Pregunta
¿Cómo podemos revestirnos de bondad, tal como enseña Colosenses 3:12?
Respuesta
En Colosenses 3:12, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes a revestirse de bondad, junto con la compasión, la humildad, la mansedumbre y la paciencia. Utiliza la metáfora de ponerse ropa nueva para ilustrar el cambio que se produce cuando alguien se convierte en seguidor de Jesucristo. Como cristianos, adoptamos una nueva identidad en Cristo, despojándonos de nuestra "vieja naturaleza pecaminosa" y de nuestra "antigua manera de vivir, que está corrompida", y revistiéndonos de nuestra "nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo" (Efesios 4:22–24, NTV; véase también Romanos 13:12–14; Colosenses 3:5–10).
Revestirse de bondad significa demostrar bondad y rectitud hacia los demás. En Colosenses 3:12, "bondad" (chrēstotēta en el griego original) es la cualidad moral de ser cordial, considerado, humano, amable y comprensivo. Describe el amor práctico en acción, un amor que se preocupa tanto por las necesidades de los demás como por las propias. Revestirse de bondad implica buscar activamente oportunidades para bendecir a los demás mediante actos de compasión, incluso en las pequeñas interacciones diarias.
Cuando nos revestimos de bondad, es más que un simple acto; es una actitud interior y una forma de ser. La bondad refleja la naturaleza de Dios (véase Jeremías 9:24; Hechos 14:17; Efesios 2:7; Tito 3:4–5), y abarca la empatía, la generosidad y la preocupación genuina por los demás. Debemos alinear nuestras actitudes y acciones con el carácter de Dios para mostrar verdaderamente bondad. Debemos convertirnos en imitadores de Dios (véase Efesios 5:1), caminando en Su amor (véase Efesios 5:2; Colosenses 3:14; Juan 13:34), llenándonos de Su Espíritu (véase Efesios 5:18) y dejando que Él guíe nuestros pensamientos, palabras y obras (véase Gálatas 5:16–26).
La bondad está directamente relacionada con la compasión en la lista de vestiduras espirituales de Pablo. La compasión es la capacidad de sentir por los demás y comprender sus dificultades. La compasión nos mueve a actuar en favor de los demás, tal como lo han hecho Dios y Jesús (véase Salmos 103:13–14; 145:8–9; Mateo 9:36). Podemos hacerlo mediante palabras de consuelo, una mano amiga o simplemente estando presentes. Al cultivar la compasión en nuestro interior, fomentamos un corazón que siempre está dispuesto a ofrecer bondad.
La humildad, la mansedumbre y la paciencia también están relacionadas con revestirse de bondad. Cuando nos humillamos como Cristo, nos volvemos más receptivos a las necesidades de los demás y más dispuestos a servirles desinteresadamente. La mansedumbre aporta un toque tierno a la bondad. Suaviza nuestras interacciones y ayuda a sanar las heridas. Cuando nos revestimos de mansedumbre, abordamos cada situación con palabras y acciones que edifican a los demás en lugar de causarles daño. La paciencia permite que la bondad prospere ante la adversidad. Soportamos situaciones y personas difíciles sin perder los estribos ni desanimarnos. Cuando practicamos la paciencia, les damos a los demás la gracia para crecer y el tiempo para sanar.
El perdón es también un aspecto crucial de la bondad. Nos enfrentamos a uno de los mayores obstáculos para mostrar bondad cuando sentimos que alguien nos ha hecho daño. Si cargamos con nuestros rencores, nuestra vestimenta de bondad queda relegada al fondo del armario. Por esta razón, Pablo nos instruye a continuación: "Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros" (Colosenses 3:13, NTV). Revestirse de bondad significa aprender a tratarnos con amabilidad unos a otros.
En última instancia, debemos revestirnos de amor por encima de todas estas virtudes. El amor sirve como el abrigo que une todo nuestro atuendo en perfecta unidad (véase Colosenses 3:14; 1 Corintios 13:13; Romanos 13:10). El apóstol Pedro afirma: "Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados" (1 Pedro 4:8).
¿Cómo nos revestimos de bondad en un sentido práctico? Lo hacemos prestando toda nuestra atención a los demás y mostrando un interés genuino por sus vidas. Pronunciamos palabras que animan y edifican, y evitamos el lenguaje áspero o crítico. Buscamos formas de ayudar a los demás, compartimos recursos y ofrecemos apoyo. Expresamos nuestro agradecimiento por la bondad que recibimos. Perdonamos generosamente, dejamos ir el rencor, mostramos misericordia y comprendemos que la bondad implica dar segundas oportunidades.
Vivir con bondad transformará nuestros corazones y las vidas de quienes nos rodean, creando un efecto dominó de alegría, paz, unidad y amor. Si nos comprometemos a revestirnos de bondad cada día, reflejamos el amor de Dios e inspiramos a otros a hacer lo mismo. Como seguidores de Cristo, abracemos la bondad de todo corazón, permitiendo que moldee nuestras relaciones y defina nuestro carácter, para que nos convirtamos en verdaderos instrumentos de la gracia de Dios en el mundo.
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¿Cómo podemos revestirnos de bondad, tal como enseña Colosenses 3:12?
