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Pregunta

¿Qué significa jurar falsamente (Mateo 5:33)?

Respuesta


En su revolucionario Sermón del Monte, Jesús enseñó una forma radicalmente nueva de vivir y pensar basada en los valores del reino. Sus enseñanzas solían contrastar marcadamente con las interpretaciones habituales de la ley del Antiguo Testamento. Un ejemplo tiene que ver con los juramentos y los votos: "También han oído que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Seño. Pero Yo les digo: no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien, sea el hablar de ustedes: "Sí, sí" o "No, no"; porque lo que es más de esto, procede del mal". (Mateo 5:33–37).

"Jurar falsamente" significa decir a sabiendas una falsedad al hacer una promesa, un juramento o un voto; o hacer un juramento y luego no cumplirlo, especialmente cuando se invoca a Dios como testigo de sus palabras. Jurar en falso equivale a cometer perjurio o mentir bajo juramento. En los tiempos bíblicos, las personas solían hacer juramentos para dar fe de su veracidad o para demostrar su compromiso con una acción en particular.

La ley del Antiguo Testamento advertía contra los juramentos falsos: "un hombre que hace un voto al Señor o una promesa bajo juramento jamás deberá faltar a su palabra. Tiene que cumplir exactamente con lo que dijo que haría" (Números 30:2, NTV; ver también Levítico 19:12; Deuteronomio 23:23). En la época de Jesús, los fariseos habían tergiversado y oscurecido gravemente este mandamiento contra el juramento falso, creando un sistema de vacíos legales que les permitía eludir el requisito de Dios de decir la verdad. En lugar de usar el santo nombre de Dios, juraban por el cielo, la tierra, Jerusalén o alguna parte de su cuerpo. Jesús revirtió esta mentalidad deshonesta en Mateo 5:33–37, instando a Sus seguidores no solo a evitar jurar en falso, sino a ser tan honestos que los juramentos resultaran innecesarios. Insistió en que un simple "sí" o "no" debía ser digno de confianza y suficiente.

Santiago repite la enseñanza de Cristo: "Y sobre todo, hermanos míos, no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no, para que no caigan bajo juicio" (Santiago 5:12).

Warren Wiersbe escribe: "Jesús enseñó que nuestra conversación debe ser tan honesta, y nuestro carácter tan verdadero, que no necesitaríamos "muletas" para que la gente nos creyera. Las palabras dependen del carácter, y los juramentos no pueden compensar un carácter deficiente" (The Bible Exposition Commentary, vol. 1, Victor Books, 1996, p. 24).

La Biblia hace hincapié en la integridad y la veracidad en todo discurso (ver Zacarías 8:16; Salmo 15:1–5; Proverbios 12:22; 23:23; 1 Timoteo 1:10). Pablo escribe: "Dejen de mentirse los unos a los otros" (Colosenses 3:9) y "hablen verdad cada cual con su prójimo" (Efesios 4:25).

Dios se complace en la verdad y la honestidad, que son marcas de un carácter recto, y espera que Sus hijos reflejen estas cualidades. Jesús nos llama a un nivel más alto: la honestidad en cada palabra y acción, de modo que no haya necesidad de hacer promesas elaboradas ni juramentos.

Hoy en día, "jurar falsamente" sigue refiriéndose a mentir bajo juramento, romper promesas o asumir compromisos falsos, ya sea en un contexto legal, personal o espiritual. El principio que Jesús enseñó en su Sermón del Monte sigue vigente hoy: los seguidores de Cristo deben ser personas de palabra, con integridad y veracidad que guíen todas sus palabras.

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