Pregunta
¿Qué significa que los Suyos no lo recibieron (Juan 1:11)?
Respuesta
El Evangelio de Juan comienza con un prólogo extraordinario (Juan 1:1–18) acerca de Jesucristo, la Palabra eterna de Dios hecha carne. En estos versículos, el apóstol Juan presenta temas clave sobre la identidad de Jesús, Su misión y cómo fue recibido—o rechazado—por las mismas personas que Él creó. En este último punto, Juan escribe: "A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron" (Juan 1:11).
Juan 1:1–18 presenta a Jesús como la Palabra eterna, preexistente y encarnada de Dios. La vida en Él era "la Luz de los hombres", y la luz no es vencida por las tinieblas (Juan 1:4–5). El testimonio de Juan el Bautista acerca del Mesías que venía (Juan 1:6–8) y la posterior entrada de la luz verdadera en el mundo (Juan 1:9–10) preparan el escenario para la trágica ironía del versículo 11.
Las palabras traducidas como "a lo Suyo vino" en Juan 1:11 también se pueden entender como "a lo que le pertenecía" o "a Su propio dominio". Es decir, Él vino a lo que era Suyo—Su mundo, Su creación, Su posesión—. Luego, Juan pasa de "lo Suyo" (el mundo) a "los Suyos" (el pueblo judío), intensificando la tragedia del rechazo.
La encarnación de Jesús fue un acto de condescendencia divina que abrió un puente entre Dios y nosotros; sin embargo, Jesús fue recibido con oposición, hostilidad y rechazo por aquellos a quienes vino a salvar. La oposición del mundo a la luz y a la verdad es un tema constante en el Evangelio de Juan.
El tema del rechazo en el Evangelio de Juan refleja varios pasajes del Antiguo Testamento en los que Israel no obedece los mandamientos de Dios. Por ejemplo: "Extendí Mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde, que anda por el camino que no es bueno, en pos de sus pensamientos. Es un pueblo que de continuo me provoca en Mi propio rostro" (Isaías 65:2–3; ver también Jeremías 7:25–26).
El rechazo de Jesús por parte de Su propio pueblo cumple en parte las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías sufriente (Isaías 53). Este rechazo también resalta la necesidad de la fe en Cristo para la vida eterna. Juan contrasta el rechazo con la aceptación. Aunque muchos rechazaron a Cristo, hubo otros "que creyeron en Su nombre", y así llegaron a ser "hijos de Dios" (Juan 1:12).
El prólogo de Juan presenta a Jesús como la luz que da vida, símbolo de presencia, poder y promesa (cf. Salmo 27:1). El mundo no puede comprender ni recibir la luz (Juan 1:5). Esta verdad alcanza su punto culminante en el versículo 11, mostrando la profundidad de nuestra ceguera espiritual. Aunque Él nos formó con Sus propias manos, no reconocimos a nuestro Creador y Redentor.
Juan 1:11 describe la revelación de Dios en Jesucristo y el rechazo por parte de Su propio pueblo. Este versículo nos ayuda a comprender la identidad y la misión de Jesús, así como la naturaleza de la fe y la incredulidad. También nos recuerda el costo de la encarnación, la profundidad de nuestro pecado y el inmenso amor de Dios por personas que no lo amaron.
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¿Qué significa que los Suyos no lo recibieron (Juan 1:11)?
