Pregunta
¿Qué significa que las promesas de Dios son "sí" y "amén" (2 Corintios 1:20)?
Respuesta
Las promesas de Dios son "sí" y "amén" es una afirmación extraída de 2 Corintios 1:20. Aquí está ese versículo en tres traducciones diferentes:
Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí. Por eso también por medio de Él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (NBLA)
Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. (NVI)
Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante "¡sí!", y por medio de Cristo, nuestro "amén" (que significa "sí") se eleva a Dios para su gloria. (NTV)
Para apreciar el peso y el significado de las palabras del apóstol Pablo, es esencial comprender las circunstancias en las que las escribió.
La iglesia de Corinto se enfrentaba a muchos retos, entre ellos divisiones internas, dudas sobre la autoridad de Pablo y confusión sobre la voluntad de Dios. Pablo escribió esta segunda carta en un momento en que sus planes de viaje habían cambiado. Su llegada tardía a Corinto hizo que algunos dudaran de su fiabilidad y, por extensión, de la fiabilidad del evangelio que predicaba. En este contexto, Pablo afirma: "Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no es sí y no. Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que fue predicado entre ustedes por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no fue sí y no, sino que ha sido sí en Él. Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí. Por eso también por medio de Él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros" (2 Corintios 1:18-20).
Pablo quería asegurarles a los corintios que su carácter y su mensaje no contenían ninguna duplicidad. Él no vacilaba entre el "sí" y el "no". Las acusaciones contra Pablo debían de ser graves, porque él pronunció un juramento ante Dios para autenticar su veracidad, confiabilidad e integridad: «Tan cierto como que Dios es fiel, nuestra palabra a ustedes no oscila entre el "sí" y el "no"" (2 Corintios 1:18, NTV). Pablo respaldó este juramento afirmando que su mensaje estaba arraigado en "Jesucristo, el Hijo de Dios", quien "no titubea entre el "sí" y el "no"" (2 Corintios 1:19, NTV). No había incertidumbre en Jesucristo ni en el mensaje de Pablo acerca de Él.
Por último, Pablo afirmó la naturaleza inmutable de las promesas de Dios en un mundo de circunstancias cambiantes: "Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante "¡sí!", y por medio de Cristo, nuestro "amén" (que significa "sí") se eleva a Dios para su gloria" (2 Corintios 1:20, NTV). Pablo recordó a los corintios que, desde la antigüedad, Dios ha hecho numerosas promesas de liberación, provisión, bendición, perdón y, en última instancia, salvación a través del Mesías (ver también Romanos 1:2; 15:8-9; Hebreos 10:23). A lo largo de los siglos, las promesas de Dios se han ido acumulando, como tesoros guardados para el día de su cumplimiento en Jesucristo.
Pablo enseñó que las promesas de Dios son "sí" en Jesucristo, lo que significa que Cristo es el cumplimiento o la encarnación de la fidelidad de Dios y de Su Palabra. La afirmación de Pablo es radical: no solo algunas, sino todas las promesas de Dios se cumplen en Jesús. Cada palabra pronunciada por Dios en las Escrituras encuentra su confirmación en Cristo. La Biblia es Su historia. Cuando Dios prometió la redención, la sanidad, la restauración y la esperanza, estaba apuntando hacia Jesús, el Mesías. En él, la respuesta a cada promesa es un "sí" incondicional. Él es la garantía de que la Palabra de Dios nunca fallará y de que lo que Dios ha dicho se cumplirá (Números 23:19; Isaías 55:11; Mateo 24:35).
Jesús dijo: "No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir" (Mateo 5:17). Todas las profecías relativas a la redención, la gracia y la reconciliación se cumplen en Jesús (ver Lucas 4:16-21; 24:27, 44-47; Hechos 3:18; 13:32-33; Mateo 1:22-23).
La palabra traducida como "sí" en 2 Corintios 1:20 (nai en griego) es una afirmación rotunda que significa "sí, verdad, ciertamente, así sea". El "sí" de Dios refleja Su compromiso firme y positivo con Su Palabra. A diferencia de los seres humanos, que pueden cambiar de opinión, reorganizar sus planes o romper sus promesas, Dios es fiel. Su Palabra permanece firme y segura para siempre (ver Isaías 40:8; Salmo 119:89).
Amēn, un término de origen hebreo, se utiliza a menudo al final de las oraciones. Es una palabra de acuerdo, confirmación y aprobación, que significa "así será, sin duda, verdaderamente". En la segunda parte de 2 Corintios 1:20, Pablo afirma: "Por eso también por medio de Él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros". Debido a que Jesucristo es el cumplimiento de las promesas de Dios, los que creemos en Él respondemos con fe y acuerdo. Cuando decimos "amén", expresamos nuestra confianza en la fidelidad de Dios y nuestra seguridad de que lo que Dios ha dicho es verdad y se cumplirá. Nuestro "amén" es para la gloria de Dios. Cuando reconocemos el cumplimiento de Sus promesas, nuestra fe le da honor. Nuestra confianza se convierte en un testimonio de Su bondad.
Segunda de Corintios 1:20 es una invitación a descansar en la seguridad de la fidelidad de Dios. Decir "las promesas de Dios son "sí" y "amén"" es declarar que, en Jesús, encontramos el cumplimiento de todo lo bueno que Dios ha dicho. En Cristo no hay incertidumbre (ver Hebreos 13:8; Santiago 1:17); cada promesa que Dios ha hecho resuena con un "sí". Y nuestro correspondiente "amén" es un eco de confianza y adoración.
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¿Qué significa que las promesas de Dios son "sí" y "amén" (2 Corintios 1:20)?
