Pregunta
¿Qué significa "plena certeza de la fe" (Hebreos 10:22)?
Respuesta
Entrar en la presencia de Dios es un privilegio de todos los creyentes. El autor de Hebreos destaca que, gracias a la sangre de Jesús derramada por nosotros en la cruz, ahora tenemos acceso completo a Dios: "Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne, y puesto que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura" (Hebreos 10:19-22).
Los cristianos están llamados a acercarse con confianza y sin temor al "trono de la gracia de Dios" (Hebreos 4:16). Podemos acercarnos al Señor en la adoración y la devoción personales. Pero para tener una comunión auténtica con Dios, debemos prepararnos espiritualmente. El autor de Hebreos evoca imágenes del Antiguo Testamento en las que los sacerdotes se sometían a un minucioso ritual de purificación antes de entrar en el Lugar Santo en el Día de la Expiación (Hebreos 10:11-22; cf. Éxodo 30:18-21; Levítico 16:1-34).
Cuando nos presentamos hoy ante la presencia de Dios, debemos seguir ocupándonos de la pureza (1 Juan 1:5-2:2). Hebreos 10:22 contiene cuatro condiciones preparatorias para los adoradores del Nuevo Testamento: deben tener "un corazón sincero", "plena certidumbre de fe", "un corazón purificado de mala conciencia" y "cuerpos lavados con agua pura".
La "plena certidumbre de fe" puede entenderse como "confianza, convicción y fe absolutas en Jesús, tal y como se detalla en el mensaje del evangelio". Significa que hemos aceptado la buena nueva sobre quiénes somos en Cristo y todo lo que Él ha hecho por nosotros. El apóstol Pablo afirma: "Pues, cuando les llevamos la Buena Noticia, no fue solo con palabras sino también con poder, porque el Espíritu Santo les dio plena certeza de que lo que decíamos era verdad" (1 Tesalonicenses 1:5, NTV). El Espíritu de Dios nos convence plenamente de que es solo a través de Cristo que somos limpiados del pecado y se nos da acceso a Dios: "Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo" (2 Corintios 5:21, NTV). Su cuerpo quebrantado en la cruz es el único sacrificio que expía nuestros pecados: pasados, presentes y futuros (Romanos 8:3).
Tenemos plena certidumbre de fe cuando ya no vivimos bajo el peso de una conciencia culpable. Nos damos cuenta de que estamos completamente limpios, por dentro y por fuera, porque Jesucristo es nuestro sacrificio perfecto e inmaculado: "Entonces Cristo ahora ha llegado a ser el Sumo Sacerdote por sobre todas las cosas buenas que han venido. Él entró en ese tabernáculo superior y más perfecto que está en el cielo, el cual no fue hecho por manos humanas ni forma parte del mundo creado. Con su propia sangre—no con la sangre de cabras ni de becerros—entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna. Bajo el sistema antiguo, la sangre de cabras y toros y las cenizas de una novilla podían limpiar el cuerpo de las personas que estaban ceremonialmente impuras. Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas para que adoremos al Dios viviente. Pues por el poder del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio perfecto por nuestros pecados" (Hebreos 9:11-14, NTV; ver también Hebreos 7:27; 1 Pedro 1:18-19).
La plena certidumbre de fe es una confianza profunda e inquebrantable en las promesas de Dios en Cristo. Tener plena seguridad de la fe significa que estamos convencidos de que Jesús es quien dice ser y que hará todo lo que ha prometido en Su Palabra. Pablo oró por los colosenses para que "alcancen todas las riquezas que proceden de una plena seguridad de comprensión, resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir, de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Colosenses 2:2-3). Quería que tuvieran una confianza inquebrantable en el plan de salvación de Dios para ellos en Jesucristo.
Con la plena certidumbre de fe, comulgamos diariamente en íntima comunión con Dios. Su Espíritu en nosotros afirma que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). Ya no vacilamos (Santiago 1:6-8), ni somos sacudidos y arrastrados por todo viento de nueva doctrina (Efesios 4:14). "Sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor" (1 Juan 4:16, NTV). Con "la plena seguridad de la esperanza", permanecemos firmes hasta el final (Hebreos 6:11). Nos mantenemos "firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos" (Hebreos 10:23, NTV). Nos aferramos a "la esperanza puesta delante de nosotros" (Hebreos 6:18), basados en una fe inquebrantable, mientras vivimos con la plena expectativa de alcanzar la meta de nuestra fe, que es la eternidad en la presencia de Dios (2 Timoteo 1:12; 4:7-8).
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¿Qué significa "plena certeza de la fe" (Hebreos 10:22)?
