Pregunta
¿Qué dice la Biblia sobre la crianza de los hijos?
Respuesta
La procreación es fundamental en el plan de Dios para las familias y el mundo, como se ve en Su mandato a Adán y Eva: "Sean fecundos y multiplíquense", una directiva que se repite a las generaciones futuras (Génesis 1:28; cf. 9:1). Ampliando este tema, la Biblia declara que los hijos son una bendición de Dios (Salmo 127:3-5), lo que convierte la crianza de los hijos en una responsabilidad sagrada. Con este fin, las Escrituras proporcionan a los padres y madres principios morales e instrucciones prácticas —desde mandamientos explícitos hasta sabios consejos— para criar a sus hijos e hijas.
Dios diseñó la crianza de los hijos para que se llevara a cabo en el contexto de una familia, cuya base es el matrimonio. La Biblia define el matrimonio como un pacto monógamo y para toda la vida entre un hombre biológico y una mujer biológica (Génesis 2:24; Marcos 10:7). El matrimonio heterosexual no solo hace posible la procreación desde el punto de vista biológico, sino que, a través de la unión complementaria de un hombre y una mujer, los hijos experimentan toda la amplitud de la imagen y semejanza de Dios que Él imprimió en los dos géneros de la humanidad cuando los creó (Génesis 1:26, 2:18; cf. Efesios 5:22-33).
Aunque Dios diseñó la crianza de los hijos para que se diera en el contexto de la familia biológica del niño, a veces las circunstancias adversas requieren el apoyo y el cuidado de padres adoptivos o tutores legales. Un ejemplo de esto se ve en la historia de Ester. Después de la muerte de sus padres, su tío "Mardoqueo la tomó como hija suya" (Ester 2:7). En tales situaciones, otros adultos distintos de los padres biológicos del niño pueden experimentar la bendición de criarlo.
Sea cual sea la composición de la familia del niño, la crianza bíblica comienza con el ejemplo de la fidelidad a Dios de una manera atractiva para sus hijos (Éxodo 12:24; 13:8). La relación de un padre y una madre con Dios debe ser tan evidente que sus hijos les hagan preguntas (Éxodo 12:26-27; Deuteronomio 6:20-25; Josué 4:6-7). Con este objetivo, los padres pueden seguir el ejemplo de padres santos de la Biblia como Josué, cuya devoción a Dios caracterizaba a su familia, y madres santas como Ana, cuya persistencia en la oración moldeó la identidad y el propósito en la vida de su hijo (Josué 24:15; 1 Samuel 1:11).
Además de que los padres den ejemplo de fe en Dios, la Biblia enfatiza el papel crucial que tienen los padres y las madres en enseñar directamente a sus hijos a seguir a Jesús. La Biblia asigna a los padres el papel principal del discipulado (Mateo 28:19; Juan 8:31; Salmo 78:4). Esto implica que, aunque otras personas, como los maestros de escuela dominical y los pastores de jóvenes, pueden apoyar la fe de un niño, Dios obliga a los padres a asumir el papel principal de discipulado en la vida de sus hijos e hijas (Deuteronomio 6:6-9).
En la práctica, discipular a los niños comienza con enseñarles acerca de Dios. Deuteronomio 6:7 ordena a los padres que enseñen continuamente las palabras de Dios en su hogar: "Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes" (cf. Deuteronomio 31:12-13; Proverbios 3:6). De manera similar, en el Nuevo Testamento se les dice a los padres que críen a sus hijos en la "instrucción del Señor" (Efesios 6:4). Dado que los niños, al igual que sus padres, poseen una naturaleza pecaminosa, es crucial que los padres y las madres eviten provocar intencionalmente a sus hijos a pecar y se guarden de hacerlo accidentalmente (Efesios 6:4; cf. Mateo 18:6).
Dios también asigna a los padres la tarea de enseñar a sus hijos cómo se aplica la Biblia a la vida. Comprender la relevancia de las Escrituras no solo edifica la fe de un niño, sino que también forma su carácter, sus valores, sus prioridades y sus decisiones. Aplicar la Biblia cultiva la integridad (Proverbios 15:27), la humildad (Proverbios 16:19) y la pureza (Proverbios 20:9). Además, a medida que los hijos ganan más independencia, los padres deben esforzarse por protegerlos de tomar decisiones que podrían tener consecuencias negativas a largo plazo (Números 30:2-15).
Además, disciplinar a los hijos es fundamental para la crianza bíblica (Deuteronomio 8:5; 2 Samuel 7:14; Proverbios 13:24), y la falta de ella repercute negativamente en el futuro del niño (Proverbios 19:18). Sin embargo, la disciplina bíblica no es meramente punitiva, sino formativa. La disciplina está diseñada para refinar el comportamiento del niño, reflejando la disciplina amorosa de Dios hacia su pueblo (Hebreos 12:6).
Otros aspectos fundamentales de la crianza bíblica son el cuidado emocional, la provisión física y la seguridad de los hijos. En primer lugar, la crianza piadosa se basa en el amor, expresado a través de emociones sinceras como la compasión (por ejemplo, Salmos 103:13). En segundo lugar, los padres responsables satisfacen las necesidades esenciales de sus hijos, como la comida y la bebida (Proverbios 31:13-14; 1 Timoteo 5:8). En tercer lugar, los padres tienen la tarea de proteger y defender a sus hijos, garantizando su seguridad (por ejemplo, Deuteronomio 22:14-15).
Para llevar a cabo las responsabilidades que Dios les ha encomendado, es importante que los padres y las madres desarrollen una vida de oración ferviente (por ejemplo, 1 Samuel 2:1-10; Lucas 1:46-56). Aunque la tarea de criar a los hijos es difícil, con la ayuda de Dios, los padres pueden experimentar la bendición expresada en Proverbios 22:6: "Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él".
English
¿Qué dice la Biblia sobre la crianza de los hijos?
