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Pregunta

¿Qué significa no devolver mal por mal (1 Pedro 3:9)?

Respuesta


En una enseñanza más amplia sobre lo que significa ser testigo de Jesucristo (1 Pedro 2:11—3:12), el apóstol Pedro se centra en las relaciones personales (1 Pedro 3:8–12). Aquí, enfatiza la armonía, la humildad y el amor. Pedro escribe: "no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición" (1 Pedro 3:9).

Anteriormente, Pedro presentó a Jesucristo como el ejemplo de los creyentes en no devolver mal por mal: "Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia" (1 Pedro 2:21-23, NTV).

Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos, hacer el bien a quienes nos odian, bendecir a quienes nos maldicen y orar por quienes nos maltratan (ver Lucas 6:27-38). Si Cristo nos llama a amar a nuestros enemigos, ¿cuánto más estamos llamados a amar a nuestros hermanos y hermanas en el Señor? El apóstol Pablo repitió la enseñanza de Pedro: "Bendigan a los que los persiguen. Bendigan, y no maldigan. Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran. Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes. No sean sabios en su propia opinión. Nunca paguen a nadie mal por mal" (Romanos 12:14-17; ver también 1 Tesalonicenses 5:15).

No devolver mal por mal significa abstenerse de tomar represalias o buscar venganza contra quienes nos hacen daño o nos maltratan. En lugar de responder a los insultos o las malas acciones con más insultos o malas acciones, se instruye a los cristianos a mostrar bondad y perdón, y a bendecir a los demás, devolviendo bien por mal. Esta actitud concuerda con la instrucción de Jesús en Mateo 5:38-48, donde enseña a Sus discípulos a amar a sus enemigos y a no resistirse al mal: "a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa" (versículos 39-40).

Jesús, Pedro y Pablo comprendieron que quienes hicieran la voluntad de Dios sufrirían una intensa persecución. Los tres enfatizaron que los creyentes deben buscar la paz, perseguirla activamente y mantener un buen comportamiento incluso ante el mal, la hostilidad y la persecución. Esa respuesta contracultural ante el agravio de otra persona rompe el ciclo de la venganza y demuestra un carácter semejante al de Cristo.

No devolver mal por mal es actuar basándose en la misericordia, que es como Dios nos ha tratado (Lamentaciones 3:22-23; Romanos 5:8; Efesios 2:4-5; Tito 3:5; 1 Pedro 1:3). Jesús dijo: "Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso" (Lucas 6:36). Dios no "nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande Su misericordia para los que le temen. Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones" (Salmo 103:10-12).

Jesús dijo que el maltrato y las persecuciones que soportamos en esta vida solo aumentan nuestras bendiciones y recompensas en el cielo: "Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes" (Mateo 5:10-12).

Cuando las personas nos hacen daño, es natural que queramos hacerles daño a ellos también y tratar de vengarnos. Esta es una reacción humana normal, arraigada en nuestro instinto de protegernos a nosotros mismos. Sin embargo, esa respuesta solo es natural para aquellos que dependen de sí mismos y no han reconocido que Dios tiene el control de cada situación. Pedro les recuerda a los cristianos que están llamados a ser una bendición para el mundo y para sus hermanos en la fe. Deben ejemplificar el amor, la misericordia y la humildad de Cristo ante las pruebas. Si son heridos, insultados o perseguidos, deben confiar profundamente en Dios y en Su control soberano sobre todas las circunstancias de sus vidas. Para tales creyentes, hay otra respuesta, perfectamente demostrada por Jesucristo: no devolver mal por mal o insulto por insulto, sino responder con bien.

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