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Pregunta

¿Qué implica "crean que ya las han recibido", tal como enseña Marcos 11:24?

Respuesta


Después de que Jesús purifica el templo, declarando que es una "casa de oración" (Marcos 11:17), enseña brevemente sobre la relación entre la fe y la oración: "En verdad les digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido. Por eso les digo que todas las cosas por las que oren y pidan, crean que ya las han recibido, y les serán concedidas" (Marcos 11:23–24).

Jesús explica que la fe en Dios puede mover montañas, pero que la duda puede obstaculizar nuestras oraciones (Marcos 11:22–23). A continuación, les dice a Sus discípulos que pueden orar por cualquier cosa, "y si creen que la han recibido, será suya" (Marcos 11:24, NTV). El verbo creer aquí significa "poner la confianza en algo". Es lo contrario de la duda o la desconfianza. Jesús está haciendo hincapié en la importancia de depositar nuestra confianza constante en Dios y de confiar en Él para la respuesta a nuestras peticiones. Debemos aprender a confiar nuestras oraciones a un Padre celestial que "sabe exactamente lo que [necesitamos], incluso antes de que se lo [pidamos]" (Mateo 6:8, NTV).

Creer que lo has recibido es tener confianza en el cumplimiento de una oración antes de que realmente suceda. Solo podemos hacer esto cuando dependemos por completo de Dios, el único que tiene el poder de escuchar y responder a la oración.

Es importante comprender que cuando Jesús dijo: "crean que ya las han recibido, y les serán concedidas", no nos estaba dando un cheque en blanco para obtener todo lo que queramos. Dado que esta no fue la única enseñanza de Cristo sobre la oración, debemos sopesarla con todo lo que la Palabra de Dios revela sobre el tema. Por ejemplo, en el Padrenuestro, Jesús nos enseña a orar para que se haga la voluntad de Dios (ver Mateo 6:10). El apóstol Juan nos exhorta a ajustar nuestros deseos y peticiones a la voluntad de Dios: "Esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho" (1 Juan 5:14–15).

La oración es más que una respuesta de emergencia en tiempos de crisis. Debe reflejar nuestra conexión permanente con el Padre, al permanecer en Su amor y obedecer Sus mandamientos (ver Juan 15:7–14). La oración genuina implica nuestra comunión continua con Dios y nuestra adoración a Él.

Creer que lo has recibido es la actitud de oración de un alma entregada a la voluntad de Dios (Mateo 26:42; Romanos 12:2), a Su Palabra (1 Juan 3:22) y a Su Espíritu (Romanos 8:26–27). Es a través de nuestra comunión con el Señor en la oración como se desarrolla nuestra fe. Andrew Murray escribe: "Es en la oración donde elevamos nuestro deseo a la luz de la Santa Voluntad de Dios, donde se ponen a prueba nuestros motivos y se nos da la prueba de si realmente pedimos en el nombre de Jesús y solo para la gloria de Dios. Es en la oración donde esperamos que la guía del Espíritu nos muestre si estamos pidiendo lo correcto y con el espíritu adecuado. Es en la oración donde tomamos conciencia de nuestra falta de fe, donde somos llevados a decirle al Padre que creemos, y donde demostramos la realidad de nuestra fe mediante la confianza con la que perseveramos" (Con Cristo en la escuela de la oración; Reflexiones sobre nuestra formación para el ministerio de la intercesión, The Rodgers Company, s. f., págs. 87–88).

Creer que lo has recibido implica una expectativa segura de que Dios escucha y responde a nuestras oraciones incluso antes de que veamos alguna evidencia física de una respuesta. Es un llamado a confiar en las promesas de Dios (ver Mateo 7:7; Juan 14:13–14; 15:16) y en Su carácter (Isaías 26:3–4; Salmo 9:10). En lugar de confiar en pruebas visibles, descansamos en la fidelidad de Dios. Sabemos que podemos contar con Él para que haga lo mejor para nosotros (ver Romanos 8:28). Creer que nuestras peticiones están en manos de Dios nos trae paz y disipa la ansiedad. A medida que pasamos de una mentalidad de duda e incertidumbre a una de fe y gratitud, damos gracias a Dios por las respuestas incluso antes de que se manifiesten (Filipenses 4:6–7).

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