Pregunta
¿Son pecaminosas las relaciones monógamas entre personas del mismo sexo?
Respuesta
El mundo occidental ha considerado tradicionalmente la monogamia—tener un solo cónyuge—como algo virtuoso en comparación con alternativas como la poligamia. Dado que la Biblia ha influido de manera significativa en esta visión, algunos se preguntan si las relaciones monógamas entre personas del mismo sexo están en consonancia con las Escrituras o si las contradicen. Según la Biblia, las relaciones entre personas del mismo sexo en cualquier forma, incluidas las monógamas, son contrarias a la voluntad justa de Dios para la intimidad sexual, la cual Él diseñó para ser experimentada exclusivamente dentro del pacto del matrimonio.
La norma justa de Dios para las relaciones íntimas es la monogamia entre un hombre y una mujer en el contexto del matrimonio. Dios lo expresó claramente cuando instituyó el matrimonio: "Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24).
Jesús reafirmó este principio en el Nuevo Testamento cuando dijo: "Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y hembra. Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos serán una sola carne; así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe" (Marcos 10:6–9).
La norma justa de Dios para la intimidad sexual es, por tanto, la monogamia entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. Cualquier relación que se salga de estos límites es presentada por la Biblia como pecado. Esto se afirma tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, donde se condena de manera clara la práctica homosexual. Por ejemplo, la Ley declara: "No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación" (Levítico 18:22; cf. Génesis 19:1–13; Levítico 20:13). Algunos críticos sostienen que estas enseñanzas reflejan normas morales antiguas y ya superadas, pero el Nuevo Testamento reafirma el mismo juicio moral.
El apóstol Pablo describe la homosexualidad como una expresión de pasiones deshonrosas vinculadas al rechazo de Dios: "Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra naturaleza. De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres" (Romanos 1:26–27; cf. 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:10). Esta condena no se limita a relaciones promiscuas, sino que se aplica igualmente a relaciones monógamas entre personas del mismo sexo. El problema no es la cantidad de parejas, sino la naturaleza de la relación en sí.
La homosexualidad es presentada como pecado porque la unión de un hombre y una mujer refleja de manera única la imagen de Dios en la humanidad. En la creación, Dios declaró: "Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza", y luego afirma: "A imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:26–27). Además, esta unión complementaria en el matrimonio apunta a una realidad espiritual mayor: "Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia" (Efesios 5:31–32). Las relaciones entre personas del mismo sexo, aun cuando sean monógamas, no pueden cumplir este propósito simbólico del matrimonio.
Otro propósito del matrimonio que las parejas del mismo sexo no pueden cumplir es la procreación. Después de crear al hombre y a la mujer, Dios les ordenó: "Sean fecundos y multiplíquense" (Génesis 1:28). Aunque no todos los matrimonios tienen hijos, la Escritura presenta la reproducción como parte del diseño general de Dios para la familia (cf. Malaquías 2:15; 1 Timoteo 5:14). Además, los hijos son descritos como una bendición del Señor (Salmo 127:3). Las parejas del mismo sexo no pueden cumplir este aspecto del diseño divino para el matrimonio.
La monogamia ofrece ventajas sociales y emocionales frente a alternativas como la poligamia. Sin embargo, el diseño de Dios para la intimidad va más allá de estas ventajas y establece la monogamia entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio como la única forma legítima. Por ello, la Escritura exhorta: "Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios" (Hebreos 13:4).
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