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Pregunta

¿Qué es el pecado imputado?

Respuesta


En el Jardín del Edén, cuando Adán pecó al comer el fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, ese acto de desobediencia produjo un grave efecto doble en el resto de la humanidad. El primer efecto fue el pecado original y el segundo el pecado imputado.

Adán, como cabeza de la raza humana, ocasionó que cada persona después de él naciera en una condición caída o estado pecaminoso. Este efecto del pecado de Adán se conoce como pecado original y generalmente se denomina pecado heredado. Todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa por medio del acto original de desobediencia de Adán (Romanos 5:12-14).

Además de recibir una naturaleza caída, todas las personas que vinieron después de Adán han recibido la culpa del pecado de Adán (Romanos 5:18). Ese es el significado de la imputación del pecado. Una imputación es una atribución o acreditación de algo. El pecado imputado es la culpa de Adán que se nos atribuye o acredita. Todos los humanos son contados como si hubieran pecado en Adán y por lo tanto merecen el mismo castigo por el pecado que Adán. El pecado imputado afecta a nuestra posición ante Dios (somos culpables, condenados), mientras que el pecado original afecta a nuestro carácter (estamos moralmente arruinados). Tanto el pecado original como el imputado nos someten al juicio de Dios.

El término imputar se usa tanto legal como económicamente y significa "designar cualquier acción, palabra o cosa como acreditada a la cuenta de otra persona". Bíblicamente, el pecado de Adán se imputó a todos sus descendientes, y deben ser tratados como culpables. Esto no significa que sean personalmente culpables del pecado de Adán, sino que su pecado fue acreditado a su cuenta, y por lo tanto cada persona participa en la culpa y la pena de esa transgresión original.

La pena por el pecado es la muerte. Estamos sujetos a la muerte espiritual, o separación de Dios en esta vida presente, debido al pecado imputado: "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Efesios 2:1-3). Si persistimos en este estado de separación de Dios, el resultado es la segunda muerte, que es eterna (Apocalipsis 20:11-15).

La muerte física también es un castigo por el pecado imputado: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." (Romanos 5:12). La culpa del pecado de Adán se imputó directamente a toda la familia humana, de modo que todas las personas están ahora sujetas a la muerte (Romanos 6:23).

El apóstol Pablo enseña el pecado imputado en varios pasajes: "Los muchos murieron por la transgresión de un solo hombre", "Una transgresión resultó en la condenación de todas las personas", "Por la desobediencia de un solo hombre los muchos fueron hechos pecadores" (Romanos 5:15, 18, 19), y "En Adán todos mueren" (1 Corintios 15:22).

La buena noticia respecto al pecado original e imputado es que Dios ya tenía un remedio, un plan soberano de salvación, incluso antes de que Adán pecara en el Jardín.

El remedio para el pecado imputado es la obra expiatoria de Jesucristo: "Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos" (Romanos 5:19). En el momento en que un pecador cree en Jesús y acepta Su don de salvación, la justicia de Cristo se acredita en su cuenta: "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Corintios 15:22). Los creyentes poseen la justicia imputada.

Así como todas las personas están en Adán, todos los creyentes están en Cristo. Estar en Cristo significa que ahora Su justicia es nuestra. A través de la muerte sacrificial de Cristo en la cruz, el pecado de la humanidad fue imputado a Cristo. Jesús tomó sobre sí mismo la pena por nuestro pecado: "el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Romanos 4:25).

Los creyentes aún no están perfeccionados en la justicia. Sin embargo, están revestidos de la justicia imputada de Cristo: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). Jesús satisfizo las exigencias de la justicia por nuestro pecado y cumplió los requisitos de la Ley (Romanos 3:25-26; Colosenses 2:14).

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