Pregunta
¿Qué determina si una persona va al cielo o al infierno?
Respuesta
Juan 3:16–18 dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios". Aparte de la obra de Jesucristo, todo ser humano está condenado a una eternidad en el infierno (Apocalipsis 20:15). Pero Dios ofrece gratuitamente el regalo del cielo. Lo que determina si una persona va al cielo o al infierno por toda la eternidad es si esa persona se ha reconciliado con Dios por medio de Jesucristo (Romanos 4; Gálatas 3:23–29; Hebreos 11).
Ir al infierno es la condición predeterminada de la humanidad. Ir al cielo es el regalo gratuito de la gracia de Dios, recibido por medio de la fe y ofrecido a todas las personas (Efesios 2:1–10). Dios quiere reconciliar a las personas consigo mismo, por eso proveyó el camino (Juan 14:6). Él invita a todos a entrar al cielo.
Ir al cielo o al infierno tiene mucho que ver con el acto de rescate de Dios. Cuando Dios creó el mundo, todo era muy bueno (Génesis 1:31). Creó a la humanidad a Su imagen. Proveyó alimento, pero también dio un mandato: había un árbol del cual no podían comer. Debían confiar en Su provisión, obedecer Sus palabras, permanecer en comunión con Él y disfrutar la plenitud de la vida. Pero también podían desobedecer, y esa desobediencia traería muerte (Génesis 2:15–17; Romanos 6:23).
Adán y Eva, los primeros seres humanos, comieron del fruto prohibido (Génesis 3). A este acto de rebelión comúnmente se lo llama "pecado original", y sus efectos han permanecido. Nuestra relación con Dios, con los demás y con la creación se quebró. La muerte se convirtió en una realidad en nuestro mundo. El pecado de Adán se extendió a toda la humanidad (Romanos 5:12).
Pero aun cuando Dios expuso las consecuencias de la desobediencia, prometió un Salvador (Génesis 3:15, 21). Vendría alguien que finalmente restauraría a la humanidad delante de Dios.
Ese Salvador es Jesucristo. Jesús es "Emanuel", "Dios con nosotros" (Mateo 1:20–23). Es plenamente Dios y plenamente humano. El Espíritu Santo lo concibió, y nació de una virgen llamada María. Dios vino en carne (1 Juan 4:2). El Creador entró en Su creación para reconciliarla consigo mismo (Colosenses 1:15–19).
Jesús vivió una vida plenamente humana. Fue tentado como nosotros, pero obedeció perfectamente a Dios (Romanos 5:12–21; Hebreos 4:14–16). Voluntariamente murió en la cruz como pago por nuestro pecado (Juan 10:17–18; Hebreos 9:14—10:18; 1 Pedro 3:18). Desde la cruz declaró: "Consumado es" (Juan 19:30). Luego resucitó de entre los muertos, demostrando que Él es quien dijo ser y que venció al pecado y a la muerte (1 Corintios 15:3–8, 50–57). Todos los que creen en Él reciben perdón (Colosenses 2:13–15). Él toma su pecado y les concede Su justicia (2 Corintios 5:18–21; Efesios 2:1–10). Por ese perdón, ellos irán al cielo.
Así que el destino eterno de una persona—cielo o infierno—se relaciona con Dios y con la respuesta al rescate que Él ofrece. Dios entrega gratuitamente el don de estar con Él por toda la eternidad. Llama a todos a creer, a recibir Su salvación y a vivir la plenitud de la vida en Él (Hebreos 4:1–13).
¿Sabes con certeza si irás al cielo o al infierno? Si no lo sabes, resuelve esa cuestión hoy. Si tienes preguntas sobre quién es Dios o qué es la salvación, busca respuestas. Si entiendes que estás separado de Dios y que Él proveyó el medio para el perdón y la reconciliación, recibe hoy Su oferta de salvación por fe. Romanos 10:9–10 dice: "Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación".
No existe una oración especial que debas repetir como fórmula. Sin embargo, si quisieras un ejemplo de cómo orar para recibir el regalo de Dios, podría ser algo como esto:
“Dios, sé que he pecado contra Tus caminos y que merezco ser juzgado. Sé que Tú eres amoroso, misericordioso, justo y fiel. Creo que Tú has hecho posible la reconciliación. Creo que Jesús es el único Salvador, y me rindo ante Él como Señor. Creo que Él es plenamente Dios y plenamente hombre; que vivió una vida perfecta; que murió en la cruz por mis pecados; y que resucitó de entre los muertos. Creo que Su sacrificio es suficiente, y que Su justicia puede aplicarse a mí. Por favor, perdóname. Por favor, hazme Tu hijo por medio de Jesucristo. Por favor, dame Tu Espíritu y completa en mí Tu obra. Gracias por Tu salvación. Amén”.
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¿Qué determina si una persona va al cielo o al infierno?
