Pregunta
¿Qué se entiende por cristianismo secular? ¿Qué es un cristiano secular?
Respuesta
El término cristianismo secular se usa para describir un enfoque no bíblico de seguir a Jesucristo. La palabra secular, que significa "sin convicción espiritual", describe a personas que adoptan creencias y comportamientos que reflejan la cultura del mundo más que la verdad bíblica. Por ejemplo, los cristianos seculares pueden valorar las enseñanzas de Jesús sobre el amor, pero rechazar lo que Él dijo acerca del pecado. Como resultado, abrazan los valores de la sociedad en lugar de someterse a la autoridad de la Biblia. Un cristiano secular es alguien que profesa fe en Jesús, pero sigue el sistema del mundo.
El cristianismo secular no es bíblico. Está equivocado porque redefine la fe según las preferencias y opiniones de la cultura. De hecho, la Biblia advierte que quienes afirman seguir a Jesús sin una devoción genuina viven en engaño. Tal hipocresía tiene consecuencias serias. Jesús dijo: "No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21). Estas palabras revelan la diferencia entre una profesión verbal de fe y una relación auténtica con Cristo. En el juicio, muchos alegarán haber hecho obras en Su nombre, pero Él responderá: "Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad" (Mateo 7:23).
El discipulado verdadero describe lo que significa seguir genuinamente a Cristo. Implica rechazar el sistema de valores del mundo para abrazar el de Dios. Como expresa un conocido coro cristiano:
"La cruz delante, el mundo atrás;
no vuelvo atrás, no vuelvo atrás."
El discipulado requiere rendición a la autoridad de Dios, no conformidad al mundo. El apóstol Pablo escribió: "No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente" (Romanos 12:2). El cristianismo secular borra la línea entre la iglesia y el mundo. El discipulado genuino llama a los creyentes a reflejar la santidad de Dios, aun cuando eso los distinga. Una fe que se amolda a la cultura pierde su poder para transformarla.
Además, el cristianismo secular distorsiona el mensaje de la gracia. La Biblia enseña que la gracia salva del pecado; no libera para permanecer en él. Pablo advirtió: "¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Romanos 6:12). La gracia de Dios produce arrepentimiento y obediencia, no indiferencia ni compromiso con el pecado (cf. Salmo 130:4).
El cristianismo secular reemplaza la verdad de Dios con las opiniones populares de un mundo incrédulo. Esta tendencia no es nueva. Pablo escribió: "Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestro" (2 Timoteo 4:3). Este pasaje muestra que quienes dicen seguir a Jesús mientras rechazan Su enseñanza son guiados por deseos pecaminosos, no por convicción espiritual.
En contraste con una fe superficial, el cristianismo auténtico persevera en un mundo secular mediante la lealtad a Jesús por encima de todo. Él dijo: "Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lucas 9:23). La fe verdadera resiste la aprobación del mundo y encuentra gozo en la obediencia a Dios. Permanece firme cuando la cultura cambia porque su fundamento está en la enseñanza inmutable y el carácter de Cristo.
El cristianismo secular es el resultado de amar al mundo más que a Dios. Ceder en las convicciones puede hacer a alguien más popular—incluso en redes sociales—, pero a costa de su corazón, mente y alma. Por eso Santiago 4:4 advierte: "¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios".
En otras palabras, la Escritura afirma una verdad permanente: no se puede caminar con Dios y, al mismo tiempo, abrazar el sistema del mundo.
El cristianismo secular no es bíblico. Está equivocado porque redefine la fe según las preferencias y opiniones de la cultura. De hecho, la Biblia advierte que quienes afirman seguir a Jesús sin una devoción genuina viven en engaño. Tal hipocresía tiene consecuencias serias. Jesús dijo: "No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21). Estas palabras revelan la diferencia entre una profesión verbal de fe y una relación auténtica con Cristo. En el juicio, muchos alegarán haber hecho obras en Su nombre, pero Él responderá: "Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad" (Mateo 7:23).
El discipulado verdadero describe lo que significa seguir genuinamente a Cristo. Implica rechazar el sistema de valores del mundo para abrazar el de Dios. Como expresa un conocido coro cristiano:
"La cruz delante, el mundo atrás;
no vuelvo atrás, no vuelvo atrás."
El discipulado requiere rendición a la autoridad de Dios, no conformidad al mundo. El apóstol Pablo escribió: "No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente" (Romanos 12:2). El cristianismo secular borra la línea entre la iglesia y el mundo. El discipulado genuino llama a los creyentes a reflejar la santidad de Dios, aun cuando eso los distinga. Una fe que se amolda a la cultura pierde su poder para transformarla.
Además, el cristianismo secular distorsiona el mensaje de la gracia. La Biblia enseña que la gracia salva del pecado; no libera para permanecer en él. Pablo advirtió: "¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Romanos 6:12). La gracia de Dios produce arrepentimiento y obediencia, no indiferencia ni compromiso con el pecado (cf. Salmo 130:4).
El cristianismo secular reemplaza la verdad de Dios con las opiniones populares de un mundo incrédulo. Esta tendencia no es nueva. Pablo escribió: "Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestro" (2 Timoteo 4:3). Este pasaje muestra que quienes dicen seguir a Jesús mientras rechazan Su enseñanza son guiados por deseos pecaminosos, no por convicción espiritual.
En contraste con una fe superficial, el cristianismo auténtico persevera en un mundo secular mediante la lealtad a Jesús por encima de todo. Él dijo: "Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lucas 9:23). La fe verdadera resiste la aprobación del mundo y encuentra gozo en la obediencia a Dios. Permanece firme cuando la cultura cambia porque su fundamento está en la enseñanza inmutable y el carácter de Cristo.
El cristianismo secular es el resultado de amar al mundo más que a Dios. Ceder en las convicciones puede hacer a alguien más popular—incluso en redes sociales—, pero a costa de su corazón, mente y alma. Por eso Santiago 4:4 advierte: "¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios".
En otras palabras, la Escritura afirma una verdad permanente: no se puede caminar con Dios y, al mismo tiempo, abrazar el sistema del mundo.