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Pregunta

¿Qué significa ser dado a la hospitalidad (Romanos 12:13)?

Respuesta


Si 1 Corintios 13 es el "capítulo del amor" de la Biblia, Romanos 12 es su hermana gemela. En Romanos 12:9-13, el apóstol Pablo se centra en nuestras relaciones con los demás y afirma que el amor genuino debe impregnar todas nuestras interacciones: "No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad...con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente" (Romanos 12:9-10, NTV). Si realmente amamos a los demás, mostraremos amabilidad y generosidad hacia las personas necesitadas, y seremos "hospitalarios" (Romanos 12:13).

La hospitalidad, en el sentido bíblico, va más allá de simplemente entretener a los invitados. Se refiere a tener una disposición amable, cortés y generosa hacia los demás, en particular hacia los desconocidos y los necesitados. La frase griega "practicando la hospitalidad" (NBLA) en Romanos 12:13 se traduce alternativamente como "brindar hospitalidad" (NTV), "practiquen la hospitalidad" (NVI). Pablo utilizó la palabra griega philoxenian, traducida como "hospitalidad"; literalmente significa "amor a los extranjeros". Este amor no es solo un sentimiento, sino una acción, un esfuerzo deliberado por hacer que los extranjeros se sientan bienvenidos, cuidados y valorados.

Incluso si no poseemos el don espiritual de dar (ver Romanos 12:8), todos los creyentes tienen la responsabilidad de practicar la hospitalidad y satisfacer las necesidades de los demás. La Biblia utiliza imágenes vívidas y parábolas sobre la hospitalidad para describir la salvación (Isaías 25:6; Salmo 23:5-6; Mateo 22:1-14; Juan 14:2-3; Apocalipsis 3:20). Como hijos redimidos de Dios, mostramos hospitalidad en agradecimiento por la salvación que hemos recibido de Dios (ver Isaías 58:6-7; Juan 13:12-15).

Pablo menciona con frecuencia la importancia de mostrar hospitalidad a los ministros cristianos (ver Romanos 16:1-2; Colosenses 4:10; 3 Juan 5-10). Enseñó que los supervisores espirituales deben ser particularmente hospitalarios (ver Tito 1:8; 1 Timoteo 3:2). El apóstol Pedro instó: "Abran las puertas de su hogar con alegría al que necesite un plato de comida o un lugar donde dormir" (1 Pedro 4:9, NTV). En Hebreos, se recuerda a los cristianos lo siguiente: "No se olviden de brindar hospitalidad a los desconocidos, porque algunos que lo han hecho, ¡han hospedado ángeles sin darse cuenta!" (Hebreos 13:2, NTV).

El concepto de ser hospitalario tiene sus raíces en el Antiguo Testamento (ver Éxodo 22:21; Isaías 58:6). Abraham, el gran patriarca de la fe, es un excelente ejemplo de alguien que practicaba la hospitalidad. En Génesis 18:1-8, acogió a tres extranjeros en su casa, ofreciéndoles generosamente comida, agua y descanso. Más tarde se reveló que este acto de hospitalidad era un encuentro divino con Dios. De manera similar, la Ley de Moisés ordenaba a los israelitas ser hospitalarios: "Cuando un extranjero resida con ustedes en su tierra, no lo maltratarán. El extranjero que resida con ustedes les será como uno nacido entre ustedes, y lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto" (Levítico 19:33-34).

Jesús ejemplificó lo que significa ser hospitalario. Cenó con recaudadores de impuestos y pecadores (ver Lucas 19:1-10), acogió a los niños (ver Mateo 19:14) y sanó a los enfermos (ver Mateo 14:14). Su parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37) es quizás la ilustración más impactante de la hospitalidad. En esta historia, un samaritano ayuda a un hombre herido, proporcionándole cuidados y refugio a pesar de la enemistad social entre judíos y samaritanos. La iglesia cristiana primitiva continuó con esta tradición de hospitalidad, compartiendo todo lo que tenían y participando de la Cena del Señor y comiendo juntos en sus hogares con corazones alegres y sinceros (ver Hechos 2:44-46).

Ser hospitalario significa más que dar una palmada en la espalda u organizar una cena ocasional. Implica un estilo de vida generoso y abierto. Aquí hay algunas formas prácticas de poner en práctica esta virtud:

• Abrir tu hogar a nuevos vecinos, visitantes o aquellos que necesitan un lugar donde quedarse.

• Satisfacer necesidades tales como ofrecer una comida, proporcionar transporte o simplemente escuchar los problemas de alguien.

• Fomentar el sentido de pertenencia y comunidad a través de reuniones en grupos pequeños, eventos comunitarios o actos de bondad regulares e intencionados.

• Tratar a todos con dignidad y amor, independientemente de su origen o circunstancias.

Romanos 12 comienza con un llamado a ofrecer nuestros cuerpos como "sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios" (Romanos 12:1). La hospitalidad es una expresión tangible de este sacrificio. Es un acto de "adoración verdadera y adecuada" (Romanos 12:1), una forma de honrar a Dios sirviendo a los demás.

Ser hospitalario refleja el corazón de Dios, que acoge a todos a Su mesa. En Mateo 25:35-36, Jesús describe la justicia de aquellos que heredarán el reino señalando su hospitalidad: "Pues tuve hambre, y me alimentaron. Tuve sed, y me dieron de beber. Fui extranjero, y me invitaron a su hogar. Estuve desnudo, y me dieron ropa. Estuve enfermo, y me cuidaron" (Mateo 25:35-36, NTV). Al practicar la hospitalidad, honramos al mismo Cristo. Amamos a los demás como Jesús nos amó y vivimos el evangelio de manera práctica.

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