Pregunta
¿Qué significa que "nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre" (Juan 6:65)?
Respuesta
En Juan 6:65, Jesús declara: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre". El término "por eso" se refiere al fenómeno de la incredulidad mencionado en el versículo 64. Jesús explica que los pecadores no pueden venir a Él por iniciativa propia; necesitan que el Padre se lo conceda. En otras palabras, nadie puede superar su incredulidad sin la intervención de Dios. Es el Padre quien atrae a los pecadores hacia Cristo (ver Juan 6:37, 44). Si Dios no actúa, permanecemos espiritualmente muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1). La gracia divina es el antídoto contra la incredulidad.
Después de alimentar milagrosamente a más de cinco mil personas (Juan 6:1-15), Jesús se revela como "el pan de vida" (Juan 6:35). En ese contexto, afirma que debemos comer Su carne y beber Su sangre para tener vida eterna (versículos 53-58). Muchos de Sus discípulos consideran que esta enseñanza es una "declaración dura" (versículo 60), porque la entienden literalmente. Como consecuencia, deciden dejar de seguirlo (versículo 66). Su deserción no sorprende a Jesús, pues Él "sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar" (Juan 6:64). Este trasfondo explica Su declaración en Juan 6:65.
La reacción de Jesús ante quienes se apartan no es suavizar Su mensaje ni buscar a los desertores. En cambio, se dirige a los Doce y pregunta: "¿Acaso también ustedes quieren irse?" (Juan 6:67). Pedro responde con una confesión memorable: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Juan 6:68-69). Este contraste resalta lo que Jesús había dicho antes: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera" (Juan 6:37; cf. Juan 6:44). En otras palabras, venir a Cristo comienza con la obra misericordiosa del Padre.
Juan 6:65, entonces, reafirma la necesidad de la gracia divina para la fe salvadora. Es una declaración del señorío de Dios en la salvación. La atracción del Padre es activa y específica, permitiendo a los pecadores creer en Cristo para recibir vida eterna. No depende del mérito humano, sino del propósito soberano y bondadoso de Dios: "Él nos predestinó para adopción como hijos para Sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad" (Efesios 1:5; ver también Romanos 8:29-30). Por eso, nuestra seguridad eterna descansa en Cristo, no porque nosotros lo retengamos a Él, sino porque Él nos sostiene (Juan 10:28-30).
La soberanía de Dios en la salvación no anula la responsabilidad humana ni la oferta gratuita del evangelio. Los pecadores son llamados a arrepentirse y creer (Hechos 17:30; Romanos 10:13). Sin embargo, la capacidad de responder a ese llamado depende de que el Padre nos atraiga. Sin esa obra previa de Dios, ninguno vendría a Cristo.
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¿Qué significa que "nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre" (Juan 6:65)?
