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Pregunta

¿Es verdadero el enunciado "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones"?

Respuesta


"El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones" es un dicho que se ha atribuido a Bernardo de Claraval (1091—1153), pero eso no puede ser verificado. Cuando decimos, "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones", podemos querer decir que alguien tenía buenas intenciones, pero el resultado final de sus acciones fue desastroso. Las buenas intenciones no garantizan buenos resultados. O podemos querer decir que las buenas intenciones, por sí solas, no valen nada; para lograr algo, uno debe seguir sus metas y objetivos. La pereza y otros enemigos del éxito arrastrarán a uno hacia abajo.

El proverbio "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones" también puede verse como un reflejo de la advertencia de Jesús en Mateo 7:13-14: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan". El camino al infierno es fácil.

El Nuevo Testamento da varios ejemplos de personas que expresaron su intención de seguir a Jesús pero, hasta donde sabemos, nunca lo hicieron. En Lucas 9:57–62, Jesús se encuentra con tres hombres que dijeron que lo seguirían, pero otras prioridades vinieron primero. Jesús no los elogió por simplemente tener buenas intenciones; los llamó a tomar acción inmediata y sacrificada: "Nadie que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios" (versículo 62). Los hombres deben seguir adelante con sus palabras; de lo contrario, sus "buenas intenciones" no resultarían en seguir a Jesús y pavimentarían su camino al infierno, por así decirlo.

En otra ocasión, un joven serio se acerca a Jesús para preguntarle qué debe hacer para heredar la vida eterna (Marcos 10:17–27). Parecía tener toda la intención de hacer cualquier cosa que Jesús le dijera, pero cuando el Señor respondió: "Vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme", el hombre se fue triste. El costo fue demasiado alto. Puede que al principio tuviera buenas intenciones, pero el joven rico dejó de querer a Cristo más que al dinero y pavimentó su propio camino al infierno.

Muchos encuentran el costo demasiado alto cuando expresan su interés en seguir a Jesús. Tienen la "intención" de rendirse ante Él y vivir de acuerdo a Su voluntad para sus vidas. Pero pronto encuentran que la intención no es suficiente. Las buenas intenciones no son suficientemente fuertes para superar la atracción magnética de nuestra carne pecaminosa (Marcos 14:38). Muchas personas escuchan el evangelio y creen que es cierto, pero no lo desean lo suficiente como para renunciar al control de sus vidas. "Intenden" hacerlo algún día—cuando hayan terminado de divertirse. Lamentablemente, la mayoría nunca alcanza ese día. Asumieron que el arrepentimiento y la fe vendrían de forma natural bajo orden, pero descubren que no es así. En casos como estos, el proverbio "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones" se mantiene fiel.

Las buenas intenciones deben ir acompañadas de actos de nuestra voluntad para lograr lo que planeamos. La pereza, la procrastinación y el miedo pueden tener un papel en mantener nuestras intenciones sólo en eso. Los complacientes son especialmente propensos a descubrir que el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones. Por naturaleza, los complacientes quieren decir lo que sea que les conceda el favor de quienes desean complacer. Pueden tener toda la intención de llamar la próxima semana, ir a almorzar o cuidar a un amigo, pero después de que el momento ha pasado, olvidan todo acerca de lo que fue prometido. Descubren que su camino a la falta de confiabilidad, la decepción y el malentendido está pavimentado con sus buenas intenciones.

Dios toma en serio las palabras que salen de nuestros labios. De hecho, Jesús dijo que daremos cuenta de toda palabra ociosa que hablemos (Mateo 12:36–37). No deberíamos expresar rápidamente nuestras intenciones si no tenemos un plan para seguir adelante y la capacidad de hacerlo. En cambio, deberíamos determinar en nuestros corazones lo que Dios quiere que hagamos y luego comprometernos con ello (Salmos 37:5; 119:11).

Una forma en que podemos asegurarnos de que nuestras vidas no están atestadas de intenciones inútiles es considerarnos "crucificados con Cristo", como lo hizo Pablo (Gálatas 2:20). Cuando reconocemos cada mañana que nuestro día no es nuestro para malgastar como nos plazca, sino que pertenece al Señor, estaremos más inclinados a seguir la dirección que Él nos da. El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones, pero el camino al cielo está pavimentado con la fe obediente. Las buenas intenciones nos hacen sentir que estamos en el camino correcto, pero no tienen ninguna fuerza para llevarnos a donde queremos ir. Sin embargo, un compromiso deliberado para seguir al Señor nos lleva a donde Él quiere que vayamos.

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