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Pregunta

¿Qué debemos hacer hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe (Efesios 4:13)?

Respuesta


Efesios 4:13 dice: "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". El apóstol Pablo imagina un cuerpo de creyentes unificado y maduro. Examinar el contexto inmediato nos ayudará a saber cómo podemos lograr esta unidad de la fe.

Cristo distribuyó dones espirituales para fortalecer y equipar a la iglesia. Pablo dice que estos dones son personas: "Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Efesios 4:11-12). Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son esenciales para ayudarnos a ser "maduros en el Señor" (NTV) y "todos llegaremos a la unidad de la fe" (NVI). Alcanzar la unidad no es algo que se logre de la noche a la mañana; requiere un proceso de crecimiento en el que las personas dotadas de dones se esfuerzan constantemente por equipar a los santos para el servicio.

La unidad va más allá de simplemente estar de acuerdo en cuestiones teológicas o doctrinales; representa una confianza compartida en Cristo. Cuando Pablo se refiere al "conocimiento del Hijo de Dios", habla de una comprensión relacional y experiencial. Es más que "conocimiento intelectual" o "sabiduría de los libros". Nuestro conocimiento de Cristo se adquiere a través de la experiencia personal y los encuentros directos con Dios. En Filipenses 3:10, Pablo expresa su deseo: "y conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte".

Los creyentes tienen varias responsabilidades en la labor de lograr la unidad de la fe:

1. Vivir de una manera digna de la vocación: Pablo anima a los creyentes a que "vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efesios 4:1-3). La unidad comienza con el compromiso de imitar a Cristo, quien encarna la humildad, la mansedumbre, la paciencia y el amor. Estas virtudes empoderan a los creyentes para promover la paz y superar las divisiones.

2. Aceptar los dones espirituales: La iglesia se fortalece a través de diversos dones espirituales. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son esenciales para equipar a la iglesia y edificar el cuerpo de Cristo. Los dones espirituales están destinados al beneficio de los demás y no al reconocimiento personal (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:4-7).

3. Hablar la verdad con amor: En Efesios 4:15, Pablo escribe: "Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo". Hablar la verdad con amor requiere valor para abordar el pecado, corregir los errores y resolver los malentendidos. La restauración es el objetivo (ver Gálatas 6:1).

4. Equiparse y edificarse mutuamente: Los creyentes deben apoyarse y animarse unos a otros. Hebreos 10:24-25 dice: "Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros". La comunión cristiana y la responsabilidad mutua son esenciales para la unidad y la madurez de la fe.

5. Crecer en Cristo: El propósito de los dones espirituales es "alcanzar la madurez" y llegar a "la medida de la estatura de la plenitud de Cristo [manifestando Su integridad espiritual y ejerciendo nuestros dones espirituales en unidad]" (Efesios 4:13). La madurez implica crecer en la semejanza a Cristo, como se describe en 2 Pedro 3:18: "Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo". El propósito de Dios al elegirnos como suyos es que seamos "hechos conforme a la imagen de Su Hijo" (Romanos 8:29). Los creyentes están llamados a rendirse al Espíritu Santo, que nos santifica (Gálatas 5:22-23).

Debemos trabajar activamente por la paz y la armonía dentro de la iglesia para lograr la unidad en la fe (Efesios 4:3). Este esfuerzo requiere amor, humildad, aprecio por los diversos dones espirituales y el compromiso de apoyarse y animarse mutuamente. Tanto la unidad como la madurez espiritual son esenciales para parecerse más a Cristo. Al igual que Pablo, debemos decir: "prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:14).

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