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Pregunta

¿Qué principios deben distinguir a una empresa cristiana?

Respuesta


¿Existen ciertas leyes, reglas o principios que distingan a una empresa secular de la cristiana? ¿Cuáles son las características que identifican a una empresa cristiana? ¿Existen normas bíblicas para administrar un negocio cristiano?

Si bien podemos nombrar muchos, hay tres principios bíblicos que se destacan y que definen a un negocio cristiano que merece ese nombre.

La primera es la integridad. La integridad significa vivir centrándose en Cristo. Se trata de hacer lo correcto en vez de lo que es conveniente. La organización con integridad tomará sus decisiones comerciales basadas en las normas y principios de Dios: justicia, verdad y honestidad. Es decir, existe coherencia entre lo que la organización dice y lo que practica. Nadie puede señalar con el dedo a una empresa como ésta y gritar de forma justificada: "¡Hipócrita!". Sócrates (469-399 a.C.) declaró: "La mejor manera de vivir con honor en este mundo es ser lo que pretendemos ser". Una empresa cristiana representa a la perfección la integridad. Esto significa que "somos lo que decimos ser".

La segunda es un compromiso por la excelencia. Pablo dijo: "Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres" (Tito 3:8). Para que una organización sea reconocida como ejemplar, cuyo objetivo es glorificar a Dios a través de su compromiso por la excelencia en su servicio y producto, siempre tiene que honrar a Dios y conocer bien su papel y misión en un mundo impío. Una organización de este tipo nunca olvida de que Dios la ha llamado a ser Su testigo en el mundo perdido en donde hace negocios.

Finalmente, una empresa cristiana debe tener un compromiso con sus empleados. Eso incluye la justa remuneración, el reconocimiento del buen desempeño y la oferta de oportunidades de crecimiento, tanto en lo profesional como en lo personal. Se ha comprobado que las organizaciones que reconocen las necesidades de sus empleados y les ofrecen oportunidades para satisfacer esas necesidades, sacan el máximo potencial de ellos. El apóstol Pablo habló indirectamente de las relaciones entre jefes y empleados. A los que trabajan para alguien más, Pablo les dio esta orden: "Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís" (Colosenses 3:22-24).

Y a los jefes, Pablo les dijo: "Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos" (Colosenses 4:1). Pablo da esta orden a los jefes porque, así como sus empleados les rinden cuentas, ellos también tienen que rendir cuentas a alguien: su Maestro en el cielo. Los empresarios no pueden pretender ser tratados justamente por Dios si no tratan a sus empleados con justicia. Lo que Pablo dice sobre la relación entre empleado y jefe se refiere a la mutua sumisión de los empleados a sus jefes y viceversa. Los empleados también deben tratar a sus jefes con respeto y "no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios" (Efesios 6:6).

En todo, tanto para los jefes como para los empleados, Jesús tiene que ser el modelo para los negocios cristianos, porque Él era conocido por ser un hombre íntegro, hasta entre sus enemigos (Mateo 22:16).

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