Pregunta
¿Sigue siendo Israel el pueblo elegido de Dios?
Respuesta
Sin lugar a dudas, Dios eligió a Israel para ser Su pueblo de una manera especial. Dios declaró abiertamente Su elección en Deuteronomio 7:6: "Porque tú eres pueblo santo para el Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo Suyo de entre todos los pueblos que están sobre la superficie de la tierra".
El siguiente versículo explica por qué Dios eligió a Israel: "El Señor no puso Su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor los amó y guardó el juramento que hizo a sus padres" (Deuteronomio 7:7-8a). La elección de Israel por parte de Dios no tuvo nada que ver con ellos, sino con Dios.
Una pregunta que surge a menudo es: "¿Sigue siendo Israel el pueblo elegido de Dios?". Después de todo, el Nuevo Testamento se refiere a todos los creyentes en Cristo como "escogidos de Dios, santos y amados" (Colosenses 3:12; cf. 1 Pedro 1:1), y, en Cristo, no hay diferencia entre judíos y gentiles (Gálatas 3:28).
Creemos que, si bien Dios obra a través de la Iglesia en esta era, Israel sigue siendo el pueblo de Dios de manera única. La base bíblica de esta afirmación se encuentra en los pactos y cánticos del Antiguo Testamento, la historia judía, las profecías bíblicas y la insistencia del Nuevo Testamento en que Dios es fiel.
Israel sigue siendo el pueblo de Dios: Los pactos
El pacto de Dios con Abraham le prometía tres cosas: una tierra, una descendencia y una bendición (Génesis 12:1-3). A través de la descendencia de Abraham, todo el mundo sería bendecido. En Génesis 13:15, Dios destaca la naturaleza perdurable de este pacto: "toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre". Es importante destacar que el pacto no dependía de la capacidad de Abraham para cumplirlo. De hecho, Abraham ni siquiera estaba consciente cuando Dios ratificó el pacto por sí mismo (Génesis 15). Dado que solo Dios asumió la responsabilidad de bendecir la descendencia de Abraham, el pacto era incondicional.
Dios reafirmó el pacto con Isaac, hijo de Abraham (Génesis 21:12; 26:3-4), y con Jacob, hijo de Isaac (Génesis 28:14-15). A partir de entonces, cada vez que Dios se refería a sí mismo como "el Dios de Abraham, Isaac y Jacob", se recordaba ese pacto. Dios decidió tener una relación perpetua con los descendientes de Abraham de generación en generación.
El pacto que Dios estableció con David (y, por consiguiente, con Salomón) fue igualmente una promesa unilateral e incondicional. Este pacto aseguraba a David por parte del Señor: "Asignaré también un lugar para Mi pueblo Israel, y lo plantaré allí a fin de que habite en su propio lugar y no sea perturbado de nuevo" (2 Samuel 7:10). Además, el Señor le aseguró que establecería una "casa" y un "reino" para David (v. 11-12). Finalmente, el Señor declaró la perdurabilidad de este pacto: "Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de Mí; tu trono será establecido para siempre" (v. 16).
Desde el principio, Israel ha mantenido una relación única y sagrada con Dios. Tanto el Pacto Abrahámico como el Pacto Davídico detallan las bendiciones especiales que Dios concedió a Israel, y se enseña que ambos pactos son eternos.
Israel sigue siendo el pueblo de Dios: Historia bíblica
El hecho de que Israel sea el pueblo de Dios se ve en su Éxodo de Egipto (Éxodo 3-13). Dios dividió el Mar Rojo para ellos (Éxodo 14). Se reunió con ellos en el monte Sinaí y les habló personalmente (Éxodo 19:16-19). Los sustentó durante cuarenta años en el desierto (Nehemías 9:21) y los llevó a la Tierra Prometida (Nehemías 9:22). A lo largo de todo ello, el trato de Dios hacia Israel se basó en Su fidelidad a los pactos que había hecho con ellos.
