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Pregunta

¿Qué significa "de gracia recibieron, den de gracia" (Mateo 10:8)?

Respuesta


Mateo 10:8 forma parte de las instrucciones que Jesús dio a Sus doce apóstoles cuando los envió de dos en dos a ministrar a los demás. Jesús comienza diciendo: "No vayan por el camino de los gentiles ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Sino vayan más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y cuando vayan, prediquen diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios; de gracia recibieron, den de gracia" (Mateo 10:5-8).

En este momento de Su ministerio, Jesús les dijo a los Doce que limitaran su misión a las comunidades judías. Como pueblo elegido de Dios, los judíos tendrían el derecho, el privilegio y la oportunidad de escuchar y responder a esta última y más completa revelación de Dios antes que nadie en el mundo. Cuando Jesús dijo: "de gracia recibieron, den de gracia", repetía lo que los rabinos judíos habían enseñado durante mucho tiempo a sus alumnos. La ley exigía a los rabinos que impartieran sus enseñanzas sin cobrar y les prohibía terminantemente cobrar por enseñar la ley, que Moisés había recibido gratuitamente de Dios.

En todas Sus instrucciones en Mateo 10, Jesús decía lo que les resultaba familiar a los judíos. El Talmud y la Mishná ordenaban a los fieles que no entraran en el monte del templo con un bastón, zapatos, una bolsa de dinero o los pies polvorientos. Jesús reitera esta idea en Mateo 10:9-10. El principio fundamental era que una persona comprendiera que, al entrar en el templo, dejaba atrás todo lo relacionado con el mundo. Jesús enseñaba a Sus discípulos a ser siervos del reino de Dios. El mundo entero era el templo de Dios, y Sus siervos nunca debían dar la impresión de que buscaban ganancias o beneficios personales.

"De gracia recibieron" se refiere al hecho de que los discípulos habían recibido de Jesús preciosos dones espirituales de bendición y poder sin costo alguno y sin mérito propio (ver Isaías 55:1; Juan 1:16; 1 Corintios 2:12; Efesios 1:3). Jesús aplica el principio de los rabinos e instruye a los Doce a compartir los dones y poderes espirituales que han recibido gratuitamente. Estas bendiciones y habilidades divinas incluían sanar a los enfermos, realizar milagros, limpiar a los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar demonios y compartir el mensaje del reino. Los discípulos no debían aferrarse a estos dones, esperando alguna compensación, sino transmitirlos sin reservas.

El apóstol Pablo enfatizó el principio de dar tan libremente como había recibido (ver 1 Corintios 9:18; 2 Corintios 11:7). Pablo aceptó el privilegio de compartir con otros las riquezas que Dios le había dado y que había recibido del Señor sin costo alguno.

Con las palabras "De gracia recibieron", Jesús les recuerda a Sus discípulos que todo lo que poseen, tanto espiritual como materialmente, es resultado de la gracia y la generosidad de Dios, y no de sus logros personales (Efesios 2:8-9). Los discípulos no habían hecho nada para ganarse o merecer todo lo que habían recibido del Señor. Jesús les había dado gratuitamente la aceptación, el poder y la autoridad espiritual. Por lo tanto, Jesús les mandó "dar gratuitamente", compartir esos dones con otros con el mismo espíritu de generosidad (ver también Proverbios 11:24-25; Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6-8). Debían ayudar a los demás sin esperar pago ni recompensa, reflejando la forma en que ellos mismos habían recibido las bendiciones de Dios. Jesús animaba al servicio desinteresado, a la generosidad y a la humildad.

Los creyentes de hoy están llamados a servir a los demás gratuitamente, tal y como Jesús enseñó a Sus primeros doce discípulos. Esta idea no implica que los ministros cristianos no deban recibir nunca una compensación por su trabajo (ver Mateo 10:10; 1 Corintios 9:7-9, 14; 1 Timoteo 5:17-18). Más bien, nos llama a reconocer que todo lo que tenemos proviene del Señor —la riqueza material, los dones espirituales para el ministerio, el tiempo, la rica verdad del evangelio y la autoridad que tenemos en Cristo— y está destinado a ser compartido con los demás. No hemos hecho nada para ganarnos estas cosas. Todas ellas son dones misericordiosos del Padre, dados principalmente para que los utilicemos para promover Su reino. Reconocer que todo lo bueno proviene de Dios nos lleva a tener una actitud humilde en el ministerio y en la vida.

"De gracia recibieron, den de gracia" en Mateo 10:8 es un conmovedor recordatorio de que debemos dar a los demás con la misma generosidad con la que Dios nos ha dado a nosotros, estando siempre dispuestos a extender la gracia, el perdón, el amor y la verdad a los demás. La Palabra de Dios nos llama a compartir desinteresadamente, a ser humildes y a comprometernos a beneficiar a los demás sin esperar nada a cambio.

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