Pregunta

¿Qué significa que Dios endureció sus corazones (Juan 12:40)?

Respuesta
En Juan 12:37-40, el apóstol enfatiza la relación entre la soberanía divina y la responsabilidad humana:

Aunque Jesús había hecho muchas señales delante de ellos, seguían sin creer en Él, "para que se cumpliera la palabra del profeta Isaías, que dijo: "Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?"". Luego Juan añade: "Por eso no podían creer, porque Isaías dijo también: "Él ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y Yo los sane"".

La inclusión deliberada de esta profecía del Antiguo Testamento es fundamental, pues Juan desea mostrar que Jesús es el Mesías esperado y el Hijo de Dios.

Juan cita Isaías 53:1 e Isaías 6:10. La primera predice que el Siervo del Señor sería rechazado por un pueblo incrédulo. Ese capítulo describe el sufrimiento y la exaltación final del Siervo. Isaías 6 relata el llamamiento del profeta, y el versículo 10 indica que el mensaje de Isaías tendría como efecto "endurecer el corazón de este pueblo". El pueblo no creería al mensajero de Dios, y el resultado sería un endurecimiento divino de sus corazones (cf. Romanos 9:17-18). Aquí se muestra la relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.

Por un lado, las personas son responsables de su incredulidad, como evidencia la declaración de Juan: "Aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en Él" (Juan 12:37). Los seres humanos tienen la responsabilidad de reconocer, aceptar y creer en el Hijo de Dios, especialmente quienes fueron testigos de Sus milagros. Al mismo tiempo, Dios actúa cegando los ojos y endureciendo los corazones de los incrédulos.

Uno de los juicios por rechazar la luz es quedar incapacitado para ver más luz. Justo antes de afirmar que Dios endureció sus corazones, Jesús había hablado de la Luz que estaban rechazando:

"Jesús entonces les dijo: "Todavía, por un poco de tiempo, la Luz estará entre ustedes. Caminen mientras tengan la Luz, para que no los sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va. Mientras tienen la Luz, crean en la Luz, para que sean hijos de la Luz". Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos" (Juan 12:35-36).

Tenían la Luz, pero no creían en la Luz; por eso la Luz les fue oculta. Dios endureció sus corazones como hizo con los rebeldes en tiempos de Isaías.

El plan redentor de Dios requería el rechazo del pueblo hacia el Hijo, y las Escrituras lo habían anunciado. Pero eso no elimina la responsabilidad humana. "Porque en verdad, el Hijo del Hombre va según se ha determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien Él es entregado!" (Lucas 22:22; cf. Hechos 2:23).

La salvación proviene del Señor, pero somos responsables de recibirla por la fe: "A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios" (Juan 1:11-13).

En última instancia, Dios es soberano sobre todas las cosas, incluida la incredulidad humana; pero las personas siguen siendo responsables de rechazar a Cristo. Puede que nunca comprendamos por completo cómo se relacionan la soberanía divina y la responsabilidad humana, pero sabemos que el Señor es bueno y "hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos" (Romanos 8:28, NTV).