¿Quién ascenderá al cielo según Romanos 10:6?
En Romanos 10:1–13, el apóstol Pablo contrasta la justicia que proviene de la fe en Jesucristo con una justicia basada en la ley. Pablo cita el Deuteronomio, afirmando: "Moisés escribe […] la justicia que es de la ley" (Romanos 10:5) y, a continuación, presenta "la justicia que es de la fe" (Romanos 10:6).
Pablo explica la justicia que proviene de la fe mediante dos preguntas retóricas planteadas, por así decirlo, por la justificación basada en la fe:
La justicia que es de la fe dice: "No digas en tu corazón: "¿Quién subirá al cielo?". Esto es, para hacer bajar a Cristo, o "¿Quién descenderá al abismo?". Esto es, para subir a Cristo de entre los muertos". (Romanos 10:6–7)
La justicia en este pasaje se refiere a una relación correcta con Dios. La pregunta "¿Quién subirá al cielo?" ayuda a ilustrar que la verdadera justicia ante Dios se basa únicamente en la fe y no requiere esfuerzos extraordinarios para alcanzar a Dios. La justificación por la fe no se alcanza mediante un esfuerzo sobrehumano, como si el pecador debiera subir al cielo para traer al Salvador. El Salvador ya ha descendido, en carne y por Su propia voluntad, y nos ha proporcionado la salvación.
Este mismo Salvador vivió una vida en perfecta conformidad con la ley, murió y resucitó. Nadie necesita "descender a las profundidades" para traer de vuelta a Cristo. Él ya fue "resucitado para nuestra justificación" (Romanos 4:25). Por lo tanto, Cristo ha completado todo lo necesario para hacernos justos ante Dios.
Pablo señala que los judíos que rechazaron a Cristo intentaron justificarse ante Dios mediante el cumplimiento de la ley (Romanos 10:3; ver también Romanos 9:30). Pablo critica ese enfoque y todos los esfuerzos humanos por eludir o manipular el camino de salvación de Dios.
"¿Quién subirá al cielo?" no pretende identificar a una persona específica que vaya a ascender literalmente, sino más bien enfatizar que los creyentes no necesitan realizar tareas extremas —como ascender al cielo— para obtener la salvación. Tales esfuerzos son innecesarios e inútiles. La salvación es accesible solo por la fe (ver Gálatas 2:16; 3:24). Pablo continúa citando Deuteronomio 30:14: "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón" (Romanos 10:8). De hecho, "Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo" (Romanos 10:9–10, NTV).
Alcanzar la verdadera justicia o estar en paz con Dios implica satisfacer los requisitos morales del carácter de Dios. Este estándar de justicia es imposible de alcanzar por los seres humanos por sí mismos; es simplemente demasiado alto, como los cielos están muy por encima de la tierra. La buena noticia para la humanidad es que Dios ha venido a nosotros. Él nos ha preparado un camino mediante la expiación de los pecados por medio de Jesucristo y una nueva vida a través del Espíritu Santo que mora en nosotros (ver Colosenses 2:14; Romanos 8:3–4; Tito 3:4–7).
Pablo escribe: "Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley... Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere...Sin embargo, en su gracia, Dios gratuitamente nos hace justos a sus ojos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre" (Romanos 3:21–22, 24–25, NTV).
No podemos jactarnos ni atribuirnos el mérito de nuestra justicia "porque nuestra libertad de culpa y cargo no se basa en la obediencia a la ley. Está basada en la fe. Así que somos hechos justos a los ojos de Dios por medio de la fe y no por obedecer la ley" (Romanos 3:27–28, NTV; ver también Efesios 2:8–9).
Nadie puede ascender al cielo para alcanzar la justicia. Eso sería menospreciar a Cristo, ignorando su encarnación y el sacrificio redentor que hizo por nosotros. En cambio, "Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo" (2 Corintios 5:21, NTV). A través de Su muerte en la cruz, Jesús cambió nuestro pecado por Su justicia perfecta, satisfaciendo el requisito de justicia de Dios. Lo único que se nos pide es creer y confiar en Jesucristo como Salvador.
¿Quién ascenderá al cielo según Romanos 10:6?
