Pregunta
¿Qué son las adopciones de copos de nieve? ¿Deberían los cristianos considerarlas?
Respuesta
La adopción de copos de nieve es la adopción de un embrión congelado que originalmente estaba destinado a la fertilización in vitro (FIV), pero que nunca se utilizó. El proceso consiste en descongelar cuidadosamente el embrión y luego implantarlo en el útero de una mujer, con el objetivo de lograr un embarazo completo. El término copos de nieve hace referencia al estado de congelación del embrión. También enfatiza la singularidad de cada ser humano, al igual que cada copo de nieve tiene un diseño individual.
Los cristianos deberían considerar la adopción de copos de nieve porque la Biblia enseña que la vida comienza en el momento de la concepción, concretamente cuando el esperma del hombre fecunda el óvulo de la mujer. Esto significa que los embriones son seres humanos. Para respaldar esta idea, David reconoció que Dios formó su cuerpo antes de que naciera, diciendo: "Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre" (Salmo 139:13). Además, Dios consideraba a David como una persona a pesar de que era un "embrión" (Salmo 139:16). La palabra hebrea golem, a menudo traducida como "sustancia", sugiere la etapa embrionaria del desarrollo, cuando las partes del cuerpo de una persona están menos definidas y son menos funcionales. Estos versículos revelan que los embriones son merecedores de la vida y, por lo tanto, de la adopción.
Comprender el proceso de la FIV revela la necesidad de la adopción de embriones. Las personas que optan por la FIV han tenido dificultades para concebir de forma natural. Por lo tanto, se someten a un proceso en el que los médicos extraen el esperma del hombre y los óvulos de la mujer, y fertilizan los óvulos en un laboratorio, normalmente en una placa de Petri. Una vez que los espermatozoides han fecundado con éxito los óvulos, los médicos transfieren uno o más embriones al útero de la mujer, con la esperanza de que los embriones continúen desarrollándose hasta el parto.
La mayoría de los especialistas en ética cristiana se oponen a la FIV porque el proceso incluye el uso de medicamentos para la fertilidad con el fin de crear múltiples embriones, la mayoría de los cuales serán destruidos. La razón por la que los médicos cultivan varios embriones a la vez es para poder seleccionar el más viable para su implantación. Tener varios embriones también proporciona opciones de respaldo si el primer intento no da como resultado un embarazo completo. Sin embargo, según la visión bíblica de la vida humana, el fin no justifica los medios.
Trágicamente, la mayoría de los embriones humanos creados en el proceso de fecundación in vitro no se implantan en una mujer y se destruyen como desechos biológicos. Los métodos de destrucción varían según el centro médico y las leyes locales, pero incluyen la esterilización obligatoria para detener el desarrollo embrionario y la incineración. Además, algunos embriones se destinan a la investigación con células madre, lo que implica procedimientos que también terminan en la destrucción de los embriones. Otro destino de los embriones no utilizados es la congelación indefinida sin un plan de uso futuro. Desafortunadamente, muchos de ellos no sobreviven al proceso de descongelación.
Lo que también es trágico es que algunos de los embriones que se transfieren a una mujer también se destruyen. Cuando se implantan con éxito varios embriones, como en el caso de gemelos o trillizos, los médicos suelen permitir que solo uno sobreviva. Esta práctica, denominada "reducción selectiva", tiene como objetivo mejorar las posibilidades de un embarazo exitoso y reducir el riesgo para la madre. Algunos defensores argumentan que la reducción selectiva es moralmente permisible, equiparándola a un aborto espontáneo. Sin embargo, la reducción selectiva pone fin intencionadamente a vidas humanas, mientras que el aborto espontáneo es el resultado de procesos naturales bajo la soberanía de Dios.
Algunos cristianos pueden estar preocupados por el hecho de que las adopciones de embriones congelados respalden el proceso de FIV. Sin embargo, las adopciones de embriones congelados no respaldan el proceso de FIV más de lo que la adopción convencional respalda las circunstancias en las que otros niños adoptados fueron concebidos o criados. Más bien, los padres que adoptan embriones que alguna vez estuvieron congelados brindan a un ser humano en riesgo de muerte la oportunidad de crecer en una familia amorosa y vivir una vida plena y significativa.
Además, algunos cristianos pueden rechazar la adopción de embriones simplemente porque un embrión se encuentra en una etapa temprana de desarrollo. Es cierto que los embriones carecen de partes del cuerpo completamente formadas, pero eso no disminuye su personalidad más que la de las personas que nacen con miembros malformados u órganos que no funcionan correctamente. Del mismo modo, aunque los embriones carecen de conciencia, siguen siendo seres humanos, al igual que las personas que están dormidas o en estado de coma.
Una alternativa a la FIV es la inseminación intrauterina (IUI - por sus siglas en inglés), que evita la creación de embriones adicionales que serán destruidos. En este procedimiento, se inyecta el esperma del hombre en el útero de la mujer durante la ovulación. Si la implantación no tiene éxito en la IUI, los procesos naturales toman el control y no hay una "reducción selectiva" como en la FIV. Desafortunadamente, la probabilidad de lograr un embarazo mediante la IUI es menor que con la FIV. Sin embargo, algunas parejas eligen la IUI para evitar las preocupaciones éticas de la FIV.
Dios valora toda vida humana, sin importar la etapa de desarrollo o la forma de concepción. Las adopciones de embriones dan a los futuros padres la oportunidad de rescatar a seres humanos embrionarios de destinos letales o inciertos.
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