Pregunta
¿Qué es el evangelio de la gracia de Dios (Hechos 20:24)?
Respuesta
En Hechos 20:17-38, el apóstol Pablo, en su tercer viaje misionero, se apresura a regresar a Jerusalén, decidido a llegar a tiempo para la fiesta de Pentecostés. Plenamente consciente de que le esperan sufrimientos, peligros y encarcelamiento, Pablo busca una última oportunidad para animar a los creyentes de Éfeso. Por lo tanto, se detiene en Mileto, una ciudad costera en el suroeste de Asia Menor, e invita a los ancianos de la iglesia de Éfeso a reunirse con él allí. En su discurso de despedida, Pablo deja al descubierto el corazón de su ministerio y su mensaje: "Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24).
Para Pablo, nada más importaba que el evangelio de la gracia de Dios; todo lo demás carecía de valor y no tenía importancia para él (ver Filipenses 3:1-11). Tenía una sola prioridad: "contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios" (Hechos 20:24, NTV). La palabra inglesa gospel (euangelion en griego) significa "buena noticia" o "buen mensaje". Para Pablo y los primeros cristianos, no se trataba de una buena noticia cualquiera, sino del mensaje transformador de Jesucristo: Su muerte y resurrección para la salvación de la humanidad.
La gracia (charitos en griego) se refiere a la buena voluntad, el favor y la bondad de Dios que nos son otorgados gratuitamente, a pesar de nuestra indignidad. No podemos ganarnos ni alcanzar la gracia de Dios por nuestros propios méritos, esfuerzos o buenas obras; más bien, es un regalo de Él. Nuestro Padre celestial nos revela plenamente Su gracia a través del regalo de la salvación que viene al creer en Su Hijo, Jesucristo (Juan 3:16; Romanos 5:8, 15; 2 Corintios 5:18-19; Efesios 1:5-6; 2:8-9; Tito 2:11).
El evangelio de la gracia de Dios es el alegre anuncio de que Dios, por puro amor y bondad, ha provisto el camino para nuestra salvación a través de Jesucristo. Al poner nuestra fe en Jesús y en Su sacrificio expiatorio en la cruz, se nos concede la redención y el perdón completo de nuestros pecados (Hechos 13:38-39; Romanos 3:22-24; 5:1-2, 16-17; Efesios 2:4-5; 1 Pedro 1:10). El Dios de toda gracia ha cubierto nuestros pecados con la sangre de Jesús (Romanos 5:17; Hebreos 12:24; Efesios 2:13; Tito 3:5; Apocalipsis 1:5). Él nos da su extraordinaria gracia salvífica, y "no lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ese era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús" (2 Timoteo 1:9, NTV).
El evangelio de la gracia de Dios asegura a los creyentes que su posición ante Dios es segura para siempre porque se basa en lo que Cristo ha hecho, no en sus propios logros o fracasos: "Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos hizo justos a sus ojos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna" (Tito 3:4-7, NTV; ver también Romanos 3:21-26). Nuestra nueva identidad y nuestro futuro eterno se basan en la bondad, la misericordia y la gracia de Dios.
El evangelio de la gracia de Dios transforma nuestras vidas (2 Corintios 5:17), liberándonos de la culpa, la vergüenza y la carga imposible de ganarnos la aceptación de Dios (Romanos 5:1-2; 8:1-2; 2 Corintios 12:9; Tito 2:11-14; Hebreos 4:16). Nos permite recibir el amor de Dios en lo más profundo de nuestro corazón (Romanos 5:5; Efesios 3:17-19), vivir con gratitud (Efesios 5:20; 1 Tesalonicenses 1:2; 5:16-18) y a extender la gracia a los demás (2 Corintios 9:8; Colosenses 3:12-13).
El objetivo de Pablo, el propósito que impulsaba su vida, era dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Después de que el Señor se le apareciera en el camino a Damasco, Pablo pasó el resto de sus días compartiendo la esperanza de la salvación en Jesús. Nunca se rendía, sino que corría como un atleta olímpico, con la mirada fija en la meta y en el premio que le esperaba en el cielo (1 Corintios 9:24-27; 2 Corintios 4:7-5:10; Filipenses 3:13-14; 2 Timoteo 4:7-8). Las buenas nuevas de la gracia de Dios en Jesucristo son el himno de la fe cristiana. El evangelio sigue ofreciendo esperanza y transformación a todos los que lo escuchan y lo reciben.
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¿Qué es el evangelio de la gracia de Dios (Hechos 20:24)?
