Pregunta
¿Qué significa que Cristo fue despreciado y desechado de los hombres (Isaías 53:3)?
Respuesta
El cuarto Cántico del Siervo de Isaías profetizó que Jesús, como Siervo sufriente del Señor, sería despreciado: "Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no lo estimamos" (Isaías 53:3).
Jesús fue despreciado en Su época por varias razones. Para empezar, era de Galilea, una zona de Israel a la que a menudo se menospreciaba (ver Juan 7:41, 52), y de la ciudad de Nazaret, de la que los israelitas solían preguntar: "¿Puede algo bueno salir de Nazaret?" (Juan 1:46). Provenía de una familia de escasos recursos (ver Lucas 2:22–24).
Jesús era despreciado en el sentido de que era odiado por los fariseos, los saduceos y otros miembros de la clase dirigente judía. Aunque Jesús demostraba continuamente que era el Mesías, los fariseos y los saduceos se negaban a creer en Él (Juan 12:37–43) y se oponían activamente a Él. Incluso intentaron matar o arrestar a Jesús en múltiples ocasiones durante Su ministerio terrenal (Mateo 12:14; 21:46; 26:3–4; Juan 8:59; 10:30–31). Como dijo Juan: "Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron" (Juan 1:10–11). Jesús, la Luz, vino al mundo, pero "todo el que hace lo malo odia la Luz, y no viene a la Luz para que sus acciones no sean expuestas" (Juan 3:20).
Los líderes judíos que rechazaban a Jesús recurrieron finalmente a las autoridades romanas, formulando acusaciones contra Él y exigiendo que fuera sometido a una muerte dolorosa y humillante (Mateo 27:22-25). Los soldados romanos, actuando con crueldad, lo trataron como a un delincuente común: se burlaron de Él, lo golpearon, lo escupieron y lo azotaron (Mateo 27:27-30; Juan 19:1). Como parte de su burla, lo vistieron con una túnica púrpura, le colocaron una corona de espinas en la cabeza y escenificaron un falso homenaje (Juan 19:2-3).
Jesús es la piedra angular de la obra que Dios está realizando en el mundo, pero para aquellos que no creyeron, él era "la piedra que desecharon los constructores" (1 Pedro 2:7; cf. Salmo 118:22 y Mateo 21:42). Israel rechazó a Jesús como su Mesías porque su figura no se ajustaba a las expectativas de un rey guerrero que los liberaría de la opresión política. Cuando Pilato ofreció liberar a Jesús después de azotarlo, el pueblo lo rechazó y clamó: "No a Este, sino a Barrabás" (Juan 18:40).
El "rechazo" de Cristo no se limitó a quienes no creían en Él. En ocasiones, Jesús contaba con numerosos seguidores, pero la mayoría se apartó de Él (Juan 6:66). Muchos otros no proclamaban públicamente su fe en Jesús y, por ello, permanecían como discípulos ocultos (Juan 3:1-2; 12:42-43; 19:38). Fue traicionado por uno de Sus colaboradores más cercanos (Lucas 22:21; Salmo 41:9). Incluso al final, cuando Jesús fue arrestado, todos Sus discípulos le abandonaron y huyeron para salvar sus vidas (Marcos 14:27, 50; cf. Zacarías 13:7; Salmo 38:10).
Hoy en día, muchas personas siguen rechazando a Jesús como su Salvador y rechazan Su oferta de vida eterna (Juan 3:16). Hay quienes continúan menospreciando el nombre de Jesús y tratan de desacreditar lo que Él ha hecho. Pero precisamente a través del rechazo que Él sufrió, Jesús proporcionó la salvación a quienes creen, y nosotros tratamos de seguir Sus pasos (Lucas 9:23; 1 Pedro 2:21). Nuestro Señor "para santificar al pueblo mediante Su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos a Su encuentro fuera del campamento, llevando Su oprobio" (Hebreos 13:12–13).
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¿Qué significa que Cristo fue despreciado y desechado de los hombres (Isaías 53:3)?
