Pregunta
¿Cómo es una mente puesta en la carne (Romanos 8:6)?
Respuesta
En Romanos 8:5-6, el apóstol Pablo explica que una mente gobernada por la carne se centra en los deseos mundanos, las preocupaciones materiales y la autocomplacencia, lo que conduce a la muerte espiritual. Explica: "Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque a mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz".
La mente humana solo puede orientarse en una dirección: o bien hacia los deseos pecaminosos y carnales, o bien hacia aquellas cosas que agradan al Espíritu Santo de Dios. La nueva vida en Cristo permite a los cristianos nacidos de nuevo fijar sus mentes en lo que el Espíritu desea y vivir de acuerdo con lo que agrada a Dios (1 Corintios 2:16; Romanos 12:2). Como creyentes, el Espíritu Santo que mora en nosotros nos da el poder para resistir la atracción del pecado y la muerte al rendirnos por completo a la dirección y el control del Espíritu (Gálatas 5:16–18, 22–25).
Una mente gobernada por la carne permite que la naturaleza pecaminosa tenga el control. Da prioridad a la gratificación personal por encima de agradar a Dios. Tal mentalidad hace caso omiso de la guía de Dios. Además, se opone a Dios, odiando lo que Él ama y amando lo que Él odia. Pablo escribe: "La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo" (Romanos 8:7). Debido a que la mente controlada por la carne se aleja de Dios, no puede experimentar la paz que Él ofrece (Isaías 48:22; 57:20–21).
Una mente gobernada por la carne es aquella en la que los apetitos físicos dominan tanto la vida mental y emocional como el sentido más profundo del yo. Esto se manifiesta en una preocupación por cuestiones materiales, como la seguridad económica, el entretenimiento, el ascenso profesional y las necesidades corporales, y no en las metas del reino. La persona dominada por la naturaleza pecaminosa desarrolla patrones de comportamiento destructivo, y a menudo se vuelve esclava de compulsiones que ya no reconoce como dañinas. Se vuelve esclava del pecado (Romanos 6:16–18). La carne exige dominio, y cuando lo logra, el resultado es la muerte espiritual.
Una mente dominada por la carne da lugar a relaciones impuras, reacciones airadas, comportamientos llenos de odio e intercambios verbales hostiles que surgen de forma natural de los pensamientos y emociones impulsados por la carne. Pablo describe esto en Gálatas 5:19–21: "Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos" (NTV).
He aquí un ejemplo de cómo podría ser una mente dominada por la carne y de cómo podría reaccionar ante un insulto verbal: la persona recibe un comentario hiriente. Su mente procesa esas palabras crueles y empieza a albergar pensamientos llenos de ira y odio. Sus emociones responden con sentimientos de ira y odio. Su voluntad reacciona, manifestándose en un comportamiento airado, odioso y destructivo.
Por el contrario, la mente gobernada por el Espíritu acepta la ofensa y permite que el Espíritu Santo, como Consolador, la reeduque y transforme su forma de pensar respecto al insulto (Juan 14:26; Romanos 12:2; 1 Corintios 2:10-16; Efesios 4:23). El Espíritu Santo nos recuerda, como creyentes, que amemos a nuestros enemigos y oremos por quienes nos persiguen (Mateo 5:44). En lugar de responder según los impulsos de la carne, el Espíritu nos ayuda (Romanos 8:26–27), guiándonos a toda la verdad (Juan 16:13). El Espíritu Santo derrama amorosa compasión en nuestros corazones para que respondamos de manera pacífica (Romanos 5:5).
Una mente gobernada por la carne se centra en deseos egoístas y terrenales. Esto da lugar a la rebelión contra Dios, a la negativa a someterse a Su voluntad y a la muerte espiritual. Una mente controlada por el Espíritu conduce a la vida espiritual, a la comunión eterna con Dios y a una profunda paz interior.
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¿Cómo es una mente puesta en la carne (Romanos 8:6)?
