Pregunta
¿Tenemos una hora señalada para la muerte?
Respuesta
La Biblia dice que "en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos" (Salmo 139:16). Dios lo sabe todo acerca de nosotros (Salmo 139:1-6), incluso cuándo, dónde y cómo moriremos. Por lo tanto, sí, parece que tenemos un tiempo señalado para la muerte.
En la queja de Job contra Dios, alimentada por el sufrimiento, él menciona el papel de Dios en el momento de la muerte:
"Ya que sus días están determinados,
El número de sus meses te es conocido,
Y has fijado sus límites para que no pueda pasarlos" (Job 14:5).
O, como lo expresa la Nueva Traducción Viviente:
"Tú has determinado la duración de nuestra vida.
Tú sabes cuántos meses viviremos,
y no se nos concederá ni un minuto más".
Según este versículo, la duración de nuestras vidas está decretada por Dios, quien ha determinado nuestros días. Una persona tiene "límites establecidos" respecto al tiempo que vivirá en la tierra. Nadie puede alterar el decreto de Dios ni prolongar su vida más allá de lo que Él ha determinado.
Es importante notar que ninguno de nosotros conoce el momento de su muerte. Ese conocimiento pertenece solo a Dios. La posible excepción es el milagro que Dios realizó con el rey Ezequías en Isaías 38. El rey estaba enfermo "y a punto de morir" (Isaías 38:1). Angustiado, oró al Señor, y Dios respondió por medio del profeta Isaías: "He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a añadir quince años a tus días" (v. 5). Esta es la única ocasión conocida en la que alguien supo de antemano cuánto tiempo viviría y, además, el único caso explícito de una vida prolongada por Dios. La singularidad del milagro se confirma con la señal que lo acompañó: la sombra del reloj de sol retrocedió (vv. 7-8).
Así, el salmista declara: "Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos" (Salmo 139:16). Y Job 14:5 dice que "[los días del hombre] están determinados" y el número de meses "te es conocido". En otras palabras, Dios es soberano y ha planificado nuestras vidas, lo cual incluye un tiempo señalado para la muerte. Aun así, basándonos en la historia del rey Ezequías, no está mal orar para que la vida se prolongue, para que la enfermedad sea retirada y la salud restaurada.
Como no conocemos el número de nuestros días, debemos vivir cada día para Dios. Santiago 4:13-15 ofrece sabiduría práctica: "Oigan ahora, ustedes que dicen: "Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia". Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello". Debemos tomar decisiones sabias sobre cómo vivimos y cómo nos cuidamos. Y, en última instancia, confiamos en la soberanía de Dios en todas las cosas, incluido el momento de nuestra muerte.
En la queja de Job contra Dios, alimentada por el sufrimiento, él menciona el papel de Dios en el momento de la muerte:
"Ya que sus días están determinados,
El número de sus meses te es conocido,
Y has fijado sus límites para que no pueda pasarlos" (Job 14:5).
O, como lo expresa la Nueva Traducción Viviente:
"Tú has determinado la duración de nuestra vida.
Tú sabes cuántos meses viviremos,
y no se nos concederá ni un minuto más".
Según este versículo, la duración de nuestras vidas está decretada por Dios, quien ha determinado nuestros días. Una persona tiene "límites establecidos" respecto al tiempo que vivirá en la tierra. Nadie puede alterar el decreto de Dios ni prolongar su vida más allá de lo que Él ha determinado.
Es importante notar que ninguno de nosotros conoce el momento de su muerte. Ese conocimiento pertenece solo a Dios. La posible excepción es el milagro que Dios realizó con el rey Ezequías en Isaías 38. El rey estaba enfermo "y a punto de morir" (Isaías 38:1). Angustiado, oró al Señor, y Dios respondió por medio del profeta Isaías: "He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a añadir quince años a tus días" (v. 5). Esta es la única ocasión conocida en la que alguien supo de antemano cuánto tiempo viviría y, además, el único caso explícito de una vida prolongada por Dios. La singularidad del milagro se confirma con la señal que lo acompañó: la sombra del reloj de sol retrocedió (vv. 7-8).
Así, el salmista declara: "Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos" (Salmo 139:16). Y Job 14:5 dice que "[los días del hombre] están determinados" y el número de meses "te es conocido". En otras palabras, Dios es soberano y ha planificado nuestras vidas, lo cual incluye un tiempo señalado para la muerte. Aun así, basándonos en la historia del rey Ezequías, no está mal orar para que la vida se prolongue, para que la enfermedad sea retirada y la salud restaurada.
Como no conocemos el número de nuestros días, debemos vivir cada día para Dios. Santiago 4:13-15 ofrece sabiduría práctica: "Oigan ahora, ustedes que dicen: "Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia". Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello". Debemos tomar decisiones sabias sobre cómo vivimos y cómo nos cuidamos. Y, en última instancia, confiamos en la soberanía de Dios en todas las cosas, incluido el momento de nuestra muerte.