios (Salmo 46:1; Marcos 10:14–15; Juan 5:19, 30; 17:7; Romanos 5:6). Admitimos que todo lo que tenemos es un don de gracia de Dios y que no podemos jactarnos de nuestros propios méritos o dignidad (Juan 3:27; Efesios 2:5, 8–9; 1 Corintios 1:28–29; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5; Santiago 1:17). Entendemos que podemos confiar en que Dios suplirá nuestras necesidades (Salmo 18:6; Hebreos 4:16; Filipenses 4:19), nos mantendrá a salvo (Salmo 23; Hebreos 13:6) y nos fortalecerá (Filipenses 4:13). Cuando nos sometemos humildemente a la soberanía del Señor, reconocemos que nuestra vida, nuestros planes y nuestro futuro están, en última instancia, en Sus manos.
El perdón
Nos revestimos de humildad cuando apreciamos el gran valor del perdón que Dios nos ha concedido a través de Jesucristo y extendemos ese perdón a los demás. Cuando alguien nos ofende, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para buscar la reconciliación y ofrecer el perdón con generosidad (véase Mateo 18:15–20; Lucas 6:37; Colosenses 3:13). Pablo instó a los efesios a ser "amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo" (Efesios 4:32, NTV).
Servicio
Nos revestimos de humildad cuando seguimos el ejemplo de servicio de Cristo. Jesús dijo a Sus discípulos: "Pero el mayor de ustedes será su servidor" (Mateo 23:11) y "cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:44–45) . La verdadera grandeza en el reino de Dios pertenece a aquellos que tienen un corazón dispuesto a servir a los demás (véase Marcos 9:35). Cuando Jesús lavó los pies de los discípulos (Juan 13:1–20), ese acto de humildad nos mostró cómo debemos amarnos y servirnos unos a otros con humildad de corazón y de mente (véase Juan 13:15–17).
Nos revestimos de humildad al adoptar la misma actitud y mentalidad que Jesucristo (véase Filipenses 2:5). "Y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma" (Efesios 5:2). Nos convertimos en imitadores de Cristo (véase 1 Corintios 11:1; 1 Tesalonicenses 1:6), que humildemente "seguimos sus pasos" (1 Pedro 2:21).
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¿Cómo podemos revestirnos de humildad, tal como nos exhorta Colosenses 3:12?