La relación única entre Israel y Dios se manifiesta en la naturaleza teocrática del primer gobierno de Israel. Israel iba a ser gobernado directamente por Dios. Moisés, Josué y los jueces actuaban como regentes e intermediarios (véase Jueces 8:23). Finalmente, los israelitas rechazaron ese arreglo en favor de un rey (1 Samuel 8:5-7). No obstante, aun durante el período monárquico, el Señor continuó morando en medio de Su pueblo en el tabernáculo y, posteriormente, en el templo (Éxodo 29:44-46; 2 Crónicas 7:15-16). El arca del pacto, que contenía una copia del pacto, se erigía como símbolo del trono de Dios, desde el cual Él gobernaba a Su pueblo, Israel.
Aunque el pueblo de Israel perseveró en la desobediencia y el Señor lo expulsó de la tierra bendita, Dios permaneció fiel a Sus promesas: "Pero en Tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque Tú eres un Dios clemente y compasivo" (Nehemías 9:31). De hecho, el Señor restauró a Israel en su tierra (véanse los libros de Esdras y Nehemías).
Israel sigue siendo el pueblo de Dios: Poesía bíblica
El tema de la elección de Israel por parte de Dios como Su pueblo se mantiene a lo largo del Libro de los Salmos. A continuación presentamos solo algunos ejemplos de esta verdad:
Porque el Señor ha escogido a Sión;
la quiso para Su habitación.
"Este es Mi lugar de reposo para siempre;
aquí habitaré, porque la he deseado" (Salmo 132:13-14).
Oh montañas empinadas, ¿por qué miran con envidia
al monte Sion, donde Dios decidió vivir,
donde el Señor vivirá para siempre? (Salmo 68:16, NTV)
Porque se acordó de Su santa palabra
dada a Abraham Su siervo,
y sacó a Su pueblo con alegría,
y a Sus escogidos con gritos de júbilo.
También les dio las tierras de las naciones,
y poseyeron el fruto del trabajo de los pueblos,
a fin de que guardaran Sus estatutos,
y observaran Sus leyes.
¡Aleluya! (Salmo 105:42-45)
Porque el Señor ha escogido a Jacob para Sí,
a Israel para posesión Suya. (Salmo 135:4)
Israel sigue siendo el pueblo de Dios: Las profecías
A lo largo de la historia de Israel, Dios se esforzó por mantener Su relación con Su pueblo elegido mediante los profetas. Elías, Isaías, Oseas, Ezequiel y otros proclamaron el llamado divino para que la nación abandonara sus caminos pecaminosos y volviera a Él. En términos inequívocos, los profetas advirtieron sobre las consecuencias de la desobediencia persistente. El pueblo elegido de Dios maltrató a los profetas e ignoró su mensaje (Hechos 7:52). A pesar de esa rebelión, Dios permaneció fiel a Su pueblo del pacto.
En un pasaje sobre la restauración de Israel, el profeta Isaías describe a la ciudad de Jerusalén como desesperada por la ayuda de Dios (Isaías 49:14). En respuesta, el Señor declara:
¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ella se olvidara, Yo no te olvidaré.
En las palmas de Mis manos, te he grabado;
tus muros están constantemente delante de Mí. (Isaías 49:15-16)
En un pasaje paralelo en el que promete la restauración de la nación de Israel, el profeta Jeremías relata la promesa de amor inquebrantable de Dios:
Con amor eterno te he amado,
por eso te he sacado con misericordia (Jeremías 31:3)
Más adelante, en el mismo contexto, el profeta Jeremías escribe al pueblo de Dios, Israel:
Así dice el Señor,
El que da el sol para luz del día,
y las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche,
El que agita el mar para que bramen sus olas;
El Señor de los ejércitos es Su nombre:
"Si estas leyes se apartan
de Mi presencia", declara el Señor,
"También la descendencia de Israel dejará
De ser nación en Mi presencia para siempre". (Jeremías 31:35-36)
El profeta Zacarías, que también aguardaba con ansias el día de la restauración, anuncia un acontecimiento que revela la gloria que espera a Israel en el futuro:
Así dice el Señor de los ejércitos: "En aquellos días diez hombres de todas las lenguas de las naciones tomarán el vestido de un judío, diciendo: ‘Iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes’". (Zacarías 8:23)
Israel sigue siendo el pueblo de Dios: El Nuevo Testamento
El apóstol Pablo responde directamente a la pregunta "¿Sigue siendo Israel el pueblo de Dios?" en Romanos 9-11. En este extenso pasaje, Pablo comienza expresando su profundo y sincero amor por sus hermanos judíos (Romanos 9:1-4). A continuación, ofrece una breve descripción de cómo Dios los bendijo y los utilizó para traer al Mesías al mundo (versículos 4-5).
