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Pregunta

¿Qué significa "aquellos días" en Mateo 24:19?

Respuesta


Mateo 24 forma parte del Discurso del Monte de los Olivos, una sección profética de las Escrituras en la que Jesús ofrece una visión general de los acontecimientos futuros relacionados con Israel. En el discurso, Jesús responde a tres preguntas que los discípulos acababan de plantearle en Mateo 24:3: ¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de Tu venida y de la consumación de este siglo? "Aquellos días" a los que se refiere Jesús en los versículos 19, 22 y 29 se refieren a la tribulación de siete años del fin de los tiempos, concretamente a la segunda mitad de ese período, a menudo llamada la "Gran Tribulación" según Mateo 24:21.

La primera mención que hace Jesús de "aquellos días" aparece en Mateo 24:19. Este es el contexto de esa declaración:

Por tanto, cuando ustedes vean la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo, y el que lea que entienda, entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no baje a sacar las cosas de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Oren para que la huida de ustedes no suceda en invierno, ni en día de reposo. Porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. (Mateo 24:15–24)

En el contexto del discurso del Monte de los Olivos, Jesús esboza una cronología aproximada de los acontecimientos que preceden y siguen a "aquellos días":

Antes de aquellos días

En los días previos a "aquellos días", o la Gran Tribulación, muchos falsos mesías "engañarán a muchos" (Mateo 24:5). Habrá "guerras y rumores de guerras" (Mateo 24:6) y "en diferentes lugares habrá hambre y terremotos" (Mateo 24:7). Los seguidores de Cristo se enfrentarán a una persecución mortal, muchos se apartarán de la fe y aumentará la maldad. Trágicamente, "el amor de muchos se enfriará" (Mateo 24:12).

A juzgar por algunos de los acontecimientos que ocurrirán durante la Gran Tribulación, el templo de Jerusalén también deberá ser reconstruido en el tiempo previo a "aquellos días".

Durante aquellos días

Jesús señala un acontecimiento singular que marcará el inicio de la Gran Tribulación: "La abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo" (Mateo 24:15). El profeta Daniel habló de esta abominación desoladora en tres ocasiones (Daniel 9:27; 11:31; 12:11). La NTV la describe como "un objeto sacrílego que causa profanación".

La persona que provoca esta profanación es el Anticristo, quien consolidará su poder político a mitad del período de la tribulación. Daniel dice que "de su parte se levantarán tropas, profanarán el santuario fortaleza, pondrán fin al sacrificio perpetuo" (Daniel 11:31). Juan predice la duración del reinado del Anticristo, diciendo que "[hablará] palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses" (Apocalipsis 13:5). Pablo lo llama "el hombre de pecado" y profetiza que "se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios" (2 Tesalonicenses 2:4).

Bajo el gobierno dictatorial del Anticristo, "aquellos días" incluirán una intensa persecución de los judíos. Por eso Jesús dice que, cuando comiencen esos tiempos, cualquiera que esté en Judea debe "huir a los montes" (Mateo 24:16). El Anticristo también exigirá ser adorado y tratará de matar a cualquiera que se niegue a seguirlo (Apocalipsis 13).

A lo largo de los siete años de la tribulación, Dios envía Su juicio sobre el mundo rebelde. Los capítulos 6 a 16 del Apocalipsis detallan las plagas que caerán sobre los impíos. Jesús resumió la segunda mitad de la tribulación como un tiempo de "una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría" (Mateo 24:21–22). "Aquellos días" serán terriblemente extremos (véanse los juicios de las copas de Apocalipsis 16).

Después de aquellos días

Jesús dijo: "Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre" (Mateo 24:29–30; cf. Isaías 13:10; 34:4). Esto describe el fin de la tribulación. Aparecerán señales celestiales, y el mismo Cristo regresará a la tierra. Juan describe además la escena:

Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. El que lo montaba se llama Fiel y Verdadero. Con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son una llama de fuego, y sobre Su cabeza hay muchas diademas. Tiene un nombre escrito que nadie conoce sino Él. Está vestido de un manto empapado en sangre, y Su nombre es: El Verbo de Dios. Los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, lo seguían sobre caballos blancos. De Su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso. (Apocalipsis 19:11–15; cf. Salmo 2:9)

Cuando Jesús regrese, se establecerá como rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (ver Lucas 1:32–33). Separará a los justos de los injustos (Mateo 25:31–46) y gobernará la tierra en paz y justicia durante mil años (ver Isaías 35; Ezequiel 36; Apocalipsis 20:1–6). Durante el reinado milenario de Cristo, se cumplirán los pactos con Abraham, con David y de la Tierra, a medida que Israel sea reunido de entre las naciones (Mateo 24:31), se convierta (Zacarías 12:10–14) y sea restaurado a su tierra.

"Aquellos días" de Mateo 24:19 —esos terribles días de juicio y destrucción— serán seguidos por un tiempo de obediencia (Jeremías 31:33), santidad (Isaías 35:8), verdad (Isaías 65:16) y el conocimiento de Dios (Isaías 11:9; Habacuc 2:14). Dios restaurará a Su pueblo, y Su plan para ellos es de prosperidad y esperanza (ver Jeremías 29:11).

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