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Pregunta

¿Qué significa Cristo es nuestra vida (Colosenses 3:4)?

Respuesta


Después de exhortar a los colosenses a buscar las cosas de arriba y a no poner la mente en las terrenales (Colosenses 3:1–2), el apóstol Pablo escribe: "Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria" (Colosenses 3:4). La afirmación de Pablo de que Cristo es nuestra vida es profundamente significativa para la identidad cristiana, la santificación y la esperanza eterna.

En Colosenses 3:1–4, Pablo apela a la posición espiritual de los creyentes en Cristo como el fundamento de su nueva manera de vivir: "Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Colosenses 3:1). La cláusula que comienza con si es retórica, no condicional. Otras traducciones usan puesto que o ya que (NBV, NTV), dejando claro que los colosenses ya han resucitado con Cristo. Esta verdad es la base de todas las exhortaciones prácticas que siguen en Colosenses 3:5–25.

Al afirmar que Cristo es nuestra vida (Colosenses 3:4), Pablo enseña que Jesús no solo nos da vida, sino que define completamente quiénes somos. Nuestra identidad está unida a Cristo y participamos de Su vida resucitada. Jesús es el Dador de la vida eterna, pero más que eso, Él es la vida misma: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás" (Juan 11:25–26).

Nuestra identidad y propósito fluyen directamente de Cristo. En otro lugar, Pablo escribe: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí" (Gálatas 2:20). Cristo no viene a complementar nuestros esfuerzos; Él vive en nosotros y a través de nosotros. El viejo yo ha muerto, y la nueva vida depende enteramente de Cristo: "Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios" (Colosenses 3:3).

Que Cristo sea nuestra vida también significa que Él es el patrón y la dirección de nuestra existencia. En Colosenses 3:1–2, Pablo ordena a los creyentes que orienten su mente y su afecto hacia las realidades celestiales que corresponden a su verdadera posición en Cristo. Sus identidades están ligadas a Aquel que está sentado a la diestra de Dios. Cristo es tanto la fuente de nuestra vida como Aquel que la gobierna.

Conocer a Cristo redefine lo que significa vivir verdaderamente. Los valores terrenales—placer, poder o prestigio—quedan subordinados a los valores celestiales. El marco moral del creyente no surge de normas culturales, sino de la vida del Cristo resucitado. Por esta razón, Pablo exhorta: "[Habiendo] desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó" (Colosenses 3:9–10).

Pablo pasa del concepto de ocultamiento al de manifestación. La vida del creyente, que ahora está "escondida con Cristo en Dios" (Colosenses 3:3), será revelada plenamente cuando Cristo regrese (versículo 4). En ese momento, los creyentes serán glorificados. Como señala un comentarista, "la vida espiritual que ahora poseen en Él se extenderá también a sus cuerpos". Esta promesa constituye el centro de la esperanza cristiana. El apóstol Juan lo expresa así: "Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es" (1 Juan 3:2).

Anteriormente en la carta, Pablo describe a Cristo como "el primogénito de entre los muertos" y Aquel por medio del cual Dios reconcilia consigo todas las cosas, "habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz" (Colosenses 1:18, 20). Al declarar que Cristo es nuestra vida, Pablo sitúa a los creyentes dentro de este marco de nueva creación. Cristo ha producido vida nueva en nosotros, y recibiremos plenamente esa herencia cuando Él regrese.

Los creyentes, por lo tanto, no deben vivir conforme al viejo yo, sino conforme a la nueva vida que tienen en Cristo. Como escribe Pablo: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). Cristo no es simplemente un maestro moral; Él es Aquel en quien vivimos, nos movemos y existimos.

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