Pregunta
¿Qué significa "Bienaventurado el hombre que halla sabiduría" (Proverbios 3:13)?
Respuesta
La felicidad basada en metas externas, como la riqueza y la adquisición de posesiones, es efímera. Sin embargo, quien busca la sabiduría de Dios encontrará una fuente inestimable de felicidad:
Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
y el hombre que adquiere entendimiento.
Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
y sus utilidades mejor que el oro fino.
Es más preciosa que las joyas,
y nada de lo que deseas se compara con ella
(Proverbios 3:13-15).
La palabra hebrea (’aš·rê), traducida como "Bienaventurado" en Proverbios 3:13, es una interjección o exclamación (es decir, "¡Oh, qué feliz!" ) que expresa una fuerte emoción. Se refiere a la felicidad que proviene de ser muy favorecido por la gracia divina. Se traduce alternativamente como "dichoso" (NVI) y "alegre" (NTV). ¡La persona que encuentra la sabiduría es supremamente bendecida y favorecida por Dios!
Además, este término traducido como "bienaventurado" es plural en el idioma original (como en Salmos 1:1 y Salmos 119:1). Podría traducirse como "¡Oh, la bendición!". Se repite al final de esta sección sobre la importancia de buscar la sabiduría:
La sabiduría es un árbol de vida a los que la abrazan;
felices son los que se aferran a ella (Proverbios 3:18, NTV).
El rey Salomón quiere que los lectores comprendan que la sabiduría es rara y no tiene precio. La sabiduría es más provechosa que encontrar plata y oro, más preciosa que los rubíes (Salmo 19:10). Debemos desearla y pedírsela a Dios: "Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada" (Santiago 1:5). La sabiduría debe buscarse como un cazador que busca un tesoro enterrado. Se requiere mucho esfuerzo en nuestra búsqueda de la sabiduría (Proverbios 2:3-5). Debemos ser como "un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró" (ver Mateo 13:45-46; ver también Proverbios 23:23).
La Palabra de Dios imparte sabiduría (Deuteronomio 4:6; Salmos 119:98; 2 Timoteo 3:15). Si estudiamos las Escrituras y buscamos la sabiduría con la misma pasión y dedicación con que buscaríamos un tesoro perdido, la encontraremos. Y, al haber encontrado la sabiduría, descubriremos la felicidad verdadera y duradera (Eclesiastés 2:26).
Obtener sabiduría es mejor que otras búsquedas debido a los muchos beneficios que tiene. "Porque el que me halla [la sabiduría], halla la vida y alcanza el favor del Señor" (Proverbios 8:35). En última instancia, la sabiduría proviene de Dios; es la misma sabiduría que Él utilizó para crear el mundo (Proverbios 8:1-36). Uno de los beneficios es que Su sabiduría se convierte en "un árbol de vida", que da a los sabios un destello o un anticipo del cielo (ver Apocalipsis 22:1-2). Esta analogía del "árbol de vida" representa los sueños y deseos cumplidos (ver Proverbios 13:12) y está estrechamente relacionada con la "fuente de la vida" (Proverbios 13:14; 14:27; 16:22).
Bienaventurado es el hombre que encuentra la sabiduría, porque en última instancia le lleva a la vida eterna con Dios (ver 1 Corintios 2:1–16). La Biblia dice que Jesús mismo es la sabiduría: En Él "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Colosenses 2:2–3; ver también 1 Corintios 1:24). En el maravilloso plan de salvación de Dios, Jesús es el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:25). Cuando aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, Su Espíritu viene a vivir en nosotros: "Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado" (1 Corintios 1:30, NTV) . Jesús llevó nuestros pecados en la cruz para que pudiéramos recibir perdón, purificación y una nueva posición justa ante Dios. Él nos redimió con Su sangre y nos liberó del pecado (Romanos 3:23-26; 1 Corintios 6:20; Efesios 1:7).
Jesús es nuestro mayor tesoro. Él es la sabiduría de Dios, enviado para vivir y morir por nosotros y proporcionarnos el don indescriptiblemente bueno de la vida eterna (Juan 3:15-16; Romanos 10:9; 2 Corintios 9:15). En Él, obtenemos todos los tesoros del cielo: riquezas, honor, gloria y gozo en la presencia de Dios para siempre (Salmo 16:11; Mateo 13:44; 19:21; Lucas 12:33; Juan 17:24; Filipenses 3:20-21; Efesios 2:6; 2 Corintios 5:1-4; 1 Pedro 5:4). ¡Oh, cuán bendito y verdaderamente feliz es el hombre o la mujer que encuentra la sabiduría de Dios en Jesucristo!
Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
y el hombre que adquiere entendimiento.
Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
y sus utilidades mejor que el oro fino.
Es más preciosa que las joyas,
y nada de lo que deseas se compara con ella
(Proverbios 3:13-15).
La palabra hebrea (’aš·rê), traducida como "Bienaventurado" en Proverbios 3:13, es una interjección o exclamación (es decir, "¡Oh, qué feliz!" ) que expresa una fuerte emoción. Se refiere a la felicidad que proviene de ser muy favorecido por la gracia divina. Se traduce alternativamente como "dichoso" (NVI) y "alegre" (NTV). ¡La persona que encuentra la sabiduría es supremamente bendecida y favorecida por Dios!
Además, este término traducido como "bienaventurado" es plural en el idioma original (como en Salmos 1:1 y Salmos 119:1). Podría traducirse como "¡Oh, la bendición!". Se repite al final de esta sección sobre la importancia de buscar la sabiduría:
La sabiduría es un árbol de vida a los que la abrazan;
felices son los que se aferran a ella (Proverbios 3:18, NTV).
El rey Salomón quiere que los lectores comprendan que la sabiduría es rara y no tiene precio. La sabiduría es más provechosa que encontrar plata y oro, más preciosa que los rubíes (Salmo 19:10). Debemos desearla y pedírsela a Dios: "Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada" (Santiago 1:5). La sabiduría debe buscarse como un cazador que busca un tesoro enterrado. Se requiere mucho esfuerzo en nuestra búsqueda de la sabiduría (Proverbios 2:3-5). Debemos ser como "un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró" (ver Mateo 13:45-46; ver también Proverbios 23:23).
La Palabra de Dios imparte sabiduría (Deuteronomio 4:6; Salmos 119:98; 2 Timoteo 3:15). Si estudiamos las Escrituras y buscamos la sabiduría con la misma pasión y dedicación con que buscaríamos un tesoro perdido, la encontraremos. Y, al haber encontrado la sabiduría, descubriremos la felicidad verdadera y duradera (Eclesiastés 2:26).
Obtener sabiduría es mejor que otras búsquedas debido a los muchos beneficios que tiene. "Porque el que me halla [la sabiduría], halla la vida y alcanza el favor del Señor" (Proverbios 8:35). En última instancia, la sabiduría proviene de Dios; es la misma sabiduría que Él utilizó para crear el mundo (Proverbios 8:1-36). Uno de los beneficios es que Su sabiduría se convierte en "un árbol de vida", que da a los sabios un destello o un anticipo del cielo (ver Apocalipsis 22:1-2). Esta analogía del "árbol de vida" representa los sueños y deseos cumplidos (ver Proverbios 13:12) y está estrechamente relacionada con la "fuente de la vida" (Proverbios 13:14; 14:27; 16:22).
Bienaventurado es el hombre que encuentra la sabiduría, porque en última instancia le lleva a la vida eterna con Dios (ver 1 Corintios 2:1–16). La Biblia dice que Jesús mismo es la sabiduría: En Él "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Colosenses 2:2–3; ver también 1 Corintios 1:24). En el maravilloso plan de salvación de Dios, Jesús es el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:25). Cuando aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, Su Espíritu viene a vivir en nosotros: "Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado" (1 Corintios 1:30, NTV) . Jesús llevó nuestros pecados en la cruz para que pudiéramos recibir perdón, purificación y una nueva posición justa ante Dios. Él nos redimió con Su sangre y nos liberó del pecado (Romanos 3:23-26; 1 Corintios 6:20; Efesios 1:7).
Jesús es nuestro mayor tesoro. Él es la sabiduría de Dios, enviado para vivir y morir por nosotros y proporcionarnos el don indescriptiblemente bueno de la vida eterna (Juan 3:15-16; Romanos 10:9; 2 Corintios 9:15). En Él, obtenemos todos los tesoros del cielo: riquezas, honor, gloria y gozo en la presencia de Dios para siempre (Salmo 16:11; Mateo 13:44; 19:21; Lucas 12:33; Juan 17:24; Filipenses 3:20-21; Efesios 2:6; 2 Corintios 5:1-4; 1 Pedro 5:4). ¡Oh, cuán bendito y verdaderamente feliz es el hombre o la mujer que encuentra la sabiduría de Dios en Jesucristo!