Pregunta
¿Qué significa dando fruto en toda buena obra (Colosenses 1:10)?
Respuesta
Al saludar a la iglesia de Colosas, el apóstol Pablo ora para que los creyentes de allí "sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios" (Colosenses 1:9-10).
En el contexto de la vida cristiana, "dar fruto" es una metáfora de vivir de una manera que produzca resultados o frutos agradables a Dios. En Colosenses 1:10, el verbo griego (karpophorountes) traducido como "dando fruto" (NBLA) o "producirán toda clase de buenos frutos" (NTV) se refiere a "producir fruto" o "ser fértil". El Logos Bible Sense Lexicon destaca el significado matizado en la lengua original del término, que es "producir acciones y consecuencias naturales acordes con la propia naturaleza; concebido como un árbol que da fruto según su especie".
Del mismo modo que las manzanas maduras y jugosas son la evidencia visible de un manzano sano, las buenas obras son la evidencia visible de una fe en Cristo sana y en crecimiento. Jesús dijo: "Yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada" (Juan 15:5, NTV). Dios nos eligió y nos designó para "que [vayamos] y [produzcamos] frutos duraderos" (Juan 15:16, NTV). Si somos seguidores de Cristo, produciremos las obras que Él realizó como evidencia de Su vida en nosotros.
Agradar a Dios es el objetivo de la vida cristiana. Una forma de agradarle es siendo fructíferos en toda buena obra. Esto no significa que debamos esforzarnos, preocuparnos y trabajar hasta el agotamiento por Dios; más bien, debemos permitir que Dios obre en nosotros y a través de nosotros "para Su buena intención" (Filipenses 2:13).
Las buenas obras no son el medio para alcanzar la salvación; más bien, son la consecuencia natural de nuestra salvación y nuestra devoción a Jesucristo. Las buenas obras no tienen tanto que ver con nuestras acciones como con nuestro carácter interior. Brotan de estar "llenos del fruto de [nuestra] salvación—es decir, el carácter justo que Jesucristo produce en [nuestra] vida— porque esto traerá mucha gloria y alabanza a Dios" (Filipenses 1:11, NTV). Las buenas obras agradan a Dios porque son para lo que Él nos creó: "Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas" (Efesios 2:8–10).
Ser fructíferos en toda buena obra significa reflejar la vida de Cristo en nuestras acciones y comportamientos. En primer lugar, debemos entregarle plenamente nuestra voluntad, para que Él pueda llenarnos de todo lo que necesitamos para abundar en buenas obras (ver 2 Corintios 9:8). Luego, debemos dejarnos guiar continuamente por el Espíritu de Dios, para que Él pueda reproducir el fruto de Cristo en nuestras vidas (ver Gálatas 5:16–26).
Ser fructíferos en toda buena obra implica crecer en el conocimiento de Dios y de su Palabra. Pablo escribe: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra" (2 Timoteo 3:16–17, NTV). A medida que profundizamos nuestra relación con Dios a través de Su Palabra, nos vemos mejor equipados y capacitados para realizar buenas obras.
El crecimiento en el conocimiento de la Palabra de Dios debe ir acompañado de la obediencia. Santiago exhorta: "Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos... Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, este será bienaventurado en lo que hace" (Santiago 1:22, 25).
Dar fruto en toda buena obra no ocurre automáticamente. El fruto debe cultivarse mientras permanecemos dependientes de la vida de Cristo en nosotros. Este proceso de dar buen fruto demuestra el discipulado a medida que crecemos en madurez espiritual y nos hacemos cada vez más semejantes a Cristo (ver Filipenses 3:12–14; Romanos 8:29; Efesios 4:22–24; 1 Juan 2:6). Muestra al mundo que somos seguidores de Jesús y dirige a los no creyentes hacia Él (Mateo 5:14–16; 7:16–20; Juan 15:8; 1 Pedro 2:12).
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¿Qué significa dando fruto en toda buena obra (Colosenses 1:10)?
