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Pregunta

¿Qué es una casa no hecha por manos en 2 Corintios 5:1?

Respuesta


En 2 Corintios 5:1-8, el apóstol Pablo habla de la esperanza futura y la gloriosa realidad que les espera a los creyentes en el cielo. Comienza describiendo una morada espiritual y eterna que Dios ha preparado para los creyentes después de que mueran y dejen esta tierra: "Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos" (2 Corintios 5:1).

En este pasaje, Pablo se refiere explícitamente al cuerpo del creyente. El cuerpo temporal —la "tienda"— será destruido, pero el cuerpo resucitado —la "casa no hecha por manos"— será eterno (ver Filipenses 3:21; Romanos 8:11, 23).

Siendo fabricante de tiendas de profesión (Hechos 18:1-3), Pablo consideraba que la tienda (skēnous en griego) era una analogía adecuada para la naturaleza temporal de nuestros actuales cuerpos terrenales y mortales. El cuerpo humano es temporal, débil y propenso a la descomposición, al igual que las estructuras simples, insustanciales y no permanentes que Pablo fabricaba con sus manos. Las tiendas tienen una función, pero no están destinadas a ser lugares de residencia permanentes. Por el contrario, nuestros futuros cuerpos celestiales serán permanentes, hermosos y gloriosos. Son nuestro "hogar eterno" que nunca mostrará signos de debilidad o decadencia (ver Filipenses 3:20-21). Han sido "[hechos] para nosotros por Dios mismo y no por manos humanas" (2 Corintios 5:1, NTV).

En otra parte, Pablo compara aún más nuestros cuerpos terrenales con nuestros futuros cuerpos celestiales: "La gloria de los cuerpos celestiales es diferente de la gloria de los cuerpos terrenales...Nuestros cuerpos son enterrados en deshonra, pero serán resucitados en gloria. Son enterrados en debilidad, pero serán resucitados en fuerza. Son enterrados como cuerpos humanos naturales, pero serán resucitados como cuerpos espirituales. Pues, así como hay cuerpos naturales, también hay cuerpos espirituales...Lo que primero viene es el cuerpo natural, y más tarde viene el cuerpo espiritual" (1 Corintios 15:40-46, NTV).

En este momento, vivimos en una tienda terrenal, pero nuestro hogar permanente es una casa y "nuestra ciudadanía está en los cielos" (Filipenses 3:20). Esta "casa no hecha por manos humanas" es duradera, construida para resistir todas las tormentas, y espiritual. Debido a que es "una construcción de Dios", es Su regalo: el regalo de la vida eterna (Juan 3:16; 4:10; Romanos 6:23; 2 Corintios 9:15; Efesios 2:8-9). Pablo explica: "nuestros cuerpos físicos no pueden heredar el reino de Dios. Estos cuerpos que mueren no pueden heredar lo que durará para siempre" (1 Corintios 15:50, NTV). Para vivir eternamente, "nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos inmortales" (1 Corintios 15:54, NTV). Mientras estamos en la tierra, una transformación espiritual interna comienza en el momento de la salvación y continúa durante toda nuestra vida a través del proceso de santificación (Juan 17:17; Romanos 6:3-10; 8:29; 2:1-21; 1 Corintios 1:2). Pero la transformación externa de nuestros cuerpos no tendrá lugar hasta la resurrección.

La mención de Pablo de una casa no hecha por manos humanas enfatiza la esperanza de la vida de resurrección y la seguridad de la vida eterna con Dios. Esto refleja la descripción que hizo Jesús de Su propio cuerpo resucitado. Previendo Su muerte y resurrección, Jesús dijo: "Yo destruiré este templo hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manos" (Marcos 14:58).

Como cristianos, no debemos temer a la muerte ni a la destrucción de nuestros cuerpos. No importa lo que suceda con estas tiendas mortales en las que vivimos ahora, heredaremos cuerpos glorificados e imperecederos. La casa no hecha por manos humanas en la que moraremos completa la transformación y la redención que viene a través de la fe en Jesucristo. Después de resucitar, Jesús dijo a Sus discípulos: "porque Yo vivo, ustedes también vivirán" (Juan 14:19). Puesto que Jesús resucitó de entre los muertos y está vivo, sabemos que la muerte no puede reclamarnos. Viviremos para siempre con Él (Romanos 5:10; Efesios 2:5; Apocalipsis 20:4).

Un día, esta tienda será desmontada. Cuando muramos, nuestros cuerpos físicos serán destruidos. Irán a la tumba y volverán al polvo (ver Génesis 3:19; Salmos 90:3; Job 34:15). Pero nuestro espíritu irá a estar con Cristo (ver Eclesiastés 12:7; Filipenses 1:20-24; 2 Corintios 5:8-10; 2 Pedro 1:13). Entonces, cuando Jesús regrese por Su iglesia, resucitará nuestros cuerpos muertos en gloria. El cuerpo y el espíritu se unirán para toda la eternidad, formando un edificio glorioso de Dios, una casa no hecha por manos humanas (1 Corintios 15:35-58; 1 Tesalonicenses 4:13-18).

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