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Pregunta

¿Por qué alguien que no provee para su familia es considerado peor que un incrédulo (1 Timoteo 5:8)?

Respuesta


En 1 Timoteo 5:1-16, el apóstol Pablo da instrucciones pastorales a Timoteo sobre cómo cuidar y apoyar a diferentes grupos de personas en la iglesia. Como regla general, los cristianos deben tratar a los miembros del cuerpo de Cristo como tratarían a los miembros de su propia familia (versículos 1-3). Sin embargo, las viudas deben recibir una consideración especial. Como parte de las instrucciones de Pablo con respecto a las viudas, le dice a Timoteo: "Pero si alguien no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo" (1 Timoteo 5:8).

Dios llama a los creyentes a ser irreprochables (Efesios 1:4), a brillar "como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta" (Filipenses 2:15, NTV). Una forma de hacerlo es cuidando a los miembros de nuestra familia, especialmente a los más necesitados y vulnerables. Pablo instruyó a Timoteo y a la iglesia a cuidar de las viudas indefensas: "Atiende a toda viuda que no tenga a nadie quien la cuide" (1 Timoteo 5:3, NTV). El apóstol enfatizó la responsabilidad de los creyentes de proveer para los suyos: "Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe" (Gálatas 6:10).

Si una viuda tenía parientes que eran seguidores de Jesucristo y miembros de la iglesia, entonces la responsabilidad de su cuidado pasaba de la iglesia a la familia. Pablo esperaba que Timoteo, como líder de la iglesia, instruyera a las familias para que apoyaran y cuidaran a sus padres ancianos. La persona que descuida una obligación tan importante, que "no provee para su familia", es "peor que un incrédulo", porque ha demostrado su falta de amor y la insinceridad de su fe. Es como aquellos en la iglesia que "profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena" (Tito 1:16). La afirmación de Pablo en 1 Timoteo 5 implica que incluso los incrédulos —aquellos que carecen de fe en Jesucristo y viven sin el Espíritu de Dios— tienen suficiente sentido común y compasión para cuidar y mantener a su propia familia.

A lo largo de la Palabra de Dios, el Señor honra y defiende a las viudas y a los huérfanos. Él es "Padre de los huérfanos y defensor de las viudas" (Salmo 68:5; ver también Salmo 146:9; Proverbios 15:25). Desde la antigüedad, las Escrituras han exigido justicia, amor y apoyo para las viudas y los huérfanos (Deuteronomio 10:18; 27:19; Salmo 140:12). Dios espera que Su pueblo brinde ayuda y protección a los necesitados (Éxodo 22:22; Deuteronomio 24:17). A través del profeta, el Señor clamó: "Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, reprendan al opresor, defiendan al huérfano, aboguen por la viuda" (Isaías 1:17).

El mismo Jesús mostró compasión y profunda preocupación por las viudas (Lucas 7:11-12; 18:1-8; Marcos 12:38-40, 41-44). Incluso mientras estaba colgado en la cruz, nuestro Señor confió el cuidado de Su madre viuda a Juan (Juan 19:26-27). Los primeros creyentes continuaron con las enseñanzas de las Escrituras y el ejemplo de Cristo, nombrando a siete líderes "llenos de fe" para supervisar el cuidado de las viudas en la iglesia de Jerusalén (Hechos 6:1-7). Santiago definió elocuentemente "la religión pura y verdadera a los ojos de Dios Padre" como "ocuparse de los huérfanos y de las viudas en sus aflicciones, y no dejar que el mundo te corrompa" (Santiago 1:27, NTV).

En la sociedad judía, los padres y los hijos tenían la obligación moral y legal de mantener a las hijas o madres viudas con su dote. Según las leyes sobre la dote, una viuda debía ser cuidada por la persona encargada de su dote. Por lo tanto, una viuda con familia no debería necesitar depender de la iglesia para su sustento. Por esta razón, Pablo le dijo a Timoteo: "Honra a las viudas que en verdad son viudas" (1 Timoteo 5:3; ver también 1 Timoteo 5:5).

En 1 Timoteo 5:4, Pablo sugiere dos sólidos incentivos para que los cristianos cuiden de sus familiares viudos. En primer lugar, así es como pagamos a nuestros padres y abuelos por cuidarnos cuando éramos pequeños. Y, en segundo lugar, "esto es algo que le agrada a Dios" (NTV). En opinión de Pablo, un cristiano que descuida esta expresión básica de compasión y amor familiar cae por debajo del nivel de los impíos, convirtiéndose en "peor que un incrédulo".

En la actualidad, no es raro que los ancianos y las viudas sean abandonados en centros de atención, descuidados por sus familias. Sin embargo, Pablo expresó en términos inequívocos el deber cristiano fundamental de honrar a sus padres (Efesios 6:1-3) y cuidar de sus familiares ancianos: "Aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los incrédulos" (1 Timoteo 5:8, NTV).

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