Pregunta
¿Qué enseña la Biblia acerca del cuidado de la salud?
Respuesta
La Biblia no aborda directamente el tema de la salud y, por supuesto, no dice nada sobre la medicina socializada u otros temas políticos relacionados con la salud moderna. Pero la Biblia es definitivamente pro-salud y nos exhorta a cuidar de nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos son creaciones de Dios y, para los creyentes, templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Lucas, quien escribió gran parte del Nuevo Testamento, era un profesional de la salud (Colosenses 4:14), y Pablo aconsejó una vez el tratamiento médico (1 Timoteo 5:23). Buscar el bienestar físico de los demás (y de uno mismo) es bueno y adecuado.
Los enfoques de la atención médica varían, y los creyentes tienen libertad en cuanto a las opciones de atención médica que eligen. Algunas personas tienen sus planes de salud cubiertos por su empleador. Otros optan por acudir a médicos holísticos que no están cubiertos por el seguro. Algunas personas se centran únicamente en la atención médica para casos catastróficos, asegurándose de que los gastos médicos importantes no les lleven a la bancarrota. Muchos cristianos optan por participar en cooperativas de atención médica o programas para compartir los gastos médicos, en los que se reúne dinero y se distribuye cuando surge una necesidad en uno de los miembros. Todas estas son opciones válidas para la atención médica. El objetivo es mantener el cuerpo en forma, en la medida de lo posible, para servir mejor y glorificar al Señor.
La Biblia menciona varios tratamientos médicos, todos los cuales son lo que hoy en día consideraríamos holísticos. La gente aplicaba vendajes a las heridas (Isaías 1:6), utilizaba aceite y vino como remedios para uso tópico (Santiago 5:14; Lucas 10:34) y utilizaba vino para las dolencias estomacales (1 Timoteo 5:23). Esto no significa que la cirugía moderna o los medicamentos sean antibíblicos, sino que, cuando se escribió la Biblia, esos tratamientos aún no se habían inventado. No hay razón para creer que no debamos utilizar todos los métodos a nuestro alcance para mejorar o corregir nuestra salud. Tampoco hay ningún mandato bíblico que prohíba participar en planes de seguro médico.
Es prudente planificar el futuro (Proverbios 6:6-8). "El hombre prudente ve el mal y se esconde, los simples siguen adelante y pagan las consecuencias" (Proverbios 27:12). Esta sabiduría se puede aplicar a la atención médica. Los hábitos saludables preventivos, como comer y dormir bien, beber suficiente agua y hacer ejercicio regularmente, mejorarán de manera constante la salud de cualquier persona y le darán la fuerza para hacer lo que Dios le ha encomendado, ya sea cuidar de un niño, escribir un libro o dirigir una empresa. Sin embargo, si no somos prudentes y dejamos que nuestro cuerpo se deteriore, corremos el riesgo de enfermarnos o lesionarnos, y eso puede dejarnos rápidamente fuera de combate.
Todo creyente, independientemente de su estado físico, tiene un propósito en el reino de Dios. El cuidado de la salud consiste en cuidar su cuerpo, su mente y sus emociones, es decir, a toda la persona, para que pueda alcanzar su máximo potencial, sea cual sea. Todos somos diferentes. Algunos son más fuertes y otros más débiles, pero todos tenemos una función. "Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos" (1 Corintios 12:14).
Cuidar la salud es bíblico e importante, ya que Dios nos creó como cuerpo, alma y espíritu. No debemos ignorar la salud del cuerpo. El cuidado de la salud, sea cual sea la forma que adopte, también es bíblico e importante. Los cristianos deben involucrarse en el cuidado preventivo de la salud y hacer planes para hacer frente a las lesiones y enfermedades antes de que se produzcan.
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¿Qué enseña la Biblia acerca del cuidado de la salud?