Sin embargo, el apóstol Pablo señala que, a primera vista, podría parecer que Israel ha sido rechazado como pueblo de Dios. Tras siglos de rebelión, que culminaron con el rechazo de su propio Mesías (Hechos 2:36; 3:13-15), se ha producido un tropiezo y un endurecimiento del corazón (Romanos 9:6-33). Israel es celoso de Dios, pero no tiene un conocimiento verdadero de Él (Romanos 10:2). Intentan establecer su propia justicia mediante el cumplimiento de la ley y rechazan la justicia que viene por la fe en Cristo (Romanos 10:3-13). En todo esto, se han convertido en "un pueblo desobediente y rebelde" (Romanos 10:21, citando a Isaías 65:2).
Pablo formula la pregunta: "¿Rechazó Dios a su pueblo?". Y responde con firmeza: "¡De ningún modo! [...] Dios no ha desechado a Su pueblo, al cual conoció con anterioridad" (Romanos 11:1-2). Con anterioridad, en la misma carta, el apóstol había planteado lo mismo: "Entonces ¿qué? Si algunos [judíos] fueron infieles, ¿acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios? ¡De ningún modo! Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso" (Romanos 3:3-4). En consecuencia, las promesas de Dios a Israel permanecen firmes, a pesar de la infidelidad humana.
La expresión que el apóstol Pablo emplea para rechazar la idea de que Dios ha abandonado a Su pueblo es una negación sumamente enfática en griego (μὴ γένοιτο). Cuando afirma: "¡De ningún modo", (Romanos 11:1, Romanos 3:4), rechaza rotundamente cualquier idea de que Dios haya terminado con Israel. De hecho, el apóstol lo respalda con un argumento personal: "yo también soy israelita" (Romanos 11:1). Si Dios hubiera abandonado definitivamente a Su pueblo, Pablo no se habría salvado.
El resto de Romanos 11 ofrece una explicación del estado actual de Israel y del plan futuro de Dios para Su pueblo. En la actualidad, Israel ha experimentado un endurecimiento de corazón debido a su rechazo del Mesías (Romanos 11:7). Tropezaron con la verdad y han sido dejados de lado en el plan de Dios. Para usar la analogía de Pablo, las "ramas naturales" del olivo han sido dejadas de lado en favor de "un brote de olivo silvestre" que ha sido injertado en su lugar. En otras palabras, "por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles" (Romanos 11:11). Y aun esto tiene por fin alcanzar a los judíos: la salvación fue traída a los gentiles "para causarles celos [a Israel]" (v. 11).
Al explicar el "apartamiento" de Israel, el apóstol Pablo reitera solemnemente que ellos siguen siendo el pueblo del pacto de Dios: "Digo entonces: ¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ningún modo!". (Romanos 11:11). Al concluir su argumentación, el apóstol aclara aún más: "a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Así, todo Israel será salvo" (Romanos 11:25-26). Observen, por favor, tres aspectos importantes aquí:
1) El endurecimiento actual de Israel es parcial ("en parte").
2) La actual exclusión de Israel es temporal ("hasta").
3) El futuro de Israel implica la salvación.
Así es: Israel sigue siendo el pueblo elegido de Dios, aunque, debido a su actual estado de rebelión, haya sido temporalmente apartado del plan divino de bendecir al mundo. Dios es fiel. Mantendrá Sus promesas a Israel, pase lo que pase. Como enseña Romanos 11:29: "Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables". Sigamos, pues, el ejemplo del apóstol Pablo y alabemos a Dios por Su fidelidad: "A Él sea la gloria para siempre. Amén" (Romanos 11:36).
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