Pregunta

¿Qué es la vanidad de la mente (Efesios 4:17)?

Respuesta
En Efesios 4:17, Pablo exhorta a los creyentes a que "ya no anden así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente". La palabra griega traducida como "vanidad" es mataiotēti, que también aparece en Romanos 8:20 y 2 Pedro 2:18. En cada caso, mataiotēti se refiere a "vanidad" o "vacío". Una mente vana y vacía es aquella que está cerrada al conocimiento de Dios en Jesucristo.

La frase "vanidad de su mente" (Efesios 4:17) denota tanto vacío como falta de propósito en el conocimiento y el entendimiento. Las personas con mentes vanas se sumergen en afanes mundanos que no conducen a la vida eterna. En Romanos 1:21, Pablo describe a aquellos que "se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido". Esta vanidad proviene del rechazo persistente de la revelación de Dios en Cristo. La mente natural sin Dios está impulsada por deseos mundanos y ambiciones vacías. Carece del fundamento en la verdad de Dios que conduce a la plenitud espiritual (Juan 10:10, 15:5).

La advertencia de Pablo contra la "vanidad de la mente" (Efesios 4:17) es más que una crítica a los incrédulos. Es también un llamado a los creyentes a mantener sus mentes y corazones en Cristo (Colosenses 3:1–2). Para permanecer centrados en Cristo, Pablo nos anima a "[despojarnos] del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos". En su lugar, los creyentes deben ser "renovados en el espíritu de su mente, y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:22–24).

La idea de ser "renovados en el espíritu de su mente" se corresponde con Romanos 12:2. Pablo escribe: "Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto". Sin una mente renovada, los creyentes pueden caer en la trampa del pensamiento vano y dejarse llevar por los intereses del mundo y no por los intereses de Dios.

Proverbios 3:5–6 también ofrece una perspectiva espiritual sobre cómo evitar la "vanidad de la mente". Salomón escribe: "Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas". Cuando confiamos en nuestro propio entendimiento, nos colocamos a nosotros mismos en el centro de nuestras vidas. Esta es la definición bíblica del pecado. La sumisión a Dios es, por tanto, el antídoto contra el pensamiento vano, ya que reconoce nuestras limitaciones y allana el camino para que Dios nos guíe.

La iglesia es otro recurso para combatir la "vanidad de la mente". Tras una breve discusión sobre las falsas enseñanzas (Efesios 4:14), Pablo escribe: "Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor" (Efesios 4:15–16). A través del amor mutuo, el ánimo y el apoyo, los creyentes pueden contrarrestar la vanidad de la mente.

Aparte de Cristo, nuestras mentes estarían preocupadas por las cosas del mundo. En Cristo, sin embargo, nuestras mentes han sido "[creadas] en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:24). Al mantener nuestras mentes fijas en Cristo, podemos vivir con sentido, propósito y plenitud, sabiendo que nuestras buenas obras no son en vano.

Una mente renovada es también una expresión de nuestro amor por Dios. Como dijo Jesús: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22:37).