Pregunta
¿Cómo es que el nombre Jacob se convirtió en Santiago en el Nuevo Testamento?
Respuesta
En el griego original del Nuevo Testamento, los nombres Jacob y James (Santiago, en español) son variantes de una misma raíz. Ambos proceden del mismo nombre hebreo, Yaaqob (יַעֲקֹב), que se traduce como Jacob a lo largo de todo el Antiguo Testamento (por ejemplo, Génesis 25:29).
En el idioma griego, el nombre hebreo Yaaqob se translitera directamente como Iakób (Ἰακώβ). Esa forma sigue traduciéndose como Jacob en el Nuevo Testamento cuando se hace referencia a personas que llevan ese nombre. Por ejemplo, cuando Mateo menciona al hijo de Isaac y también al padre de José, el esposo de María, utiliza el término Iakób. Ambos hombres se llamaban Jacob (ver Mateo 1:2 y 8:11).
El nombre Jacob era muy común en tiempos de Jesús, y muchas familias ponían ese nombre a sus hijos en honor al patriarca. Sin embargo, dado que la cultura judía del siglo I estaba fuertemente influenciada por el idioma y la cultura griegos, el nombre también adoptó una forma griega, que fue Iakóbos (Ἰάκωβος). En las traducciones al inglés, esta forma griega se tradujo como James; en español, como Santiago.
El paso de Iakób a Iakóbos es un ejemplo de un proceso conocido como helenización (o grecización), es decir, la adaptación de una palabra a la estructura y pronunciación del griego. Algo parecido ocurre también en español y en otros idiomas modernos, donde los nombres de origen extranjero suelen adaptarse para facilitar su uso. Por ejemplo, el nombre inglés John corresponde a Juan en español, y George a Jorge. Son variantes del mismo nombre, aunque cambien la forma y la pronunciación. Lo mismo sucede con Iakób e Iakóbos.
Queda todavía la pregunta de por qué Iakóbos terminó traduciéndose como James en inglés y como Santiago en español, en lugar de mantenerse como Jacob. La respuesta se encuentra en un largo proceso histórico y lingüístico. Antes de la época de Jerónimo y la Vulgata latina, la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta) ya había sido traducida al latín, donde Iakóbos se transliteró como Iacobus (o Jacobus), una forma aún muy cercana a Jacob.
Con el paso del tiempo, en el latín tardío se produjo un pequeño cambio en la pronunciación y la escritura, y el nombre comenzó a aparecer como Iacomus (o Jacomus). El francés antiguo adaptó esta forma y la acortó a Gemmes o Jammes, y desde allí el inglés adoptó el nombre James. En español, el desarrollo siguió un camino distinto, dando lugar a la forma Santiago, que combina San (santo) con una evolución del nombre Iacobus.
En el Nuevo Testamento en español, el nombre Jacob suele reservarse para referirse al patriarca del Antiguo Testamento, mientras que Santiago se utiliza para los distintos personajes del Nuevo Testamento que llevan ese nombre, incluidos dos de los discípulos de Jesús y el medio hermano del Señor.
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¿Cómo es que el nombre Jacob se convirtió en Santiago en el Nuevo Testamento?
