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Pregunta

¿Qué son los espíritus malignos?

Respuesta


Los espíritus malignos se mencionan tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, pero con frecuencia reciben otros nombres como "espíritus inmundos" o "espíritus impuros", "espíritus engañadores" o "espíritus mentirosos", "espíritus demoníacos" y "demonios". En todos los casos, los espíritus malignos son seres malvados sobrenaturales. Los espíritus malignos operan en contra de Dios, aunque la Biblia también nos informa de que Dios en Su soberanía puede utilizar espíritus malignos para llevar a cabo Sus planes y propósitos, demostrando que Él es el Gobernante de todo el universo.

La Biblia no revela el origen de los espíritus malignos. Lo más probable es que sean ángeles que cayeron con Satanás (Mateo 25:41; Apocalipsis 12:7-9). Aunque los espíritus malignos existen como parte de la jerarquía del mal (Efesios 6:12) con Satanás como su líder (Mateo 12:24), son impotentes para apartarse por completo del gobierno de Dios.

La mayoría de los espíritus malignos mencionados en el Antiguo Testamento fueron enviados por Dios como castigo a los seres humanos desobedientes (1 Reyes 22:20-23). En Jueces 9:23, un espíritu maligno fue usado por Dios para juzgar a Abimelec y vengar el asesinato de los hijos de Gedeón. Dios no es el autor del mal, pero puede permitir que los poderes malignos, sujetos a Su control, produzcan ciertas consecuencias de acuerdo a Su plan.

El Señor envió un espíritu maligno para mostrar que había rechazado a Saúl como rey. El espíritu maligno hizo que Saúl experimentara ataques de rabia y desesperación: "El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte del Señor. Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta". (1 Samuel 16:14-15).

En el Nuevo Testamento, el término demonio se utiliza con frecuencia de manera similar con el espíritu maligno. Estas entidades malvadas contaminan y traen el mal a los seres humanos. Su intención puede ser causar daño físico, discapacidad y enfermedad en vez de corrupción moral.

Jesucristo expulsó los espíritus malignos de aquellos que estaban poseídos (Mateo 8:16; Marcos 5:1-13; 7:24-30) y dio a Sus discípulos el poder de hacer lo mismo en Su nombre (Mateo 10:1; Hechos 5:12-16; 8:4-8; 16:18). Los espíritus malignos saben quién es Jesús y que Él los juzgará y condenará en el futuro (Mateo 8:29; Marcos 1:24; 5:7).

En los últimos tiempos, muchas personas serán engañadas por los espíritus malignos y las falsas enseñanzas que transmiten (1 Timoteo 4:1). El libro del Apocalipsis habla de espíritus malignos engañosos que juegan un papel importante en los últimos días: "Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón" (Apocalipsis 16:13-16).

En Lucas 11:24-26, nos encontramos con un ejemplo de espíritus malignos que están asociados con el mal moral. Jesús cuenta una parábola para explicar que vencer a Satanás y expulsar a los espíritus malignos no es el objetivo final de la vida del cristiano. Los verdaderos discípulos deben hacer algo más que simplemente expulsar a los espíritus inmundos. Para evitar que el mal habite en nuestras casas espirituales, debemos llenar nuestras vidas con las cosas buenas de Dios y Su Reino.

Los espíritus malignos nunca deben ser considerados neutrales. Son parte de las fuerzas oscuras de Satanás, enemigos de Dios y de Su pueblo. Los espíritus malignos promueven la corrupción, la malicia y la depravación en el mundo y en las personas. Se oponen a la santidad, la bondad, la justicia, la luz y el amor de Dios. Como la antítesis del Espíritu Santo, los espíritus malignos representan lo opuesto al carácter, naturaleza y voluntad de Dios. Son enemigos de la obra de Dios y de Jesucristo, y los creyentes siempre deben resistirlos: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe" (1 Pedro 5:8-9; ver también Efesios 6:13; Santiago 4:7).

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