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Pregunta

¿Qué significa que incluso los demonios creen (Santiago 2:19)?

Respuesta


Santiago 2:19 dice: "Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan". Santiago está mostrando la diferencia entre el acuerdo mental y una genuina fe salvadora. Parece que la gente lo afirmaba, porque creían en el Dios de Moisés y podían recitar Deuteronomio 6:4, que dice: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es", estaban bien con Dios. Santiago rompe esa falsa esperanza comparando ese tipo de creencia con el conocimiento que tienen Satanás y sus demonios. Los secuaces de Satanás están más conscientes de la realidad de Dios que la mayoría de la gente, no obstante, los demonios no están bien con Dios. Los demonios "creen" algunas cosas que son verdaderas sobre Dios — saben que es real, poderoso, etc., pero su "teología correcta" no puede llamarse fe. No hay salvación para los demonios, aunque acepten la verdad de que hay un solo Dios.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre la creencia de los demonios y la fe necesaria para la salvación eterna? Afortunadamente, Santiago no nos deja con la duda. El resto del capítulo 2 continúa explicando que la fe sin un resultado piadoso es inútil (Santiago 2:20). El tipo de "fe" de los demonios hace que tengan miedo de su destino final. El tipo de fe que nos salva, nos da una humilde confianza en nuestra salvación, y nos cambia, produciendo acciones piadosas. Podemos entender mejor que la fe requiere acción a través de una ilustración:

Imagínate que estás al borde de un precipicio. Un estrecho puente colgante atraviesa el precipicio. Se hunde en el medio, se balancea ligeramente con el viento, y le faltan algunos tablones. Al lado tuyo en el borde está el arquitecto de ese puente. Es mundialmente conocido por sus diseños, y tiene los planos en su mano. Te pregunta si tienes fe en el puente. Tú respondes con entusiasmo, "¡Sí! Tengo fe en ti. Creo que ese puente aguantará mi peso". Pero la verdadera fe no permanece al borde del precipicio. Es sólo una esperanza. La fe es cuando sales al puente y empiezas a caminar por el abismo.

Lo mismo ocurre con la salvación. Los demonios saben más que nosotros sobre el asombroso poder de Dios. Vieron a Jesucristo venir a la tierra, vivir como un hombre y luego ser crucificado (Mateo 20:28). Temblaron de horror cuando el Hombre-Dios se levantó de entre los muertos y salió de la tumba (1 Corintios 15:3-8). Lo vieron ascender de nuevo al cielo, y saben que Jesús es el Hijo de Dios (ver Marcos 1:24). Los demonios creen que todo esto es cierto, aunque su condena es segura. El punto de vista de Santiago es que la mera aceptación de los hechos históricos y teológicos sobre Jesús no salvará a una persona. La fe salvadora da como resultado una nueva creación, que produce buenas obras.

No basta con creer en Dios o incluso creer que el Dios de la Biblia es el Único Dios verdadero. Esa creencia, sin un cambio en el corazón, hace que la teología de una persona sea comparable a la de los demonios. Desafortunadamente, muchas personas no se dan cuenta de que lo que llaman "fe" no es más que el mismo acuerdo mental que poseen los demonios. Quizás hicieron una oración, se bautizaron o fueron a la iglesia, aunque sus vidas nunca cambiaron de dirección. Nunca nacieron de nuevo (ver Juan 3:3).

La verdad es que no nos salvamos por la creencia en un credo; nos salvamos por la confianza en una persona. Y esa confianza en Jesús resultará en un amor por Dios, un amor por las personas, y un esfuerzo por la santidad en todo lo que hacemos (1 Pedro 1:8, 15, 22B23).

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