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Pregunta

¿Qué significa la frase "el amor es el cumplimiento de la ley en Romanos 13:8?

Respuesta


En Romanos 13, el apóstol Pablo está enseñando a los creyentes lo que significa vivir la vida cristiana con sacrificio. Primero, habla de vivir en sumisión a los que tienen autoridad. Luego, cambiando al tema de amar al prójimo, Pablo hace esta declaración: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley" (Romanos 13:8). Asimismo, en Gálatas 5:14, Pablo afirma: "Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

La ley de la que habla Pablo en estos versículos es la Ley de Moisés, que fue dada por Dios a Israel (Éxodo 20-40; Levítico 1-7; 23). La ley incluía los Diez Mandamientos y todos los preceptos morales, ceremoniales y civiles que regían la vida del pueblo de Israel en su relación de pacto con Dios. Pablo afirma que toda la ley se puede resumir en una sola palabra clave: amor. Los creyentes pueden cumplir todas las exigencias de la Ley Mosaica si aman a los demás. La única deuda legítima y la que los cristianos nunca podrán pagar completamente es la obligación permanente de amarse unos a otros: "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19).

Pablo ilustra la verdad de que el amor está en el centro de la ley. El mandamiento del amor - "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18)- está en el corazón de la ley de Cristo: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2; ver también 1 Corintios 9:20-21). Santiago describe el mandato de amar al prójimo como a uno mismo como la ley real: "Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis" (Santiago 2:8).

La ley siempre ha apuntado a Jesucristo: "Sin embargo, Cristo ya cumplió el propósito por el cual se entregó la ley. Como resultado, todos los que creen en él son hechos justos a los ojos de Dios" (Romanos 10:4 - NTV). La Ley de Moisés es algo que los seres humanos no podemos cumplir (Gálatas 3:10). No podemos cumplir las exigencias de la ley con nuestras propias fuerzas (Gálatas 3:24; Romanos 8:4; 10:4). Nuestro Salvador, el Señor Jesús, cumplió la ley perfectamente y proveyó Su justicia a cambio de nuestro pecado (ver Mateo 5:17).

Por fe creemos y aceptamos que Jesucristo llevó la maldición de la ley cuando murió en la cruz. Y por medio de Él recibimos el Espíritu Santo, que nos capacita para cumplir la ley divina del amor: "El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios" (Romanos 13:10). Ahora, en vez de preocuparnos por lo que nunca podremos hacer, es decir, cumplir la ley, somos libres para someternos al Espíritu y dejar que Él ame a través de nosotros.

Un día, cuando Jesús estaba enseñando a las multitudes, un fariseo le preguntó: "¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mateo 22:37-40). Ahora los cristianos cumplen todas las exigencias de la ley amando primero a Dios y luego a los demás.

Es imposible amar a Dios y no amar a las personas. El corazón de Dios, Su propia naturaleza, es amor. Si el Espíritu de Dios mora en nosotros, Su amor fluirá a través de nosotros hacia los demás (1 Juan 3:10, 14, 16; 4:2-20). Nuestro amor por Dios hará que veamos a las personas como Dios las ve y las amemos como Dios lo hace.

Finalmente, es fundamental entender lo que las Escrituras quieren decir con "amor" en estos versículos. El amor que cumple la ley es el amor agape. Este amor no depende de las emociones, sino que es un acto de la voluntad. Es un amor abnegado, deliberado y activo. Amar a alguien con el amor de Dios es buscar lo mejor para esa persona, es decir, obrar activamente para no dañar, sino para traer el bien a esa persona. Este amor no sólo se dirige a los creyentes, sino a todas las personas, incluso a nuestros enemigos. Independientemente de nuestra respuesta emocional hacia otra persona, el amor ágape obrará para el bien de la persona, sin importar el costo. Ese es el tipo de amor del que habla la Escritura cuando dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo. Esa clase de amor es el cumplimiento de la ley.

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