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Pregunta

¿Qué significa que todo árbol que no da fruto es cortado (Mateo 3:10)?

Respuesta


En Mateo 3, Juan el Bautista comienza a preparar el camino para la venida del Mesías. Se enfoca primero en el pueblo judío, llamándolos a arrepentirse de sus pecados y a volver a dedicar sus corazones a Dios mediante la demostración externa del bautismo en agua. Juan dirige su severo mensaje de juicio directamente a los líderes religiosos de Israel (los fariseos y saduceos), quienes habían cambiado la dedicación personal por un ritualismo vacío: "¡Camada de víboras!..Por tanto, den frutos dignos de arrepentimiento; y no piensen que pueden decirse a sí mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque les digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego"" (Mateo 3:7-10).

Juan confronta la hipocresía de los líderes espirituales de Israel, quienes pensaban que estaban automáticamente salvos de la ira de Dios por el simple hecho de haber heredado un linaje religioso. Juan les dice que ser descendientes de Abraham no era suficiente. Sus corazones debían transformarse y apartarse del pecado para recibir la vida espiritual en el reino del Mesías. El verdadero arrepentimiento implica un cambio de mentalidad que produce un estilo de vida con acciones transformadas. Estas acciones son los frutos del arrepentimiento. El arrepentimiento no es simplemente sentir pena, sino sentirla lo suficiente como para dejar de pecar y dedicar toda su vida a Dios.

Utilizando la imagen de los árboles frutales, Juan el Bautista considera que los líderes religiosos carecen de buenos frutos. La "acción" apropiada de un árbol frutal es dar buenos frutos. Debido a que sus corazones y mentes no habían cambiado, estos líderes hipócritas no podían dar frutos de justicia y arrepentimiento. No podían demostrar la autenticidad de su fe con acciones justas y buenas obras. En cambio, su fe estaba muerta (ver Santiago 2:14-26). Predicaban una cosa, pero vivían otra.

Más tarde, Jesús declararía un juicio similar sobre los falsos profetas y maestros. Dijo que tanto los seguidores genuinos como los hipócritas pueden identificarse "por sus frutos, es decir, por la manera en que se comportan" (Mateo 7:16, NTV). "Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conocerán" (Mateo 7:17-20).

Tanto Juan como Jesús compararon a los hipócritas religiosos con árboles muertos. Por lo tanto, el hacha del juicio de Dios estaba "lista para cortar las raíces de los árboles. Así es, todo árbol que no produzca buenos frutos será cortado y arrojado al fuego" (Mateo 3:10, NTV). No hay esperanza para un árbol que no da buenos frutos. La advertencia de Juan a los fariseos y saduceos fue severa. Su destino eterno estaba en juego. Debido a su falta de sinceridad espiritual, corrían el peligro de ser cortados y arrojados al fuego. Si no se arrepentían, el juicio ardiente de Dios vendría sobre ellos. Jesús explicaría ese juicio más adelante (ver Mateo 23:31-38; Mateo 24:1-25:46).

"Todo árbol" significa que no hay excepciones. Todo pecador, desde el líder más poderoso hasta el esclavo más humilde, debe arrepentirse. Si no da fruto, será "cortado" y destruido por el fuego. El mensaje de Juan es claro: aquellos que rechacen el llamado de Dios al arrepentimiento enfrentarán el juicio y el castigo eterno.

Juan continuó su advertencia diciendo que el Mesías está "listo para separar el trigo [los verdaderos creyentes] de la paja [los hipócritas] con su rastrillo. Luego limpiará la zona donde se trilla y juntará el trigo en su granero, pero quemará la paja en un fuego interminable" (Mateo 3:12, NTV). Una vez más, Jesús emitió una advertencia similar más adelante en Mateo 13:30, 37-43.

Las personas de todas las épocas deben considerar cuidadosamente la advertencia de Juan de que todo árbol que no da fruto es cortado. No podemos descansar en nuestras credenciales familiares o en nuestra herencia religiosa. Asistir a la iglesia o incluso ocupar un puesto de liderazgo no garantiza nuestra salvación. Podemos confesar nuestros pecados y afirmar que hemos nacido de nuevo, pero eso no significa nada si nuestro arrepentimiento no va acompañado de un cambio en nuestra forma de vida.

Nuestra salvación está asegurada cuando permanecemos en Jesús, quien dijo: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Él corta de mí toda rama que no produce fruto...Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí...porque, separados de mí, no pueden hacer nada. El que no permanece en mí es desechado como rama inútil y se seca. Todas esas ramas se juntan en un montón para quemarlas en el fuego...Cuando producen mucho fruto, demuestran que son mis verdaderos discípulos" (Juan 15:1-8, NTV).

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