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Pregunta

¿Cuándo oirán los muertos la voz del Hijo de Dios (Juan 5:25)?

Respuesta


En Juan 5:25, Jesús dice: "En verdad les digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirán". Aquí existe una tensión inherente entre el aspecto "ya, pero aún no" de la vida eterna. En otras palabras, la vida eterna comienza en el momento en que los pecadores ponen su confianza en la obra consumada de Cristo (1 Juan 5:11–12), pero se realizará plenamente cuando los creyentes sean resucitados para la vida eterna (Juan 5:29).

El tema de Juan 5:19–29 es la autoridad del Hijo. En el versículo 19, Jesús dice: "En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por Su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera". Esto no significa que el Hijo sea inferior al Padre (Juan 5:18). Más bien, significa que el Hijo se somete voluntariamente a la voluntad del Padre, tal y como explica Jesús: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final" (Juan 6:39). La razón por la que el Hijo no perderá ninguna de Sus ovejas es porque ellas oirán su voz, le seguirán y recibirán la vida eterna (Juan 10:27–28; cf. Juan 5:25).

Es en este contexto donde Jesús dice: "En verdad les digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirán" (Juan 5:25; cf. Juan 4:23). Este versículo, sencillo pero profundo, capta la esencia de la esperanza cristiana. Esto significa que la vida eterna es una realidad tanto presente como futura. En la era presente, los creyentes experimentan la bendición de conocer a Dios (Juan 17:3) y de deleitarse en Su presencia (Juan 15:4). En la era futura, sin embargo, los creyentes verán a Dios "cara a cara" (1 Corintios 13:12) y tendrán "plenitud de gozo" (Salmo 16:11).

En Juan 5:25, la palabra "muertos" puede interpretarse de dos maneras: física y espiritualmente. Los muertos físicamente son aquellos que han fallecido (Génesis 3:19), pero los muertos espiritualmente son aquellos que están separados de Dios a causa del pecado (Efesios 2:1–3). En el Evangelio de Juan, el apóstol menciona con frecuencia la muerte espiritual. Por ejemplo, en Juan 3:3, Jesús le dice a Nicodemo que debe nacer de nuevo. La implicación es que Nicodemo está espiritualmente muerto y debe recibir nueva vida para ver y entrar en el reino de Dios. Si Nicodemo, "el maestro de Israel" (Juan 3:10), debe nacer de nuevo, ¿cuánto mayor es nuestra necesidad?

Para recibir la vida eterna, pues, debemos escuchar y responder positivamente a "la voz del Hijo de Dios" (Juan 5:25). Esto se debe a que Sus palabras, llenas de autoridad, tienen poder vivificante: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63). Puesto que Jesús es el Hijo de Dios, tiene autoridad para conceder la vida eterna a quienes están espiritualmente muertos, reconciliándolos con el Padre "por medio de la sangre de Su cruz, por medio de Él" (Colosenses 1:20).

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