Pregunta
¿Quiénes son los bienaventurados que hacen Sus mandamientos (Apocalipsis 22:14)?
Respuesta
Uno de los temas de Apocalipsis 22, el capítulo final de la Biblia, es el regreso de Jesucristo y el cumplimiento de las promesas de Dios. En el pasaje, Juan describe a los redimidos como aquellos que entrarán en la Nueva Jerusalén. Escribe: "Bienaventurados los que hacen sus mandamientos, para que su potencia y potestad sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la Ciudad" (Apocalipsis 22:14, JBS). Estos bienaventurados son los que han sido hechos justos por la fe en Jesucristo. Su obediencia a los mandamientos de Dios no es la base de su salvación, sino la evidencia de ella.
Esta relación entre la salvación y la obediencia es un tema constante en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento enseña que la obediencia a Dios no es el medio para la salvación de una persona, sino su resultado. Pablo lo explica claramente: "Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8–9). Continúa explicando que las buenas obras son fruto de la salvación: "Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas" (Efesios 2:10).
Jesús afirma esta relación entre salvación y obediencia en Sus enseñanzas. Las palabras de Juan en Apocalipsis 22:14, "Bienaventurados los que hacen sus mandamientos", hacen eco de las enseñanzas de Jesús sobre las bendiciones que provienen de obedecer a Dios. En cierta ocasión, cuando una mujer declaró que María era bienaventurada por ser la madre de Jesús, Él respondió: "Al contrario... dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan" (Lucas 11:28). Del mismo modo, después de lavar los pies a los discípulos, Jesús dijo: "Si saben esto, serán felices si lo practican" (Juan 13:17).
La obediencia conlleva bendición, y Juan revela una de sus mayores recompensas: el acceso al árbol de la vida. En el Génesis, Dios colocó el árbol de la vida en el Jardín del Edén, pero impidió que Adán y Eva se acercaran a él después de que le desobedecieran (Génesis 3:22). Colocó querubines y una espada encendida para guardar el camino, impidiéndoles regresar (Génesis 3:24). Sin embargo, Juan revela que, en la Nueva Jerusalén, los justos volverán a tener acceso al árbol de la vida. La promesa es la restauración completa y la vida eterna en la presencia de Dios.
Además de tener acceso al árbol de la vida, los redimidos son bendecidos con el privilegio de "entrar por las puertas en la Ciudad". En Apocalipsis 21, Juan describe los nuevos cielos y la nueva tierra, con la Nueva Jerusalén como morada de Dios en medio de Su pueblo. Escribe: "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo" (Apocalipsis 21:2). Todos los que habitan en la Nueva Jerusalén son ciertamente bienaventurados.
La frase "bienaventurados los que hacen sus mandamientos" es objeto de una variante textual en los manuscritos griegos del Apocalipsis. Una variante textual es una diferencia de redacción entre los manuscritos griegos. Algunos manuscritos contienen esta frase, mientras que otros tienen una lectura diferente. Por este motivo, las distintas traducciones de la Biblia pueden diferir al reflejar la redacción de los manuscritos griegos específicos que siguen.
Entre las traducciones en español, solo algunas versiones como la Reina-Valera Actualizada (RVA) y la Biblia del Jubileo (JBS) siguen la lectura que dice: "Bienaventurados los que hacen [o guardan] sus mandamientos", la cual proviene de la tradición manuscrita conocida como Textus Receptus. En cambio, la mayoría de las traducciones modernas, como la Nueva Versión Internacional (NVI), la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) y la Biblia Dios Habla Hoy (DHH), reflejan el texto crítico Nestle-Aland, que lee: "Bienaventurados los que lavan sus ropas".
Aunque la redacción difiere, la idea sigue siendo que somos hechos justos por la muerte y resurrección de Jesús. "Lavar las vestiduras" simboliza la purificación del pecado, y "hacer sus mandamientos" pone de relieve la obediencia que se deriva de la salvación. Ambas descripciones se refieren a los redimidos, los que entrarán en la Nueva Jerusalén y disfrutarán de la vida eterna.
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¿Quiénes son los bienaventurados que hacen Sus mandamientos (Apocalipsis 22:14)?
