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Pregunta

¿Cuáles son algunos de los símbolos del Espíritu Santo en la Biblia?

Respuesta


La Biblia presenta varios símbolos del Espíritu Santo, cada uno representando diferentes atributos de Su naturaleza o aspectos de Su obra.

La paloma es quizás el símbolo más reconocido del Espíritu Santo en las Escrituras: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:16-17; véase también Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). La paloma se asocia con la bendición y complacencia de Dios y expresa la delicadeza, inocencia, pureza y paciencia del Espíritu Santo (Mateo 10:16; Salmo 68:13).

El Espíritu Santo es representado como un sello o garantía que indica la propiedad de Dios sobre el creyente: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14; véase también 2 Corintios 1:22). El Espíritu Santo como sello o garantía es la seguridad del creyente en Cristo, prueba de que él o ella pertenecen a Dios para siempre (Juan 6:37; Efesios 4:30).

El aceite es signo de la aprobación, unción y poder del Espíritu Santo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18; véase también Hechos 10:38; 1 Samuel 16:13; Isaías 61:1). Las escenas bíblicas de los reyes y sacerdotes de Israel siendo ungidos con aceite son representaciones de la elección y bendición de Dios. El Nuevo Testamento usa la unción con aceite como imagen de la bendición del Espíritu Santo sobre todos los creyentes: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” (1 Juan 2:20).

Enfatizando la purificación, el fuego es un símbolo del poder y presencia del Espíritu Santo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11; véase también Éxodo 3:2; Isaías 4:4; Lucas 3:16-17; 1 Tesalonicenses 5:19). El día de Pentecostés, los discípulos vieron “lenguas repartidas, como de fuego” posarse sobre ellos y quedaron llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:3-4).

El poder invisiblemente presente en todas partes y las influencias que dan vida del Espíritu Santo se expresan como viento o aliento en la Biblia: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8; véase también 20:22). Las palabras griegas y hebreas que se traducen como “espíritu” son sinónimas de “aliento” o “viento”. La poderosa efusión del Espíritu Santo estuvo acompañada por el sonido de un viento fuerte y poderoso en el día de Pentecostés (Hechos 2:2).

El agua simboliza la naturaleza purificadora del nuevo nacimiento del Espíritu Santo: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5; véase también Ezequiel 36:25-27). El agua también expresa el carácter refrescante, saciante y dador de vida del Espíritu Santo (Juan 4:14; véase también Isaías 12:3; 44:3).

Similar al agua, la lluvia es un símbolo del refresco del Espíritu Santo: “Conozcamos, pues, al Señor; sigamos hasta conocerle. Como la aurora está dispuesto; vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Oseas 6:3). Del mismo modo, los ríos en la Biblia simbolizan la abundancia y prosperidad que fluyen del Espíritu Santo: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38; véase también Salmo 1:3). Además, el símbolo del rocío ilustra el frescor, abundancia y fertilidad del Espíritu Santo (Génesis 27:28; Isaías 18:4).

En la Biblia, el vino es a veces un símbolo de la calidad gozosa de la presencia interna del Espíritu Santo. Algunos de los espectadores más cínicos que observaron la efusión del Espíritu en el Día de Pentecostés pensaban que los discípulos estaban borrachos de vino. Pero el apóstol Pedro explicó, “Estos no están ebrios, como vosotros suponéis, siendo la tercera hora del día. Más esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos 2:15–17).

La vestimenta también es un símbolo del Espíritu Santo. Después de Su resurrección, Jesús dijo a los discípulos que esperaran en Jerusalén “hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49). La voz pasiva del verbo indica que la persona no se viste a sí misma. Los apóstoles debían permanecer en Jerusalén hasta que Dios los "vistiera" con el poder del Espíritu Santo.

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