Pregunta
¿Cuáles son los dardos encendidos del maligno (Efesios 6:16)?
Respuesta
La Biblia nos enseña, como cristianos y miembros del cuerpo de Cristo, que estamos involucrados en una batalla espiritual contra un enemigo real: el diablo. En Efesios 6:10-17, el apóstol Pablo describe la armadura espiritual que Dios nos ha dado para usar en esta batalla, a fin de que podamos "estar firmes contra las insidias del diablo" (versículo 11). Pablo enumera varias piezas defensivas de la armadura diseñadas para protegernos, entre ellas "el escudo de la fe con el que [podremos] apagar todos los dardos encendidos del maligno" (Efesios 6:16).
Los dardos son un arma mortal utilizada en la guerra desde la antigüedad. Los dardos se lanzaban o proyectaban con fuerza hacia un objetivo, pero no eran autopropulsados. La palabra griega original (belē) utilizada en Efesios 6:16 podría traducirse como "flecha", "jabalina", "lanza" o "misil". Los dardos encendidos eran proyectiles afilados y perforantes que, en la época de Pablo, se mojaban en una sustancia inflamable y se prendían fuego antes de lanzarlos contra el enemigo (ver Salmos 120:4). Su propósito era causar destrucción y muerte a gran escala.
Los dardos encendidos del maligno en Efesios 6:16 representan todos los planes malvados que el diablo idea y luego lanza contra nosotros para debilitar y socavar nuestra fe. Decidido a derribarnos, Satanás carga su arco y su aljaba, siempre listo para atacar (1 Pedro 5:8-9). Dispara sus flechas ardientes o "dardos encendidos" contra nuestra mente y nuestro corazón (Romanos 7:22-23; 12:2; Efesios 4:23; Mateo 15:18-19).
La tentación de pecar es uno de los dardos encendidos más efectivos del diablo (Mateo 4:1; 1 Tesalonicenses 3:5; Santiago 1:14). Estos misiles pueden dispararse desde nuestra propia naturaleza pecaminosa (Efesios 2:1-3; Santiago 1:14), de otras personas (2 Pedro 2:18) y del mundo (1 Juan 2:16). Pueden salir disparados desde la lengua de otra persona o desde la nuestra, incendiándonos e inyectándonos suficiente veneno mortal como para contaminar todo nuestro cuerpo con una sola palabra (Santiago 3:3-10). Vienen en forma de mentiras (Juan 8:44; Apocalipsis 12:9), engaños (1 Timoteo 2:14; Apocalipsis 12:9) y actitudes pecaminosas y odiosas (Gálatas 5:19-20; Colosenses 3:5). Atacan desde nuestras dudas, miedos, heridas pasadas, decepciones, rebelión, egoísmo, culpa y vergüenza.
La frase "los dardos encendidos del maligno" sirve como metáfora de las batallas espirituales internas y externas a las que se enfrentan todos los cristianos. Afortunadamente, Dios nos ha dado una estrategia defensiva infalible contra los ataques del diablo. Pablo instruye a los creyentes a "tomar el escudo de la fe", el cual puede extinguir todas las bolas de fuego, proporcionando protección y fortaleza en nuestro caminar espiritual. Necesitan fe para apagar los proyectiles penetrantes del maligno; sin ese escudo, encenderán un fuego de desobediencia y pecado dentro de nosotros.
Nunca sabemos cuándo atacará el diablo, por lo que siempre debemos caminar por fe (2 Corintios 5:7; 1 Juan 5:4). No debemos dar al diablo punto de apoyo en nuestras vidas (Efesios 4:27), sino resistirlo (Santiago 4:7), estando constantemente atentos y conscientes de sus artimañas (2 Corintios 2:11) y manteniéndonos firmes en nuestra fe (Isaías 7:9; 1 Corintios 16:13; 2 Corintios 1:24).
Tomamos el escudo de la fe leyendo, estudiando, escuchando y manteniéndonos firmes en la Palabra de Dios (Romanos 10:17; 15:4; Efesios 6:17; 2 Timoteo 3:16-17). Podemos orar y pedirle a Dios que fortalezca nuestra fe (Efesios 6:18). Cuando ponemos nuestra fe en Cristo como Señor y Salvador, somos "hechos justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros. Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios" (Romanos 5:1-2, NTV).
Al poner toda nuestra confianza en el Señor, tenemos todo lo que necesitamos: "El camino de Dios es perfecto. Todas las promesas del Señor demuestran ser verdaderas. Él es escudo para todos los que buscan su protección" (2 Samuel 22:31, NTV). Los dardos encendidos del maligno no pueden penetrar al mismo Dios, quien "es escudo para los que en Él se refugian" (Proverbios 30:5).
El Señor es nuestra armadura protectora y fortaleza. Corremos hacia Él y estamos a salvo (Proverbios 18:10). A través de la fe, nos aferramos a las promesas de Dios y a Su poder en momentos de tentación, duda, debilidad, miedo y ataque espiritual. Por nuestra fe en Él, apagamos los dardos encendidos del maligno.
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¿Cuáles son los dardos encendidos del maligno (Efesios 6:16)?
